El sendero a la quinta dimensión

(Relato de ficción)


Los mejores momentos se esfumaron sin saber que eran los mejores, ahora solo queda resistir y buscar la forma de levantarse. Después de un golpe como el recibido, quedarse postrado es una fuerte tentación. 

Son tiempos turbulentos en el interior y tanto o más en el mundo exterior. No se ven claro los cambios, aunque estamos consientes que estamos en una época de transición. En medio del torbellino no se puede ver la salida, en la medida que el tiempo vuela y giramos a 120 r.p.m. 

El mundo está patas arriba y el desorden responde a un caos que tiene que ver más con las acciones de los humanos, pero también hay intervención de la madre naturaleza y en mucho como respuesta. 

Amenazas de guerras mundiales, revueltas, desastres naturales no tan naturales, hambre en medio de la abundancia, crisis mundial, todo se detiene y todo avanza en círculos, pero nada cambia, sigue el espíritu humano cantando y bailando idioteces mientras camina a la destrucción. 

Desde su rincón favorito, meditaba y ejercitaba su mente para el encuentro con su otro yo, un hábito aprendido desde los golpes de la vida, así fue buscando una ruta a una nueva dimensión, cuando el río de la vida lo arrastró hasta aquel rincón del mundo en el que ya no le quedaba ni el aliento para levantarse, no pudo más que tirarse sobre el pasto y ver el sol ponerse en los cerros, las nubes se pintaron de unos colores extraordinariamente alegres.  

Ahí frente a la alegría de la vida pensó que no todo estaba perdido. Un chispazo de pensamiento le indicó que debía de conectarse con las energías de los ancestros, recorrer el camino blanco desandando los pasos perdidos y volver en la búsqueda de la puerta a un nuevo mundo, en el que la armonía del cosmos juega en simetría con el universo interior de cada uno, en donde las energías están en equilibrio. 

En la cuarta hora de un 13 toj del calendario maya, realizó una ceremonia. En el silencio de la madrugada, se escucha mejor la voz interior. Una extraña fuerza fue inyectándose en su cuerpo y descubrió un nuevo ojo con el que se vio a si mismo y al mundo de una manera diferente, en otra parte, aunque su conciencia le decía que estaba en este mundo, veía su cuerpo en un lugar etéreo, se sintió liviano y la tranquilidad de la inconciencia y luego terminó de desconectarse de este mundo. 

Y ahí en la quinta dimensión, a medio camino entre el universo visible y la materia oscura, pudo ver un nuevo sendero, pero ya no con sus dos ojos, era un tercero el que le conectaba a ese nuevo mundo, que había estado siempre ahí tan lejos y tan cerca.




De que callada manera se aleja aquella época.




El tiempo pasa y ya lejos quedan esos años en los que Pablo y Silvio pusieron palabra y voz al enorme silencio que rodeaba nuestras vidas latinoamericanas y con su música hacían que por ratos espantáramos el ruido de la muerte. 

Al enterarme por la mañana que Pablo ha fallecido, me vienen a la memoria muchas de sus canciones y con ellas lugares y momentos de una época que poco a poco se va haciendo lejana.

Aprendí de niño a amar su música, escuchándola como un susurro, a apreciar su voz, descifrar sus versos y deleitarme con sus notas a un bajo volumen, acercando el oído al pequeño radio en el que mi padre sintonizaba las transmisiones de las radios guerrilleras, porque en mi país hasta escuchar sus canciones podía ser una condena a muerte. 

Mas tarde,  cuando ya se podía escuchar su música y ya tenía una radio grabadora, llegaron a mis manos casetes que contenían esas perlas de música y para encontrar la canción preferida llevaba su trabajo, eran tiempos de escasez material pero la música hacía saltar abismos y ponernos en el rumbo de los sueños. 

