ORA PRO NOBIS


Marcela encendió la velita sobre el pastel. Al otro lado de la mesa, Henri con la niña en su brazo derecho observó la llama levantarse, unos segundos después una leve ráfaga de viento  entró por la ventana y casi la apaga. A su lado estaban cuatro niños que no pasaban de los siete años, quienes cantaron el cumpleaños feliz haciendo palmas. Al terminar hubo un instante de silencio hasta que la mamá de la niña dijo: "vamos, Henri, convencé a la bebé que la apague". Él reaccionó como despertando de un mal sueño y le dijo a su hija "soplemos la candela, Sofi", la acercó al pastel y juntos la soplaron hasta apagarla.

 

En el pequeño patio de la casa estaba guindada la piñata. Aunque la bebé aún no tenía la edad para romperla con un palo, Henri le había comprado una pequeña para que los primos se divirtieran, mientras ella disfrutaba su biberón. Los niños se disponían a darle garrotazos y caerle a los dulces, al tiempo que  Marcela se dirigía al enorme equipo de sonido para poner música infantil. Sus ojos buscaban constantemente los de su esposo; la mirada lejana de él le espantaba la sonrisa.

 

Henri no pudo apartar de su recuerdo la imagen del niño agonizando ni aquellas palabras que clamaban: papá, no quiero morir.

Desde que vio la llama de la diminuta vela encendida sobre el pastel, Henri no pudo apartar de su recuerdo la imagen del niño agonizando ni aquellas palabras que clamaban: papá, no quiero morir. Había acallado su conciencia hacía mucho tiempo y ahora su voz había vuelto. Desde que nació su niña, algo se había dislocado en su interior; una fractura silenciosa que no sabía si habitaba en su cerebro o en su corazón.

 

Al terminar la fiesta y quedar los tres solos, Marcela le preguntó qué le pasaba. "¿Por qué decís eso, Marce?", le respondió. "Parecía que  el cumpleaños de la niña no te alegraba", le reprochó ella con una mueca de amargura levemente dibujada en su rostro. "La neta, estoy por dejar la pandilla…". Las palabras se le escaparon en ráfaga pero a la mitad paró en seco y dejó incompleta la respuesta. "Al fin…tanto que te he venido diciendo que lo hicieras". "Qué, ¿ya no te alegra?", le gritó él y se tocó la pulsera en su muñeca izquierda. "Vos mismo me dijiste que era imposible, que nos matarían a todos". Henri se paró frente a la ventana y después de un rato dijo: "Voy a pedirle una mirin a los mandamases de la ranfla para que me den el pase". Tocaron a la puerta. Era el posta con un mensaje: viene la jura y no va de paso, andan tras algo. Henri fue a la cuna a ver su niña dormida y salió de la casa a pasos apurados. A unos cincuenta metros estaba el callejón de la colonia La Realidad, se adentró para perderse en la zona donde los homis lo protegerían.

 

Amparo del Carmen le daba con el pie derecho al pedal de su máquina de coser y sus manos

temblorosas  movían la tela en una danza de la muerte con la aguja al ritmo que ella le marcaba. Los años ya le pesan, tendría ya varios doctorados dándole a la máquina, tanto por el tiempo como por su maestría cosiendo la ropa. Antes tenía más clientes, hoy la ropa la compran en los almacenes o en los USAdos y apenas iba sacando para sobrevivir en un oficio en el que  se jubilaría, si no fuera porque no faltaba mucho para que hasta el último cliente la despida. Escuchó tocar a la puerta, eran golpes apurados. Al abrir vio a Marcela chineando a la niña con la cara pálida y los ojos vidriosos. Al cerrar se oyeron unos disparos. "¿Qué pasa?", preguntó, tomando a su nieta, que despertó en ese momento queriendo llorar. "Son los policías y los soldados que andan tras los bichos". "No me digas que Henri está en eso". "Se fue. No quiere que lo metan preso otra vez, y más ahora que ya se decidió a dejar la pandilla". "Al fin Dios escuchó mis oraciones, tanto tiempo que le he venido pidiendo a la Virgen, que lo sacara de esta vida", dijo la abuela, mientras consolaba a su nietecita meciéndola en sus brazos.

 

Hoy ya la cagué, se dijo, buscando en segundos una última oportunidad y tocó por instinto su camándula con la imagen de la Virgen de Guadalupe, que usaba de pulsera, cuando sonaron dos disparos...

El aviso del posta no estaba equivocado, vinieron por él, pensó Henri mientras aceleraba a más no poder la carrera. Atrás de los policías venían los soldados. Se oyeron los disparos cerca, seguro fue a la entrada de La Realidad. Se dieron verga con el primer punto. Tenían que pasar el puente todavía, eso le daba tiempo. Pero esos soldaditos hijos de puta sí que corren. Los alcanzó a ver, el enfrentamiento con los del puente fue breve y en unos minutos oyó silbar las balas cerca de su cabeza. Se cayó. Cuando se levantó los soldados lo tenían en punto de mira. Hoy ya la cagué, se dijo,  buscando en segundos una última oportunidad y tocó por instinto su camándula con la imagen de la Virgen de Guadalupe, que usaba de pulsera, cuando sonaron dos disparos, en segundos pensó que le habían disparado, pero al instante vio desplomarse al soldado que le tenía en la mira. Corrió hacia el cerco con alambre de púas, se tiró al suelo rodando para pasarlo y luego bajó a una hondonada, perdiéndose en unos arbustos para luego subir  al cerro por la parte menos pelona para que no lo divisaran. Se escapó por los cerros y fue a parar a la colonia Río Zarco, donde la clika de ahí dio protección. Quince minutos después llegó Starchip y se reunió con él en el patio de la casa "Maje, si que volaste, no te pude alcanzar. Cuetiaron al Frutsy y alcancé a ver que se llevaron jalados tres morrillos.  El visco fue el que te salvó la vida". Henri frunció las cejas y apretó los labios, dejó pasar unos treinta segundos le preguntó por qué no se habían enterado del operativo. "Esos cuilios son nuevos. No avisaron", le contestó Starchip bajando la mirada. "Hay que calmarse un tiempo en el barrio porque seguro movieron a los anteriores, hay que transmitir eso a los homeboys". Salieron del cuarto donde se habían reunido y fueron a la sala donde estaban tres muchachos que no pasaban los 18 años, vestían calzonetas y camisetas y en sus brazos y cuellos cubiertos de tatuajes. 

 

Había pasado un mes exactamente desde el cumpleaños de su hija y desde entonces no había visto a su mujer y a su niña. Ahora había regresado a tomar el control del barrio. Organizó un encuentro  con Marcela en una casa de seguridad que tenían en la colonia vecina, a un costado del Beneficio de Café, con acceso por el callejón de  La Realidad. Era una casa de ladrillo de bloque sin pintar con puerta de hierro y defensa, al fondo un pequeño patio y después del tapial una finca. Un viejo reloj de pared daba las 10 de la mañana cuando le dijo a Starchip que fuera por Marcela. Al abrir y ver que solo venía ella preguntó por la niña. Marcela entró sola y al cerrar la puerta lo abrazó.

 "La niña está bien, está dormida, pero tiene un poco de gripe. No la quise traer porque no sabía hasta donde estabas y así como está no quiero sacrificarla. No te preocupes, tu mamá la está cuidando". Henri la besó y le dijo que las extrañaba, luego le preguntó por su mamá.

" Creo que está preocupada y ansiosa porque desde que supo de la decisión de que vas a salirte de la movida solo pasa dándole a la máquina y rezando".

"Antes no me quería ni dejar entrar a la casa y ahora crees que está preocupada por mi". Se quejó Henri mientras veía a su mujer fijamente.

"No seas así. Ella, siempre ha rezado por vos pero ahora tiene la esperanza que ahora si te vas a alejar del peligro y me dijo que tiene miedo que no te dejen salir. Hablando de eso, ¿ya te dieron el pase?".

"Les mandé un mensaje a los mandamases de la ranfla diciéndoles que me quiero calmar por mi hija, pero todavía no tengo respuesta".

Marcela se fue a sentar a un sillón. Abrió su cartera y sacó su teléfono. "Viste la noticia de que cuetiaron al Enano", le dijo mostrándole la pantalla de su móvil. "¿No crees que si no te han contestado es porque no quieren que te salgas?. Te pueden dar en la nuca como al Enano", le cuestionó subiendo el tono de su voz.