Con todos los cambios que trajo el mundo y lo que ha quedado ya en la historia, yo me quedo con esas pequeñas cosas que han llenado de ternura nuestras vidas, con las notas del piano danzando con los versos, abrazando las palabras, acompañando la voz del poeta. 

Y a veces, en este recorrido de la vida, a veces me pregunto dónde estarán los amigos de ayer y aunque haga un balance de cuánto de niño pedí y cuánto de grande logré, me niego a seguir el credo de su canción porque si alguna vez me he sentido derrotado, nunca renuncié a ver el sol cada mañana y eso me trajo hasta aquí, a medio camino entre lo que fui, lo quise y lo que quiero llegar a ser.

Aunque el tiempo el implacable siempre una huella triste nos dejó, la vida sigue y la música auténtica es eterna y la Nueva Trova seguirá siendo nueva. 

Ahora te puedo decir querido Pablo que en el breve espacio que no estás, tus melodías alegres, pero también las nostálgicas continuarán iluminando los ratos oscuros de la vida porque ahora que otros ruidos ensordecen nuestro camino sin retorno, es difícil encontrar una banda musical que esté a la altura de nuestra necesidad espiritual. 

Y con el corazón tendido al sol le decimos adiós a Pablo, pero no a su música que, a falta de una nueva banda sonora, nos sirve arroparnos con esas canciones de antes que siguen tan presentes por necesidad y por su indomable espíritu que las hace eternas.

Tinto de verano en otoño

 


Al otro lado de la barra una sonrisa jugaba con su boca y un par de ojos danzaban chispeando luces de estrellas. Yo no pude continuar el paneo aficionado, costumbre inútil de mi frustrado sueño de cineasta y tuve que hacer un encuadre fijo mientras mi mano iba del mostrador a mi boca en un sube y baja de regular ritmo y el vaso se vaciaba en cada subida. Cuando tuve que cambiar de ángulo para disimular que oía a mi amiga. Mi nublado cerebro se vació; con esfuerzo hice la maniobra de simular atención al diálogo y me volví de nuevo hacia aquellos ojos volcanes que en esos momentos seguían moviéndose como gatos juguetones. Estábamos en un bar de la Latina en un día domingo cuando los gomosos o resacosos acuden a mojar sus resecos paladares. En uno de esos Bares, hace 8 años Bill Clinton entro también a beber vermut en este mismo lugar.

Yo bebía un vermut última conquista de mi paladar gracias a la recomendación experta de mi amiga. Era un bar vasco y las boquitas o tapas como las llaman acá se esparcían en variedad por encima del mostrador al alcance de las manos inquietas de cumplir con el mandato de la neurona que manda la señal desde el cerebro.  Al acabar mi trago me dijeron que nos fuéramos, yo quise beber mi última copa deseando que aquel par de luceros alumbraran hacia mí. Pedí otro vermut esperando también que apareciera en mis labios las sonrisas que produce esta bebida, según el cubano novio de mi amiga, a esta bebida se le conocía como coctel de sonrisas.

Al salir de aquel bar nos separamos, yo empecé a caminar por La Gran Vía y después de un rato decidí entrar a un museo del jamón.  Ordené un tinto de verano y una tapa de aceitunas Parado junto a la barra o mostrador, pensaba o luchaba con mis demonios interiores. Yo no podía terminar de controlarme, era al revés, mi demonio me dominaba y eso después de una larga disciplina de autocontrol y de utilizar mas el cerebro que mi corazón y emociones. El museo estaba lleno, el vocerío subía hasta las grandes piezas de jamón entero que había colgados de todas partes. El camarero se movía en la atención de los clientes con una destreza de bailarín en tarima pequeña y en medio de un gran elenco. La coreografía incluía sus compañeros de danza y a centímetros el público sediento o hambriento. 