"Al Enano lo mataron los del otro barrio. Se han soltado contra nosotros, tenemos que pararles el carro. En cuanto a mi barrio, los homis  me respetan, pero si los mandamases dan la orden, me pueden torcer, por eso voy a esperar un tiempo a ver que dicen", le dijo y vio su muñeca izquierda, concentrándose como haciendo una oración.

"Y Si te dicen que no?".

"Entonces tendré que ver lo que hago, pero me voy a salir de cualquier manera". Dijo Henri mientras se sentaba en el sillón a la par de Marcela. Ella le preguntó cuándo regresaría a la casa y él le dijo que calculaba que en una semana, solo quería asegurar que todo estuviera tranquilo. Después vio su reloj  y le dijo que se quedara a almorzar, que pediría  unas pizzas.

"Hasta aquí no entran los deliverys. No te acordás. Ustedes no los dejan entrar. Les da miedo", le dijo ella riendo.

"Esos cerotes no quieren pagar la renta. Le voy a decir al Starchip que mande a un morro a traerlas". Ella le vio y después de un suspiro se puso la cartera al hombro y le dijo que se iría ya porque puede que la niña despierte luego y se ponga a llorar, la abuela no puede sola con ella.

Henri no la detuvo. Se quedó viendo sus pasos encaminarse a la puerta y de repente se levantó de un salto y con pasos apurados la alcanzó y la abrazó por detrás, la giró y la besó por varios segundos apretándola contra su cuerpo.

 

Después de cerrar el óvalo se vio fijamente ante el espejo y como si platicara con el otro que estaba frente a él le decía: "Tenés 22 años y desde hace seis sos el boss del barrio, que más querés..."

Después de despedirse, se fue a la esquina de la sala donde está el equipo de sonido, tomó una torre de CDs y se puso a revisarlos hasta que tomó uno de 2Pac, lo insertó en el equipo y le dio play, antes de volver a sentarse en el sillón. La música le recordó su etapa de adolescente. Unos versos de una rola que estaba de moda en ese tiempo le disparó los recuerdos. "I was a fool with the big boys, breakin' all the rules".  Se levantó, se quitó la camiseta y fue al baño, al salir se vio de cuerpo entero frente al espejo de un metro de alto  que estaba en la pared sin pintar a un lado de la puerta. Los tatuajes cubrían el pecho y el hombro izquierdo, en la muñeca izquierda la pulsera, era una camándula pequeña con un óvalo que tenía la virgen de Guadalupe. Levantó el puño y abrió el óvalo y ahí estaba incrustada la foto de su hija. A diferencia de los grandes collares que usaban las abuelas en los rezos del rosario, era pequeña y se la ponía como pulsera de puño, la usaba en el izquierdo y en el derecho un reloj digital. Después de cerrar el óvalo se vio fijamente ante el espejo y como si platicara con el otro que estaba frente a él le decía: "Tenés 22 años y desde hace seis sos el boss del barrio, que más querés. Ahora los homeboys te respetan y los otros te tienen miedo". Viéndose en lo que se había convertido, sintió orgullo, y tuvo miedo de dejar la pandilla, no por el peligro sino de perder los privilegios en el barrio. En ese momento silbaron frente a la casa. Abrió un poco los vidrios de la ventana y vio que eran los homeboys. Le entregaron un paquete, era el dinero recolectado de la renta. Fue inevitable pensar que ese poder que le daba ser el palabrero de la de la zona lo perdería al dejar la pandilla, además de otros  privilegios y tendría que buscar trabajo. El reloj en la pared tenía las 12 del medio día, ya habían pasado dos horas desde que esperaba que viniera el mensajero con la confirmación del pase. Llamó a Starchip y le dijo que mandara a un morro a traer unas pizzas.

 

Estaba terminando de almorzar cuando sonó el telefonito, el que ocupaba para sus operaciones ilegales. "El lic tiene la respuesta, reunite con él. Te va a esperar mañana en su oficina a las nueve de la mañana", le dijo una voz ronca en la llamada. Al día siguiente, Henri llegó puntual a la oficina del abogado ubicada en una casa antigua del centro de la ciudad.  Después de decirle a la secretaria que estaba ahí para una reunión con el licenciado, se sentó en un sillón viejo frente a una mesa de vidrio sobre la cual había un par de revistas de negocios. Frente a él estaban dos escritorios con computadoras, al fondo una impresora de las grandes, a su lado izquierdo una puerta, seguramente la oficina del licenciado. Vio la hora en su reloj, habían pasado cinco minutos, se puso a ver su teléfono cuando entró el licenciado. Saludó y después de agarrar los documentos que le pasó la secretaria, abrió la puerta de su oficina le dijo: "Vení, entrá". Después de señalarle una silla le preguntó si quería algo de tomar. "Así estoy bien, gracias", respondió Henri secamente y se quedó viendo un par de fotos enmarcadas colocadas en un mueble a espaldas del "lic", en una estaba con una mujer y un niño y una niña, en la otra aparecía junto a un funcionario del gobierno. El abogado decidió ir directo al grano. "Te traigo un mensaje de los amigos". Le dio un papelito y vio como lo desdoblaba. Estudió su lenguaje corporal, pero  no percibió señales de nerviosismo ni de ansiedad, eso no le sorprendía después de tanto tiempo de tratar con tipos curtidos en la criminalidad, sin embargo pudo notar la ansiedad en la mirada penetrante  al momento de leer el papel. Henri contuvo la respiración y trató de esconder su desilusión al leer la respuesta de los jefes: La línea es que te quedés, hay que fortalecer los programas nuevos primero. Henri dobló de nuevo el papel y se lo guardó en el bolsillo derecho de su blue jean, en el mismo movimiento tocó la camándula como adecuándola mejor en su muñeca izquierda y se despidió del abogado.

 

Corrió unos pasos hacia un poste del alumbrado público, dejó caer las compras al momento que empezaron a sonar los disparos...

Al salir de la oficina, caminó hacia el Parque Central y entró al supermercado de la esquina.   Después se encaminó por la avenida independencia y después de unas cuadras cruzó a la izquierda para luego caminar por la Sexta Avenida Norte y entró por la colonia San Marcos para llegar frente al Beneficio Tres Puertas y tomar la ruta de lo que fue la línea del ferrocarril. Tenía 22 años y un cuerpo que lo hacía parecer  de menos edad, caminaba como un felino al acecho y balanceando, dando a su cuerpo una impresión más  amenazante. Llevaba un bote de leche en polvo y unos gerbers, que compró después de salir de la reunión con el abogado. No había llegado al beneficio cuando vio aparecer en una esquina unos rostros tatuados con números. Corrió unos pasos hacia un poste del alumbrado público, dejó caer las compras al momento que empezaron a sonar los disparos. No podía ver cuántos eran. Vio correr a uno a otra esquina en un intento de acorralarlo. Se llevó la mano derecha atrás, en la cintura, entre la camisa y su espalda  baja, sacó un revólver y disparó al que iba corriendo antes que lo cubriera la pared. Pensó que le alcanzó a dar pero no estaba seguro. El otro le disparaba desde la otra esquina. Calculó que no podría permanecer mucho tiempo en la misma posición sin que le hirieran si le disparaban los dos. Se escuchó el sonido de una patrulla y cesaron los disparos. Aprovechó para correr a refugiarse en un carro que estaba unos cinco metros adelante. Después corrió de nuevo antes que llegara la policía.

 

Llegó a la casa de su mamá con las cosas para su niña, al entregárselas a su mujer, esta le preguntó por qué venían quebrados los gerbers, a lo que él le respondió que se habían caído. Se sentó frente al televisor y puso un canal en el que transmitían  un partido de fútbol de la liga española. Cuando estaba la pausa del medio tiempo del partido, Marcela se acercó y le preguntó por la respuesta que le habían dado. Henri apagó el televisor, la miró directamente y sin más le dijo: No quieren. Un estrepitoso silencio reinó en la habitación mientras el diálogo de miradas entre Henri y Marcela se centraba en la pregunta: ¿y ahora qué? La voz a través de un megáfono pregonando la compra de chatarra rompió el silencio y dio el impulso a Henri para decirle a su mujer. "Nos vamos a ir de aquí. Luego te explico". La niña se sumó al coro de ruidos junto a la anunciadora y las campanadas del camión de la basura. Marcela salió a ver la niña. La mamá de Henri entró y le preguntó si todo estaba bien. Sí, mamá, le dijo. Ella se retiró despacio, sin creerle, a su cuarto.  Henri acariciaba su pulsera pesando, como si rezara un rosario iba tocando una a una las cuentas de la camándula. Después de un rato tomó uno de sus celulares, el frijolito le llamaba por pequeño.  Escribió un mensaje de texto, al terminarlo se levantó y salió a la calle, alcanzó a oír la voz de la mujer preguntándole, a dónde vas, pero ya no le respondió.