Hace ya dos horas que había salido del museo, del otro. El Prado era gratis los domingos y las multitudes se movían en oleadas por las salas buscando las pinturas más famosas. Otros como borregos tras el pastor seguían a alguien generalmente alguien veterano y con cara que hacía juego con el museo. Viendo las piernas colgantes hice una elipsis a las figuras del Bosco. Eso me hizo pensar que estaba más borracho de lo que realmente estaba. Las visiones pasaron a la edad media europea y luego o casi simultáneamente por el periodo clásico maya. Que juegos puede hacer la mente al correr de una banda al otro en la enorme cancha del tiempo, mucho más grande que la del espacio. 

Cada vez estaba mas apretado ahí junto al mostrador. Habían llegado otros clientes y se apiñaron como pudieron, también junto a la barra. Yo saboreaba mi tinto para que nunca se acabara. En el bolsillo derecho, como acostumbro después de una de tantas veces que vote un billete, ubicado en el mismo bolsillo que las monedas. Ahora aparte y mas bien solas las monedas porque eran las única que andaba. Estas no alcanzaban más que para dos tintos más. 

Terminando el penúltimo sorbo de mi trago. El vecino de al lado siguió con so monólogo… pero en momentos paso a casi dialogo por su intención, pero la interlocutora apenas si correspondió con un par de palabras. El se disculpaba y seguía disculpándose. Había empujado sin querer a se cuerpo flacucho, imitación de las maniquíes de Cibeles. Por ratos ponía atención a su perorata…había algo interesante en su locura. Acá entre tanto normal, la locura es identificable, y sobre todo relacionado con quienes no hablan del modelo de móvil o de las canciones en las últimas de mp3 que has bajado o de la visita a ese gran almacén que empieza con f.   

¿No tienes fuego? ¿No te molesta que fume? Esas fueron sus preguntas y de repente estábamos en El Salvador. 



Una de mis noches en Antigua Guatemala




Es de noche en Antigua, la lluvia cae desde hace ratos, mi café está a la mitad, es la segunda tasa y se está enfriando. 

Después de comer mi emparedado con una pequeña y deliciosa ensalada, me pongo a escribir. Como no encuentro luego las ideas para mis historias, escribo lo que se me viene en  el momento, sobre lo que tengo a mi alrededor, es como que decidiera dibujar los árboles que están en el parque, que es lo que miro por la ventana de enfrente. Pero hay algo más complicado, algo que “sí tiene conflicto”, como requieren las reglas de la dramaturgia. 

Estoy huyendo del sistema y necesito esta semana resolver tres pagos que no esperan. Sobre todo uno: el que me podría salvar de visitar los infiernos. En este momento estoy acorralado, soy un toro rodeado que ve de repente un agujero entre los sitiadores, que podría ser la salida; o un pequeño ratón que ve a último momento una hendidura en la pared. 

Nací en la encrucijada entre la vida y la muerte, quizá por eso desde pequeño aprendí a sortear las vicisitudes en el límite, a saber encontrar la última raíz en el borde del precipicio.

De nuevo una pausa de silencio, pensar en quehacer, bloquea el pensamiento para escribir sobre lo que está sucediendo. Pensar en la estrategia...o mejor dicho en las acciones, porque ya no hay tiempo de estrategia, es momento de salidas audaces. Estoy esperando la llamada con la última información... pero la reunión sigue. No solo me interesa por los detalles de posibles avances, ojalá que no retrocesos, sino también porque necesito coordinar reunión de mañana, que puede ser clave para obtener el pago mas estratégico de esta semana.

El bosque me abraza y no puedo salir de sus brazos de savia y clorofila.

La ciudad alegre durante la noche, joven en medio de la antigüedad, llena de diálogos.  Camino como fantasma entre las multitudes, mis pasos meditabundos marcan el ritmo de mis pensamientos.  Disfruto a mi manera los encantos de las calles empedradas y edificios derruidos, de luz a media tinta.