 

La tensión en su cuerpo le sorprendió, creía que estaba tranquilo, pero  mientras abría la puerta sintió la presión en los dientes al apretar las mandíbulas. Había estado en muchas situaciones más peligrosas y se acaba de dar cuenta que esta nueva situación lo tenía más tenso.  Starchip llegó unos minutos después a la casa destroyer. Después del saludo le preguntó por los demás. Henri le dijo que le había convocado a él primero para decirle que lo dejaría al mando mientras él se retiraba un tiempo.

"Mirá men y por qué no mejor dejas al Visco a cargo"

"No maje, es que confío más en vos, brother"

"Puta men, no creas que soy mal agradecido a mi eso que me decís lo aprecio". Se golpeó el lado izquierdo con el puño derecho del lado del pulgar y el índice.  "Pero vaaa, yo creo que también podés confiar en él, pues te salvó la vida".

"Lo que quiero decir es que creo que vos podrías dirigir a los homeboys"

"No sé."

"Cuántos años tenés"

"Diecinueve".

"Yo tenía 16 años cuando me hicieron jefe. No te aculerés."

"No es eso, la mera neta es que no quiero que haya pedo entre nosotros."

"Y ¿crees que con el Visco no va haber pedo?"

"Creo que no".

Henri se dio la vuelta y se fue ante el espejo, se acomodó el pelo y la pulsera, luego se fue a sentar a uno de los sillones de la sala y sacó de uno de los bolsillos el "frijolito" y se puso a escribir mensajes de texto.

 

Todos quedaron en silencio viendo a Henri y al Visco. Este se le quedó viendo, sus ojos, bajo los cuales habían tatuadas unas gotas, tenían una mirada penetrante, estaban entrecerrados y apenas parpadeaban...

Los homeboys comenzaron a llegar uno por uno y los fue saludando con el choque de palmas y la señal con los dedos índice y meñique de la mano derecha. Cuando llegaron todos les dijo  que se retiraría por un tiempo, que tenía una misión. Que dejaría a cargo al Visco. Todos quedaron en silencio viendo a Henri y al Visco. Este se le quedó viendo, sus ojos, bajo los cuales habían tatuadas unas gotas, tenían una mirada penetrante, estaban entrecerrados y apenas parpadeaban. 

Henri, al notar el desconcierto, le dijo al Visco que si no estaba de acuerdo podría pensar en alguien más. "Yo sí acepto, pero si tenemos el aval de la ranfla", sus palabras resonaron en medio del silencio y su mirada mantuvo la misma expresión.

"Si, ya tengo su bendición para hacer este cambio. Además es por un tiempo", dijo Henri, saliendo al paso de la situación.

"¿Qué vas a hacer", preguntó alguien más.

"Tengo que arreglar unas cosas, tengo que dar una vuelta con mi hija, para que la vea un curandero en Guatemala, al que le tiene fe mi mamá. Me voy a quedar unas semanas allá".

"¿Cuándo te vas?" le preguntó Starchip.

Creo que el fin de semana, todavía tengo que ordenar un par de cosas.  Ahora celebremos con un almuerzo. Ya mandé traer hamburguesas para todos".

El ambiente se distendió cuando llegó la comida. Las bromas que se hacían unos a otros provocaban carcajadas. El Tribi, el que parecía el mayor de todos, alto, delgado y con una sonrisa torcida, dijo que lo que pasaba era que Marcela había obligado a Henri a ir con ella donde un brujo para hacerle un trabajito y dejarlo jugado. Todos celebraron la ocurrencia.

 

Esa noche, al entrar a lo que fuera su cuarto lo primero que vio fue la batería. Se despedía por segunda vez de la casa de su infancia. La primera su mamá lo echó por andar en el crimen, ahora se iba para dejarlo. El olor a pulpa de café que llegaba en oleadas arrastrado por el viento le trajo recuerdos de su infancia. Ahora era más raro, las cosechas de café son escasas y es poco lo que procesan en el beneficio. Marcela regresó de dormir a la niña. ¿Ahora sí me vas a decir lo que vas a hacer?

Lo que vamos a hacer. Nos iremos mañana temprano a vivir a Guatemala. Ya está listo el viaje, Starchip consiguió un vehículo y nos va a ir a dejar a la frontera de San Cristóbal.

¿Y cómo vamos a hacer para vivir allá?.

Me voy a quedar  con todo el dinero de la renta de este mes y vamos a poner un negocio en Guatemala de venta de ropa. Se vino una gran tormenta que azotaba el techo de lámina sin piedad. Parecía que las nubes tocaban la batería en el techo con una furia descomunal. Ya apenas podían escuchar sus voces así que, rendidos por el ruido y el cansancio, se fueron a descansar.

 

A la mañana siguiente el carro llegó puntual para llevarlos a la frontera. Henri fue a abrazar a su mamá que estaba en la puerta de su cuarto, después tomó una mochila y se la puso en el hombro izquierdo y levantó una maleta con la derecha. Salió a la calle, el día empezaba a aclarar. Mientras caminaba hacia el carro tarareaba como una plegaria los versos en español de la canción de 2Pac:

"Miro hacia mi futuro

porque mi pasado

ya quedó atrás".

Le cayó un disparo, pero alcanzó a disparar antes de recibir un segundo disparo y caer al suelo. Cayó sangrando frente a su hija y a su mujer que en lugar de entrar a la casa había corrido a socorrerle...

Cuando abrió la puerta vio que era el Visco el que estaba al volante. Soltó la maleta.  Giró hacia su derecha  y retrocedió un par de pasos para  apartarse de la puerta delantera y cubrirse, mientras  gritaba a su mujer, que en ese momento salía a la calle, para que regresara adentro de la casa. En ese momento el visco tomó la pistola del portavasos del vehículo, Henri también sacó su pistola, la empuñó con las dos manos, en la muñeca izquierda la camándula y en la derecha  el reloj. Le cayó un disparo, pero alcanzó a disparar antes de recibir un segundo disparo y caer al suelo. Cayó sangrando frente a su hija y a su mujer que en lugar de entrar a la casa había corrido a socorrerle. Su mujer, llorando a gritos pedía ayuda. Se agachó con la niña en brazos y le dijo no te mueras, aguanta, voy a ir a pedir ayuda. Los labios de Henri se abrieron y dijo balbuceando: Florcita, hija, no quiero morir. Marcela salió corriendo hacia dentro de la casa y le dijo a su suegra que le tuviera la niña, tenía que pedir una ambulancia porque habían baleado a Henri. Apenas soltó la niña, sacó su teléfono, buscó un número que tenía anotado y marcó. Al terminar la llamada salió corriendo de nuevo a la calle, donde Henri estaba tendido.

 

Tantas veces había pensado que su hijo había recibido los disparos que oía, tantas veces había  pensado en su hijo herido o muerto. Tantas veces había rezado para que su hijo se saliera de la pandilla. Ahora que Henri, por fin,  se retiraría de la delincuencia, le tendría que escuchar y salvarlo de la muerte para que pudiera ver crecer a su hija. Con su nieta en un brazo fue a tomar la camándula que colgaba cerca de su cama, ahí se sentó a rezar el rosario.

Estrella de la mañana,

Ruega por nosotros.

Salud de los enfermos,

Ruega por nosotros.

Consuelo de los afligidos,

Ruega por nosotros.

Madre de misericordia; en la vida y en la muerte ampáranos, gran Señora.

Su voz ya no se escuchó, pero su mente  respondió: Ruega por nosotros.

 

Afuera, las luces de la ambulancia irrumpieron en la oscuridad de la calle. Marcela se persignó y se dijo: "Hay que tener fe, se va a salvar". El sol empezaba a salir al momento que los socorristas levantaron los cuerpos y la ambulancia partió a toda velocidad.





















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Los glifos del Quinto Sol

 Imagen de joven frente a lago y el sol en el horizonte



"Un 13 Ahau se romperá el rostro del sol
y caerá sobre los dioses de ahora 
y se destruirán los gobiernos 
de los chupadores, de los avarientos"
Chilam Balam.


Nadie me creyó lo que vi en el Cerro de las Figuras, ni siquiera mis amigos del Concejo Indígena, después de una ceremonia maya realizada a finales del siglo pasado a orillas del lago de Güija, justo en el lado donde se encuentran los petrograbados. Mucho tiempo después viví otra experiencia alucinante al regresar al lugar con una piedra de jade misteriosamente encontrada en la caja de mis recuerdos, pero esta vez no me atreví a contárselas. Después de años de darle vueltas en mi cabeza a aquellas experiencias surrealistas, logré darle una interpretación satisfactoria a lo que consideraba los mensajes del lago.