La lluvia cesó, espero un rato más, están por cerrar el restaurante, mientras  leo un par de lineas del libro electrónico. Me levanto y salgo a paso pausado. Las aceras estrechas y los grupos de turistas que encuentro limitan los pasos. Mas adelante le hice estorbo a un bolo y me dio una nalgada. Sentí un calor subir a mi cuerpo y agria la nalgada, corté rápido la reacción, antes que me metiera en problemas. Comprendí la impotencia de muchas mujeres. 

Al llegar a mi habitación, leí una hora en la cama. Luego dejé la lectura, apagué la luz y pensando en que nuevas amenazas o nuevas soluciones traería el siguiente día. Me quedé dormido…






Réquiem para mi madre



Y si… mi mamá murió y llegó el día que siempre alejábamos de nuestros pensamientos.

Y se cayó el invicto en la familia, después de tener a los viejos con nosotros todo este tiempo, siempre queríamos más. 

Siempre es difícil. A sus 76 años, logramos compartir tantos buenos momentos y otros no tan buenos pero que al final el cerebro los procesa y se vuelven anécdotas interesantes de momentos difíciles. Nos queda el hubiera…darle más momentos buenos, más alegrías y menos penas, mas recursos para tratar sus enfermedades y un etcétera para su felicidad. 

El dolor paraliza al inicio, pero luego que se procesa da la oportunidad de meditar y crear. Cuesta tanto aceptar que ya no se tiene físicamente y seguimos viviendo como si estuviera ahí esperándonos para cenar o simplemente para platicar. A veces la veo al levantarme en una visión fugaz, otras veces tarda más tiempo cuando estoy entre dormido y despierto, y en más de una noche he soñado que acaricia mi cabello, mientras estoy en su regazo como cuando pequeño me refugiaba de los relámpagos en medio de una gran tormenta. Pero, como entonces, al día siguiente el sol brilla de nuevo y la vida sigue para los que quedamos, aunque el vacío no se llena con las lágrimas y los suspiros, al menos lavamos nuestro pesar y damos un tributo a nuestro ser querido, manteniéndola viva en el altar de los recuerdos. 

Los días se van rápido arrastrando el dolor y a pesar de él. Cada despertar es una lucha para ganarle al peso de la pena que como fuerza de gravedad nos dificulta levantarnos y mantiene también a ras de suelo el espíritu, pero la cotidianidad se impone y ahí vamos de nuevo con nuestras vidas en el camino implacable del tiempo. 

Con el pensamiento navegando por las imágenes de lo vivido, en un carrusel de instantáneas, me consuelo en un diálogo con el niño que fui para valorar el tiempo que la vida me dio y que me permitió consagrar algunos pasos de los sueños de entonces para compartirlos con ella. 

Por ratos se presiente su regreso como si nada más fue a la tienda a comprar algunas cosas que le faltaban para el almuerzo o cuando alguna vez al año visitaba a su familia en Metapán, o cuando había ido a cuidar a algún enfermo, acompañando en largas vigilias los últimos momentos de los seres queridos cuando agonizaban con ese espíritu solidario forjado en esa tradición muy campesina y cristiana de visitar a los enfermos.

Seguiremos cultivando las ganas de vivir como ella lo hizo hasta el último momento, con la ternura con la que cuidaba las flores de su jardín, entregando al amor y a la vida la ternura y la alegría a pesar del dolor.


MINDFULNESS PARA PRINCIPIANTES EN TIEMPOS DE CRISIS


Eran días difíciles. El mundo cambió en un par de meses como nadie lo había sospechado; bueno tal vez Bil Gates o Los Simpsons. La amenaza se acercó con rapidez a todos en todo el mundo, amenazando las vidas de todos y ante la duda se genera el miedo, ante la posibilidad ser contagiado y tener una debilidad en tu cuerpo y como en la ruleta rusa no saber si saldrá o no el disparo mortal. 