Mi simpatía con la espiritualidad de los antepasados viene desde la adolescencia y el contacto con la cosmovisión maya se dio en mis primeros años de la universidad, cuando, junto a unos amigos,  conformamos el Consejo Indígena Los Pasos del Jaguar para practicar  nuestra cosmovisión ancestral con ceremonias que principalmente realizábamos  en el Lago de Güija y en la cima del cerro Tecana, además de participar  unas dos veces al año en ceremonias en Guatemala. En esa época tuve experiencias interesantes relacionadas con las energías del cosmos y la sabiduría de nuestros ancestros. Una de las más extrañas para mi  mentalidad cartesiana sucedió en el sector sureste del Lago de Güija,  jurisdicción del municipio de Metapán, en el departamento de Santa Ana, El Salvador, en el área de los caseríos El Desagüe y Las Figuras, pertenecientes al Cantón Belén Güijat.  

Habíamos llegado  a Igualtepeque en unas canoas, era una isla en invierno y  esa vez incluso en verano, cuando normalmente volvía a ser una península, pero después del huracán Mitch  los niveles de la laguna crecieron y así se mantuvieron un buen tiempo. Salimos temprano, desayunando en un comedor cercando a Apanteos, antes de tomar el bus que va a Metapán. Cuando nos acercábamos a la hidroeléctrica Guajoyo, íbanos atentos porque estaba cerca el punto donde nos teníamos que bajar. El autobús nos dejó en el desvío al Desagüe y entramos a un callejón entre filas de casas bajitas,  pasamos por un antiguo puente de ferrocarril y, por último, llegamos atravesando un pequeño callejón entre unas casas, a orillas del lago y ahí tomamos una canoa para llegar donde está el cerrito. El trayecto fue corto y al bajar, caminamos bordeando el cerro y llegamos a un área donde estaban varias rocas de distintos tamaños con  petrograbados. Éramos unas trece personas, con nosotros iba el aj'qu'ij (sacerdote maya) Nicolás Tecun que había venido de Guatemala a oficiar la ceremonia y a dar unas charlas sobre la cosmovisión que habíamos organizado para un público más amplio en la sede del sindicato de la compañía eléctrica en Santa Ana.

El Concejo Indígena tenía como centro ceremonial este sitio, que tiene la mayor concentración de petrograbados de Centroamérica, a pesar del despojo y maltrato sufrido durante muchos años. Lo elegimos por su alta carga de energía, proveniente del remanso de agua y de los mensajes que dejaron grabados en las piedras hace siglos nuestros ancestros, una elección valorada por Tata Tecun al iniciar la ceremonia:  "este es un lugar sagrada en que nuestros ancestros dejaron mensajes de su sabiduría y  su fuerza energética es importante levantar con nuestras ceremonias". El tata Tecun es un sacerdote maya quiché que se había convertido en nuestro guía espiritual, dado que no contábamos entre nosotros alguien que tuviera la vara sagrada, él es un anciano que ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar la cosmovisión de sus ancestros quichés. El destacó la fuerza energética del lago "un espejo que refleja el cielo, un punto de conexión entre dos mundos". Para la cultura nahua ese punto de encuentro era  la unión entre  Ilhuícatl y Mictlán, entre el mundo superior  y el mundo inferior , entre el cielo y el lugar de los muertos. Los mensajes de los petrograbados estarían indicando el  tránsito entre mundos y que Güija es una puerta de entrada a Tlalocan (el paraíso de Tláloc), un espacio sagrado de abundancia agua y vegetación.

La ceremonia no tuvo suficientes materiales, pero el fuego cobró fuerza sobre todo en el nahual Tooj

Después de la ceremonia, recostado sobre una roca a la orilla del Lago de Güija, observaba el petrograbado de la enorme piedra que estaba a un costado, tenía grabada la figura del jaguar en la parte superior. La ceremonia había terminado hacía unos minutos y los compañeros del Concejo Indígena se bañaban en las tranquilas aguas donde , siglos atrás, lo hicieran nuestros ancestros. Vacié en mi baso más chicha del tecomate, mientras bebía, meditaba, tratando de viajar en el tiempo hacia la épocas en que lo habitaron los mayas chortíes, posteriormente los xincas y después los nahuas. Era un día 13 Tooj(el espíritu del fuego) y en la ceremonia habíamos ofrendado por el fortalecimiento de nuestro concejo y por la salud de sus miembros y sus familias.  

La ceremonia no tuvo suficientes materiales,  pero el fuego cobró fuerza sobre todo en el nahual Tooj, el nahual que representa al Sol y el espíritu del fuego. "Este día es para pagar por todo, el pago es agradecimiento, es para la nivelación de nuestras energías con el sagrado fuego", nos dijo el aj'qu'ij mientras nos repartía pom Cuilco, incienso preparado con resinas milenarias que trajo desde Chichicastenango, para que ofrendáramos al nahual de ese día. Cuando fue el turno del nahual Tz'ikin, un pájaro cantó en la rama de un árbol cercano y todos lo percibimos como una buena señal, pero quién realmente se alegró fue el tocayo, porque es su nahual y porque significa fortuna, es el nahual para pedir por la abundancia en las cosechas, en los negocios y en el amor.

El tata habló de los tiempos que corren, de como están pasando cambios importantes porque estamos cerrando un ciclo. El ciclo al que se refería es el 13 baktún, cuyo fin puso de moda el mundo maya con la sensacionalista interpretación de los cálculos precisos que hicieron los ancestros y las predicciones de los fenómenos con que han caracterizado este fin de ciclo.

Al finalizar los compañeros se fueron a bañar  y yo me quedé conversando con el Tata, después de un rato el se fue a recostar bajo un árbol y yo me recosté en una piedra admirando los grabados. El figura grabada en una de las piedras más grandes representaba el jaguar (Ucelut en náhuat). Me puse a revisar  detenidamente las otras figuras, en muchas tenía que concentrarme más porque por el paso del tiempo, pero principalmente la acción o depredación humana hacía que muchas no se distinguieran a simple vista, reconocí  espirales y círculos concéntricos, escaleras, líneas ondulantes y figuras en forma de "s". En una de las piedras estaba dibujada una representación de serpiente con rasgos de ave, me costó identificar sus patrones geométricos por el desgaste del tiempo y por el maltrato de los humanos. Sin duda era una representación de Quetzalcóatl con quien está relacionado el símbolo de la espiral porque también es considerado el dios del viento, el principio vital que anima a los seres, la fuerza creadora invisible.  La espiral también podría estar relacionado con el movimiento cíclico del tiempo porque para los nahuas, el tiempo no es lineal, sino en forma espiral: los ciclos retornan pero no exactamente al mismo punto, por eso el Tonalpohualli (calendario ritual de 260 días) y el Xiuhponhaulli (calendario salar de 365 días) se enrollan sobre si mismos como una espiral cósmica en la que cada vuelta es un nuevo Sol o era cósmica.

...me acerqué un poco más y fui identificando que la luz dibujaba unos números que al principio pensé que era un código binario, pero la inscripción se detuvo en seis cifras y caí en cuenta que la segunda cifra era el tres, el número que leí fue 130000.
Todavía con los efectos de la bebida ancestral, caminé por una, apenas perceptible, vereda que subía hacia el cerrito que llaman el Cerro de los Mensajeros o más comúnmente Cerro de las Figuras. Fui subiendo, por senderos que apenas distinguía, avanzaba sin prisa pero sin detenerme, movido por una energía interna que impulsaba mi avance sin saber que buscaba, cuando al fin me detuve estaba en la cima, vi la panorámica que de daba la vista del lago. En esos tiempos, las instantáneas únicamente eran registradas en el cerebro. Luego vi una parte espesa de bosque un poco más abajo para el lado poniente. Me adentré entre los árboles y me detuve en un espacio cubierto por la sombra de ramas gigantes que hacían de techo, era una hermosa ceiba en cuyo tronco me recosté y me fui quedando dormido y cuando desperté vi hacia un costado un montículo, de donde había un pequeño derrumbe de tierra y aun lado una hueco no tan pequeño, me levanté y me acerqué vi que era la entrada a una cueva, medía algunos setenta y cinco centímetros, eso calculé porque se podía entrar agachado bajando la cabeza, como en efecto lo hice, adentro el espacio era más amplio, avancé poco a poco y la oscuridad se incrementaba,  caminé agachado  tratando de ver hacia adelante, me detenía cuando sentía que se me pegaban en los ojos y en los labios unos delgadísimos hilos de algodón, eran las telarañas que había pasado llevando con mi cara, después de guitármelas con la mano avanzaba de nuevo, al principio mis pasos sonaban amortiguados por la hojarasca, unos pasos más adelante el piso era más compacto; través de la suela de mis zapatos, unos botines de montaña que en estos momentos apreciaba más que nunca, palpé con las plantas de mis pies la tierra y noté que estaba húmeda. Cuando estaba apunto de darme la vuelta, dominado por la inquietud que me provocaba la espesa oscuridad y el miedo a perderme en lo desconocido,  vi al fondo  lo que parecían unas hendiduras por donde penetraban los rayos del sol, me acerqué un poco más y fui identificando que la luz dibujaba unos números que al principio pensé que era un código binario, pero la inscripción se detuvo en seis cifras y caí en cuenta que la segunda cifra era el tres, el número que leí fue 130000. Por un momento quedé paralizado, sin la ayuda de ninguna pista que pudiera ayudar a la brújula de mi racionalidad a entender como habían aparecido aquellos números. La luz se fue apagando y los números se borraron dejándome envuelto en una oscuridad más profunda, después de unos segundos de aturdimiento, di la media vuelta y apresuré los pasos hacia la salida. Cuando bajé al sitio de la ceremonia, no encontré a nadie, caminé de prisa rodeando el cerro hacia el punto donde habíamos desembarcado, alcancé a ver que ya estaban al otro lado. No había nadie que me pasara. Les grité. Alcanzaron a verme porque vi que le decían algo al señor de la canoa que regresó para pasarme al otro lado. Creí que había estado horas en la cima del cerrito y en la cueva, pero  mis amigos me dijeron que solo había pasado una hora desde se dieron cuenta que no estaba.

De camino a la carretera para tomar el bus hacia Santa Ana, les conté donde me había metido y lo que había visto, todos voltearon a verme y en sus miradas leí claramente su incredulidad, remarcada por su silencio hasta que alguien dijo: "De cual chicha le dio abuelo Amadeo?",  y los demás rieron a carcajadas, incluso el mismo abuelo Amadeo y tata Nicolás. En el bus de regreso a Santa Ana me senté junto al sacerdote maya y le dije cuáles eran los números que había visto, para mi sorpresa y creo que la suya, esos números corresponden a una fecha de la cuenta larga que corresponde al calendario gregoriano al 21 de diciembre de 2012 cuando se estará terminando un ciclo de 13 baktunes, una era de 5,125 años. Me dijo que no pusiera cuidado a las informaciones que hablan del fin del mundo para ese año, que los abuelos mayas lo que habían dejado escrito en las estelas, en los códices y en los refajos de las abuelas era que en esa fecha se da el fin de una era y el inicio de otra; sin embargo no de dejó de advertirme que pasarían muchas cosas en lo natural y lo social.

Conforme avanzaba el nuevo milenio más se hablaba del año 2012 y de las profecías mayas y más me intrigaba saber sobre los calendarios de nuestros ancestros porque los números que aparecieron en la cueva y lo que me dijo el sacerdote maya no se iban de mi cabeza. Lo primero que supe es que la obsesión de los mayas con el tiempo  ha dado uno de los calendarios más precisos de la historia de la humanidad, solamente superado recientemente con el uso de instrumentos modernos como los potentes telescopios y los viajes al espacio. Ese calendario maya es conocido como la cuenta larga y comenzó 13.0.0.0.0 para efectos prácticos también sería el 0.0.0.0.0. Al principio me costó entender que para ellos era lo mismo, dicho de otra forma: por una convención matemática y astronómica este registro equivale al "día 0" del calendario maya, situándose cronológicamente el 11 o 13 de agosto del año 3114 a.C. Eso me reafirmó que el número que me apareció en la cueva corresponde  al 13 de agosto de 3 3114, fecha inicial del calendario maya y el 21 de diciembre de 2012, la fecha del inicio de nuevo baktún, del Quinto Sol.

Esos datos me decían que los números que me aparecieron en el lago estaban comunicándome algo trascendental y me puse a investigar sobre la historia de Güija y la península Igualtepeque. La importancia de este lugar había pasado un tanto desapercibida, a no ser por la curiosidad que despertaban los petrograbados, pero en 1983, el buceador Ernesto Ferreiro Rusconi encontró, mientras exploraba el fondo del lago cerca de la punta de la península, una pieza de piedra negra verdosa. El hallazgo resultó ser un objeto de regalía maya del período Clásico Temprano que muestra el retrato de un ajaw (señor o gobernante) y un texto glífico. El anverso de la placa muestra grabada la figura de un ajaw  de pie, mirando hacia la izquierda del espectador y   el reverso contiene glifos mayas que permitieron identificar el origen y la pertenencia de la pieza. 

La Placa de Güija, como le denominaron los arqueólogos, fue elaborada en el período Clásico Temprano (200-600 d.C.) en algún centro de las Tierras Bajas Mayas, como El Petén o Belice. Su hallazgo permitió a los investigadores  confirmar la importancia de este lugar  como punto estratégico en las rutas  prehispánicas que conectaban las regiones que abarcan el norte de Guatemala (Petén, con Tikal), el sur de México (Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo), Belice y el occidente de Honduras, con el sureste de Centroamérica. Su presencia en Güija confirma que objetos pertenecientes a la élite maya, específicamente atuendos de un ajaw, circularon fuera de su área de origen  hacia el sureste de Centroamérica, abarcando el actual territorio de El Salvador y extendiéndose hasta Costa Rica, según los arqueólogos Stephen Houston y Paul Amaroli en su informe de 1988 titulado The Lake Güija Plaque. 

Esta placa es comparada por los arqueólogos con la famosa Placa de Leiden, una pequeña lámina de jadeíta del Periodo Clásico Temprano de la cultura maya, considerada una de las piezas más antiguas que conserva una fecha escrita en el calendario de la Cuenta Larga. Además de demostrar la importancia estratégica que tuvo este sitio, los descubrimientos en el fondo del lago como de la Placa de jade de Güija, así como las esculturas de Xipe Tótec, dios de la fertilidad, la primavera y la renovación, sentado en un trono, encontradas por buzos en la década de 1960, dan a entender la práctica de ofrendar al agua.

Un nuevo hallazgo remarcó la importancia que tuvo este sitio para nuestros antepasados. En este caso fue por casualidad. En 1986, cuando una mujer de la localidad les mostró al arqueólogo Paul Amaroli y la mayanista Clemency Coggins, durante una visita al sitio, un anillo de cobre con la representación del dios Ek Chuah, "Estrella Negra", protector de los mercaderes, conocido como el dios M en los códices de Dresden y de Madrid. En los murales y en los discos de cobre de Chichén Itzá, era representado como mercader con nariz muy larga y el cuerpo pintado de negro, con mecapal (correa en la frente) y cargando un paquete en la espalda. Volviendo a la aparición de Ek Chuah en Güija, el arqueólogo afirma que la mujer llevaba puesto el anillo y les dijo que lo había encontrado después de un deslave en la playa del lago, cerca del estrecho que une la península con la ribera. Esta valiosa pieza ancestral, que se encuentra en la colección del Museo Nacional de Antropología “David J. Guzmán” (MUNA), fue creado mediante la técnica de la cera perdida, un método antiguo de fundición que permite crear esculturas y objetos detallados en metales como bronce, oro o plata, lo que demuestra un avanzado conocimiento metalúrgico para la época, el período Posclásico, que abarca desde el año 900 d.C. hasta la época de la Conquista. 

La conexión de Igualtepeque con la cultura Tolteca también es confirmada por fragmentos de cerámica antigua   del tipo Plomiza Tohil y Policromo, encontrados en el lugar. Estos tipos cerámicos sitúan al sitio junto a otros centros como Cihuatán dentro de una red que comparte rasgos con el centro de México, específicamente con la cultura Tolteca. 

Aunque ahora ya tenía más claro que Guija fue un centro de peregrinaje y conexión entre seres humanos y dioses y que la organización Los Pasos del Jaguar había hecho una excelente elección como centro ceremonial por su fuerza energética y porque había sido un sitio especial para los ancestros, todavía no lograba entender del todo el significado de lo que había visto en la cueva del Cerro de las Figuras.