De repente el mundo se detuvo y en siglos los animales tuvieron un poco de paz y el planeta tuvo un respiro. Fue surrealista ver imágenes de los centros de las mas grandes ciudades del mundo vacías; ver aeropuertos con los aviones en tierra.

Los cambios en la vida cotidiana fueron drásticos, desde los encierros a la dificultosa tarea de salir cuando se podía. No se podía tocar la cara y se usaba una mascarilla para salir donde había más personas, con la que tenías que guardar una distancia de al menos metro y medio, para evitar el contagio del virus. Era difícil soportar la picazón en la cara, bajo el sol quemante en las larguísimas colas para entrar a los bancos. Como que cuando sabes que no debes de hacerlo, hay un impulso interior que te lleva a lo contrario. 

Eso exactamente usaba para la meditación diciéndome no pienses en el éxito, como lo resume desde el título el libro de comunicación política: No pienses en elefantes de un destacado lingüista que ha estudiado como configura el lenguaje el pensamiento pero en cuanto a las sociedades. 

Decidí usar mis pocos conocimientos y prácticas de “mindfulness” o “concentración plena” para sobre llevar la rutina diaria con todas sus pequeñas y riesgosas dificultades, como ir de compras cuando puedes salir y las 24 horas en casa durante 7 días. 

De cómo configuramos nuestros marcos de pensamiento por medio del lenguaje depende mucho de lo que ocurre en nuestras vidas. Eso que parece sacado de las recetas de vida que tanto he detestado de best sellers de cómo alcanzar el éxito, ahora me hace sentido y no lo he sacado de esos libros. No quiero despotricar sobre ellos, porque no los he leído, pero si de otros que abordan desde distintos enfoques y áreas del conocimiento el poder de la mente. 

Sí, eran tiempos muy difíciles. El mundo ya no sería el mismo y la vieja normalidad quedó atrás, venía una nueva normalidad…pero mientras tanto, la muerte andaba rondando y empezaba a llevarse conocidos. No se puede ser indiferente ante tanto dolor humano que esta pandemia vino a provocar. La miseria que ya vivía mucha de nuestra gente se vino a agravar y como toda crisis saca lo peor y lo mejor de las personas, hemos podido ver aflorar en el mundo la demencia y la peor maldad de los liderazgos…¡qué estaremos pagando con tanto demente dirigiendo países!, los populistas que se creen mesías están de nuevo de moda, seduciendo a las masas con su grandilocuencia vacía. 

Aún con todo ese panorama, mis conocimientos, aunque limitados, fueron de gran ayuda. Mi contacto con la meditación viene de hace unos años. Empecé de manera instintiva en mi adolescencia y luego encontré la cosmovisión maya y el uso las energías del día. De nuevo me ha tocado poner prueba el poder de la mente. La primera vez fue cuando salí huyendo del quirófano para evitar una operación en la columna vertebral. Con mi mente y ejercicios que encontré de un fisioterapista español, superé lo que para el neurocirujano solo era posible metiendo el bisturí, metiendo el cuchillo para decirlo con nuestras palabras.

Como decía, el ejercicio de la meditación lo empecé de manera empírica desde niño, después en la honda del new age, en la década de los 90 en el siglo pasado, momentos en los que también me adentré en las enseñanzas de los abuelos mayas con una meditación a la energía del día. Pero realmente practicar la meditación con disciplina ha sido reciente, bueno es mucho decir con disciplina, pero digamos con cierta regularidad. 

Cada mañana hago apenas 10 minutos de meditación, no es suficiente, pero es de gran ayuda. Noah Harari el autor de Homo Sapiens hace media hora en la mañana y media hora en la noche, Eslon Musk hace todas las mañanas y el cineasta David Linch es un entusiasta promotor de esta práctica. 

Así que en tiempos de cuarentena y luego con la reapertura económica, los limitados conocimientos y prácticas de mindfulness han servido para sobrellevar las inclemencias de un momento que parece a lo que esperamos podría pasar en el 2012.