Después de un tiempo de haber dejado el tema olvidado, algo sacudió de nuevo mi cabeza. Un día decidí aprovechar una visita donde mis papás, fui con mi hijo a la antigua casa de adobe en una finca, cerca de la actual casa de mis padres, en la que había vivido desde la infancia y que ahora está abandonada. Fui a revisar unos  archivos que aún guardaba ahí y enn el momento en que revisaba  libros, folletos y recuerdos, escuché un ruido en el techo. Son los ratones, le dije a mi hijo para tranquilizarlo, pero el que se empezó intranquilizar fui yo al pensar que si eran los ratones que hacían ese ruido era poque huían asustados y eso podría ser porque un culebra andaba por ahí, recordé inmediatamente una vez que una culebra apareció debajo de mi cama. No quedó tiempo especular más, el ruido se hizo más fuerte y noté que se movía el piso y las láminas crujieron más fuerte, tomé la mano de mi hijo y salimos corriendo al patio pensando que las paredes viejas podrían caernos encima.


Después de un tiempo prudencial regresé al interior de la casa a seleccionar las cosas que me iba llevar. Cuando ya casi terminaba de revisar y separar un par de libros y algunos recuerdos de mis viajes, me quedé viendo al fondo de la caja, ahí estaba una piedra plana. La tomé en mis manos, era una placa verde menta con un tono grisáceo envejecido, al parecer había estado enterrada un tiempo. Sin duda era una placa de jade. Tenía grabados unos glifos, los revisé detenidamente, me parecieron familiares, después de un rato la puse en mi bolso de tejido con la figura del jaguar. A la semana siguiente volví a revisar con detenimiento los glifos y después de un rato, me vinieron a la mente los recuerdos de mi viaje a Quiriguá y recordé los grabados en las estelas. Eso era… algo así era lo que había visto en una de las estelas. Me puse a averiguar y pude comprobar que esos glifos están al inicio de los grabados en la estela C de Quiriguá y corresponden a la fecha 13.0.0.0.0 (11 de agosto de 3114 a. C.), asociada al evento cosmogónico de la sustitución del fogón de tres piedras que establece el orden sagrado del universo en la era que está finalizando. Los glifos  mayas me estaban diciendo que el tiempo estaba llegando a cero y que el gran reloj del universo se reiniciaría. 

En el reverso de la piedra unos glifos similares tenía el dibujo de una cara con la lengua de fuera, sin duda era El Señor del Rostro Solar (Kinich Ahahu o El que Avanza Brillando (Tonatiuh en la cultura náhuatl). No daba crédito a lo que miraba. No recuerdo haber guardado ni encontrado en algún lugar aquella piedra de jade. Se me ocurría la posibilidad de haberla traído de Güija, pero no era consciente de ello. Por más vueltas que le daba a mi cabeza no lograba atinar como había llegado a mis archivos en la antigua casa.

Después de varios días de meditar sobre el origen de la piedra de jade, pensé que no sería apropiado poseerla. Tenía dos opciones: entregarla a las autoridades de patrimonio cultural o llevarla de regreso a la cueva donde podría haberla tomado. Si la entregaba lo bueno era que se protegería, aunque su energía se desconectaba de su sitio, si la devolvía al lugar había un gran riesgo que alguien más la encontrara y se perdiera porque la podrían vender al extranjero. 

Sin haber tomado una decisión, me fui a Güija. Pasé primero a almorzar a un restaurante a orillas de la laguna,  como a las dos de la tarde salí rumbo al Cerro de las Figuras. Como ya tenía un carro propio no me preocupaba por la hora que tenía que regresar. Primero llegué al lugar donde hace años hicimos la ceremonia en que subí al cerro. Ahí frente a las piedras con las figuras, realicé una meditación. La concentración fue buena, no supe cuanto tiempo estuve así. 

Al terminar el dibujo me di cuenta que era… era lo mismo que tenía en la piedra de jade, la saqué…era el Señor del Rostro Solar.
Al terminar seguí valorando si dejar la piedra de jade.  En ese momento el sol empezaba a declinar, lo vi directamente y me pareció ver una cara que me sacaba la lengua, una lengua de fuego, voltee  a mirar el lago, porque creí que estaba alucinando y porque temía dañar la retina de mis ojos. Dispuse ver de nuevo al sol que empezaba a ponerse en el horizonte, ya no temía que me dañara la vista, iba perdiendo fuerza, sin embargo no me quedaba mucho tiempo mirando, con el dedo índice de mi puño derecho apretado me restregué los ojos, algo me estaba engañando. Podría ser un trampantojo que jugaba con mi mente. Saqué una libreta que acostumbro llevar para mis apuntes de escritor y empecé a dibujar la figura que había visto o que había imaginado en el sol. Al terminar el dibujo me di cuenta que era… era lo mismo que tenía en la piedra de jade, la saqué…era el Señor del Rostro Solar.

Lo que había visto o creído ver me dio la respuesta que estaba buscando. Decidí subir al cerro y enterrar la piedra de jade en la cueva que visité la última vez. Subí apuradamente antes de que se pusiera totalmente oscuro. Cuando llegué donde recordaba que estaba la entrada a la cueva, a un costado de la ceiba, no la encontré, el sol estaba empezaba a ocultarse. En el cielo celeste unos velos de colores tenues en amarillo, naranja y luego rojizos que cambiaban poco apoco a tonos mas oscuros, me distrajeron, siempre han sido mi atracción por eso me encantan los atardeceres y siempre que puedo disfruto sus celajes. Viendo que pronto se haría de noche busqué un lugar donde enterrar la misteriosa piedra y   bajé casi corriendo. Cuando llegué a la rivera del lago ya estaba oscuro. Tenía hambre…decidí ir a buscar una tienda al caserío y comprarme un pedazo de queso y una tortilla o un pan francés porque había decidido pasar la noche a orillas del lago, para apreciar las constelaciones, llevaba un saco de dormir y lo coloqué sobre un descampado a orillas del cerrito. Mi intención de pasar toda la noche a orillas del lago se fue disipando, estaba muy a gusto viendo aparecer las estrellas, pero me inquietó las palabras que me dijo el señor de la tienda: tenga cuidado, también por estos lugares vienen unos muchachos que andan en malos pasos, han de ser alguna de las comunidades cercanas. Solo esperé a apreciar la constelación Orión, para los mayas La Tortuga Celeste,  para darme a la fuga.

No le dije a nadie mi visión. Yo mismo dudaba de haber visto realmente a Tonatiuh, aunque esta vez no había tomado chicha ni nada parecido. Después de esos acontecimientos, esperé con muchas expectativas la llegada del 21 de diciembre de 2012 y cuando por fin llegó no hubo algo que llamara mi atención para conectarlo con lo que me había pasado en Güija. Hubo grandes celebraciones, ceremonias y un gran evento en Tazumal y después el interés en las profecías mayas pasó de moda. 

Yo seguía pendiente de reconocer acontecimientos que pudiera relacionar con el cambio de era y anotaba cualquier acontecimiento que me pareciera que pudiera significar una señal. No fue sino hasta el 2020, desde los primeros días, que volví a pensar en la conexión de los hechos en el mundo y la nueva era de los mayas. Mi afición a archivar noticias para posibles investigaciones tuvo un incremento inusual. Hace unos días revisé las noticias de ese año y seleccioné las que me parecieron más relevantes. También revisé unas publicaciones que me parecieron que acertaban en su descripción humorística del momento. En las redes sociales se viralizaron varios "memes" que retrataban con humor un sentimiento colectivo. Hay especialmente uno que resume lo que pasaba en esos días.

· Enero del 2020:

-Tercera Guerra mundial

-Coronavirus

-Alerta de Tsunami

El mundo:

-Wey ya

Y la imagen de Victoria Prendetti en la serie You de Netflix.

Desde esos días, el mundo y sus conflictos han tenido un ritmo vertiginoso. La guerra de Rusia y Ucrania comenzó el 24 de febrero de 2022 con la invasión rusa a gran escala y desde entonces ha tenido fuertes efectos militares, humanitarios y geopolíticos.  La geopolítica se ha convertido en uno de mis temas de interés. Gracias a productores de contenidos serios también me permito informarme en YouTube, en este tema me sirvió ver unos podcasts  el ex embajador español José Antonio  Zorrilla, uno de los más brillantes analistas de geopolítica, donde explicaba la obsesión de Inglaterra de Inglaterra y Estados Unidos por destruir los vínculos entre Rusia y Europa. El ex diplomático mencionó la teoría de Halford Mackinder, una teoría geográfica y política de principios de siglo pasado que afirma que el control de la tierra central en Eurasia es clave para el control global; en otras palabras, una potencia que controle la tierra central podrá controlar los recursos y las rutas de comunicación más importantes del mundo. En el contexto del conflicto en Ucrania, eso explica, en parte, la obsesión del Reino Unido y los Estados unidos por cercar militarmente con la OTAN al Oso Ruso.

En el contexto actual, esa guerra pone de relieve un proceso de reconfiguración del orden mundial dando paso a un mundo multipolar en el que se ha perfilado como podres visibles China y Rusia liderando un bloque aglutinados en los BRICS y ha llevado al Oso a los brazos del Dragón, algo que se volvió en contra de los intereses del poder norteamericano que tiene como objetivo detener el avance chino por miedo a perder su hegemonía y ser superados como primera potencia mundial.

Para retomar el camino de mi historia, debo primero decir que las grandes tragedias no cesaron, por el contrario, se han vuelto permanentes y con omnipresencia de las redes. El siete de octubre de 2023, la organización Hamás consolidada en Gaza, un movimiento político y armado palestino, fundado en 1987 durante la Primera Intifada,  financiada en sus inicios con el aval del mismo gobierno de Israel para restarle liderazgo y poder a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en el gobierno,  incursionó en el territorio de Israel realizando una masacre, en un fallo de seguridad sin precedentes en el estado judío. La respuesta del gobierno de ultraderecha de Benjamin Netanyahu ha sido la implementación de un genocidio en Gaza, con la complicidad de Estados Unidos y el apoyo tácito de la mayoría de gobiernos europeos y ante la mirada impotente y en otros casos indiferente de la población mundial porque en la historia asistimos a la transmisión en directo de la barbarie.

Desde 2022 el Reloj del Juicio Final ha estado al menos cuatro veces más cerca de las 12 que nunca. Su punto máximo ha sido en 2026 con la agresión de Estados Unidos e Israel a Irán, superando el récord que se tenía y marcando la hora más extrema  desde que su creación. El Reloj del Juicio Final es un reloj simbólico creado en 1947 para representar qué tan cerca está la humanidad de una catástrofe global, con la medianoche como metáfora de destrucción. No predice un evento exacto; más bien sirve como advertencia sobre riesgos como las armas nucleares, el cambio climático, el riesgo biológico global y la inteligencia artificial.

Todo eso me puso a pensar de nuevo en el Baktún 13  y en que toda época de cambio,  al igual que el parto que da a luz una nueva vida trae consigo dolores. Retomé la lectura de un libro que compré a finales del siglo pasado a un amigo que tenía una buena colección de libros sobre los mayas y además una colección de piezas cerámicas antiguas. El libro contiene una  investigación sobre los ciclos solares y la astronomía maya de Maurice M. Cotterell, ingeniero y científico independiente británico reconocido por su trabajo en el ámbito de la ciencia alternativa y el desciframiento histórico, quien desarrolló un método para calcular la duración de las inversiones magnéticas del sol. Cotterell quedó fascinado al darse cuenta de que los ciclos mayas de evolución humana correspondían notablemente con sus ciclos de manchas solares de emisiones magnéticas, incluso a lo largo de miles de años.  

La investigación de Maurice Cotterrel llamó mi atención sore las constantes noticias sobre las tormentas solares en los últimos años, cada vez se han incrementado y muchas veces más fuertes, afectando las comunicaciones al interferir las frecuencias electromagnéticas.

El ciclo solar alto que estamos viviendo comenzó oficialmente en diciembre de 2019, con el inicio del Ciclo Solar 25. A partir de 2020, la actividad solar (manchas, erupciones y tormentas) fue aumentando progresivamente, hasta llegar al máximo alrededor de 2024–2025, que es el período de “ciclo solar alto”. En una rueda de prensa del 15 de septiembre de 2020, expertos de la NASA y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) discutieron sus análisis y predicciones sobre el nuevo ciclo solar y cómo el próximo repunte de la meteorología espacial afectará nuestras vidas y tecnología en la Tierra, así como a los astronautas en espacio.

Al darme cuenta que la astrofísica podría estar llegando a similares descubrimientos a los realizados por los mayas hace muchos siglos, me incitó  a explorar más sobre el tema y encontré  un documento con información del  investigador ruso A. L. Chizhevsky, quién encontró muchas más conexiones entre la civilización humana y los ciclos solares y propuso  que no solo las tormentas geomagnéticas resultantes de las erupciones solares relacionadas con las manchas solares afectaban el consumo eléctrico, los accidentes de avión, las epidemias y las infestaciones de langostas, sino también la vida y la actividad mental humana. Un aumento de la ionización negativa en la atmósfera incrementaba la excitabilidad masiva humana. Chizhevsky propuso que la historia humana está influida por los picos de once años en la actividad de las manchas solares, lo que provoca que las masas actúen sobre agravios y quejas existentes mediante revueltas, revoluciones, guerras civiles y guerras entre naciones.

Al terminar de completar el puzle de elementos que me llevaron desde Guija a las guerras, tragedias y tormentas solares, me fui al Cerro de las Figuras a realizar una pequeña ceremonia y reflexionar.
Fueron los glifos del Quinto Sol grabados en las piedras grabadas con los símbolos ancestrales los que me revelaron un mensaje que viaje a través del tiempo y de las estrellas para decirnos que nuestra era está marcada por sucesos extraordinarios propios de una transición. Un dato curioso que encontré al revisar una antigua libreta de apuntes me quedé leyendo las anotaciones que había hecho el último día del Baktún 13: 12-21-12. Al ver la anotación del a fecha, en mi mente aparecieron tres números tres. El número 3 tiene una presencia profunda y estructurante en el pensamiento cosmogónico maya. Aparece como principio organizador del universo, del tiempo y de la existencia misma. 

Al terminar de completar el puzle de elementos que me llevaron desde Guija a las guerras, tragedias y tormentas solares, me fui al Cerro de las Figuras a realizar una pequeña ceremonia y reflexionar. Ahí frente a las piedras con glifos de nuestros ancestros recordé lo que me dijo tata Nicolás, que nuestros ancestros mayas no nos heredaron una "profecía del fin del mundo" sino simplemente registraron el pronóstico del cierre de un gran ciclo cronológico. 

Estamos entrando a una nueva era (Inteligencia artificial, nuevo orden mundial) y nuestras generaciones son privilegiadas al ser testigo de un cambio de era, la mía tiene el privilegio de ser testigo de un cambio de siglo, de milenio y de una de una era de 5125 años. Un  privilegio agridulce porque nos toca ver las barbaridades  en momento de la historia de la humanidad en la que ya no tenemos pretextos para vivir esa torpe brutalidad que provoca el sufrimiento de centenares de miles de víctimas. 

Encuentro una esperanza en los libros del Chilam Balam cuando dicen que el 13 Ahau destruirá "el gobierno de los chupadores". El término "chupadores" (o ajts’u’utso’ob en maya) es una metáfora severa utilizada para denunciar a los opresores y explotadores del pueblo maya, a quienes define como los aduladores chupan el poder, los que chupan los recursos del pueblo, se pegan como parásitos al gobernante de turno y medran a costa de otros. 

Por eso me consuela que todo esto sea solo una transición y que los mayas tengan razón en que estamos empezando un nueva era. Después de pasar innumerables sufrimientos vendrá un tiempo de liberación y justicia y no se perderá esta guerra porque esta tierra volverá a nacer.




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La eternidad en un instante



La eternidad en una gota de rocío 

Y el paraíso en una sonrisa

Hay que abrir las ventanas a la felicidad

Y abrazar el dolor para dejarlo ir


Contemplando veredas sin recorrido

Caminado senderos a lo desconocido.

En la búsqueda me encuentro

Yo era el que estaba perdido 


La fuerza bruta no puede conmigo

Porque el agua arrastra con suavidad 

La inteligencia es líquida y la torpeza dura


Amaneces después de una noche bella

Buscando los sueños que huyeron

Con las primeras luces del día..


Sin saberlo, había explorado la ruta 

Que en el mapa tiene mi propósito y mi destino

Que los abuelos en las estrellas  marcaron.

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El costal de cabezas


Sobre una mesa rústica de madera yace una cabeza recién cortada, la sangre escurre por  las hendiduras de las tablas, los ojos fijos hacia el norte, hacia la montaña Montecristo, donde nació, creció y ahí donde hizo carrera como matarife profesional al servicio de la seguridad del Estado.

Estaba trabajando de vigilante en una construcción a la salida de Metapán. Ahí llegaron dos hombres, parecían hermanos o tal vez primos. No le dieron tiempo de sacar su 48. Primero dispararon al perro, en segundos le cayeron las balas. Todavía con vida le cortaron la cabeza con un machete deslumbrante de filo, como el que él mismo usó con sus víctimas para llevar el comprobante de su trabajo al jefe del destacamento.
 
Era 1994, el año en el que los protagonistas de la guerra se enfrentaban en otro cuadrilátero. Magdaleno, un esforzado miembro paramilitar que destacó por su macabra labor eliminando presuntos miembros o simpatizantes de la guerrilla, había tenido que desempeñar distintos trabajos al finalizar la guerra, pero con lo que más se sentía cómodo era con aquellos que tuvieran que ver con el uso de armas. Hacía unos meses había sido contratado como vigilante cumpliendo su buscado deseo desde que tuvo que dejar atrás su antiguo oficio de sicario.
 
El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán. El himno del partido de gobierno. Más que una consigna, para él era un mandato tatuado en su cerebro y los rojos podían ser cualquiera, desde el que se negaba a ser reclutado, a los que murmuraban algo contra el gobierno o los que simplemente estaban en el lugar y el momento equivocado.
 
Magdaleno vivía en el caserío El Carrizalillo,  pero la base del grupo paramilitar estaba  en San José Ingenio, el más grande y donde está el casco colonial de lo que fue la hacienda de la familia Mancía. De ahí, los paramilitares controlaban toda la zona del macizo montañoso.
...vio que llevaba un costal por el que escurría sangre y alcanzó a notar que el cargamento era de cráneos porque en el tejido de yute se esculpían algunas partes de rostros y las manchas de sangre en el costal.
Fue a mediados de los años 80 cuando en uno de sus recorridos como guardabosques, mi tío Toño lo encontró en el camino de San José Ingenio al Rosario, lo saludó y vio que llevaba un costal por el que escurría  sangre y alcanzó a notar que el cargamento era de cráneos porque en el tejido de yute se esculpían algunas partes de rostros y las manchas de sangre en el costal.
Llevaba los trofeos para demostrar el resultado de su trabajo, pero esa vez tuvo una gran reprimenda. Habían cambiado al comandante del cuartel. El nuevo no veía necesario que presentara su cosecha macabra, peor aún, lo veía como una grave falta, porque podría darles problemas si llegan a enterarse los de los derechos humanos o la iglesia, esos que le dan armas a los terengos. Los ofendidos nunca olvidan, la mayoría nunca perdona, pero hay algunos que no se quedarán sin cobrarse la ofensa, decía mi papá, que había dejado su propia cuenta por cobrar. A él le mataron un hermano en la montaña. Eso fue mucho tiempo antes de la guerra. Cada 31 de diciembre por la noche cuando el sonido de los cuetes iba en aumento y los tragos de licor habían calentado la cabeza, se ponía muy mal y empezaba a decir y a gritar que iba a ir a buscar al asesino, llorando y maldiciendo lo acostábamos para que no fuera a salir, aunque no podía ir a buscar al asesino porque ya no vivíamos en Metapán,  y, porque a lo mejor, el asesino también estaba muerto. Mi papá era un niño cuando mataron a su hermano, quien trabajaba como aserrador y fue contratado en el caserío El Panal para aserrar unos árboles. El cliente lo llevó a donde haría el trabajo y le ordenó cavar una fosa donde lo dejó enterrado. Dicen que porque se había enamorado de su hija. El cuerpo fue encontrado a las dos semanas.

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Revelación en el altar maya



Escena de novela La Danza del Solsticio.

        Empezaban a aparecer los primeros rayos del sol cuando llegaron a la cima del cerro. En un pequeño claro del bosque, los primeros en llegar ya habían limpiado la hojarasca y formado un tapete con hojas de pino. Después de colocar todos los materiales ceremoniales, prepararon el altar: con azúcar formaron un círculo y, en medio, la cruz maya —un cuadrado central del cual se extienden cuatro brazos iguales, formando una cruz de brazos iguales— que representa la Tierra y las cuatro esquinas del universo. En su significado espiritual más profundo, simboliza el árbol sagrado de la vida, que conecta los tres planos: el inframundo, el plano terrenal y el plano celestial.

Después colocaron velas en los cuatro puntos cardinales, cada una de un color diferente: blanca, roja, negra y amarilla. En el centro dispusieron puros, rajas de ocote, velas delgadas de diversos colores, estoraque y chocolate. Los chamanes encendieron las cuatro velas y luego pusieron fuego al centro, donde habían colocado un rollo de velas y astillas de ocote. La llama fue creciendo con potencia. En ese momento comenzaron a ofrendar incienso, cuyo aroma subía hasta las copas de los árboles, cúpulas verdes que se abrían hacia los cielos.

Abajo, los participantes de la ceremonia milenaria se imbuían en una atmósfera cargada de símbolos sagrados, colores intensos y el olor de los dioses. Incluso Martín y Felipe, con más experiencia en rituales mayas, quedaron sobrecogidos por la vivencia mística. Una energía impresionante recorrió cada nervio del cuerpo de Sochi, y pensó que, ahora sí, estaba redescubriendo su espiritualidad.

La brisa fresca de la montaña, el incienso, el fuego y el fervor de quienes participaban encendieron en ella una llama interior. Sentía que conectaba con sus raíces, su lengua, su historia, la lucha de sus antepasados. Observó a sus compañeros alrededor del fuego y a las llamaradas que danzaban hacia los cuatro puntos cardinales y luego se levantaban con fuerza en el centro. Una sensación extraña pero agradable invadía sus sentidos, veía el entorno de otra manera, con una potente claridad. Los cipreses alrededor eran testigos imponentes de aquella ofrenda a los ancestros en esa montaña sagrada y en sus ramas los pájaros cantaban alegres.

La invocación de los 20 nahuales se hizo primero en quiché; luego, otro ajq’ij explicaba en español para los invitados. Cuando terminaron, el tata Felipe se dirigió al grupo:
—Hoy estamos dando paso a un nuevo año en el calendario sagrado maya…
Al final de la ceremonia, apartaron a algunos jóvenes. Los sentaron alrededor de una manta de colores. En el centro había frijoles de distintos tonos. Frente a ellos, un anciano con un pañuelo rojo en la cabeza y un bastón de madera.
—Hay algo que te preocupa —le dijo mirando a Sochi.
—No —respondió ella, tímidamente.
—¿Segura? Aparece en el Cité y en tus ojos.
—Es que quiero estudiar en la universidad, y también quiero seguir siendo parte de esto.
—No te preocupes. Sigue tu camino. Vas a ir a la universidad, y pronto se te va a revelar tu misión. Encontrarás la puerta a un nuevo mundo.
El abuelo le dio un collar con un colgante de jade.
El signo No’j, que te engendró, te da el conocimiento, la inteligencia, la sabiduría.

—Usalo. En él está grabado el gran abuelo Kan. Tenés una gran misión: romper ciclos de dolor en tu familia y en tu comunidad. Las personas que tienen tu nawal son sabias, fuertes ante la adversidad, con dones de liderazgo. El signo No’j, que te engendró, te da el conocimiento, la inteligencia, la sabiduría. Kawok, que rige tu hemisferio derecho, te da una vida familiar profunda y rica. Pero también puede generar dependencia. Tenés que soltarte un poco de tu familia para que puedas volar y dar a los demás lo que aprendas desde tu propio camino.

Sochi regresó con los demás con una sensación confusa. Sentía en el pecho el orgullo por la confianza que los tatas principales habían puesto en ella, y también el temor ante lo que se imaginaba como un gran desafío, una enorme responsabilidad. Sobre todo, le inquietaba eso de alejarse un poco de la familia. "¿Fue así como lo dijo? ¿Tendría que alejarme de mi mamá?", pensó. Empezó a bajar de la montaña junto al grupo, con el aroma a incienso impregnado en sus ropas y la imagen del fuego sagrado impresa en su mente.




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Versos en venta



Sentado en una banca del parque central, después de leer unas veinte páginas de Las Flores del Mal, vio al teatro, justo cuando los últimos rayos del sol caían sobre su fachada.  Miró a un costado. El dibujante había terminado de hacerle un retrato a un cliente, no alcanzó a ver cuanto pero al notar que no habían sido monedas intuyó que había sido un buen pago. Y si pudiera vender poemas, pensó. Tomó su libreta que andaba en su morral y empezó a garabatear unos versos, después de escribir unos catorce endecasílabos, vio de nuevo a su vecino, el dibujante  que estaba con otro cliente. Se puso a pensar en sus versos: Si ni los leen gratis, mucho menos los podré vender y que tal si le agrego algo que atraiga a la gente a comprarlos, después de todo, que tendría de mal aplicar una estrategia de mercadeo a mis poemas.

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