"Porque sabes que a veces las palabras
tienen dos significados"
Led Zeppelin, Starway to Heaven
Es viernes y quisiera estar ya con sus hijos. El tráfico se detiene;
después de unos tres minutos en el mismo lugar avanza un poco para volver a
detenerse. “Qué fastidio, y eso que voy en vehículo”, pensó, tratando de
darse ánimo. “No me debo quejar si me ha tocado viajar en esos buses
repletos de gente. A veces no lograba asiento y me dormía parado, agarrado
de uno de los dos barrotes que atravesaban el bus. Me despertaba,
avergonzado, cuando las rodillas se me doblaban y topaban en las piernas de
otro pasajero.” Estaba en esos recuerdos y no se dio cuenta de que los
vehículos de adelante habían avanzado. Se pone en marcha de nuevo, para
detenerse diez metros más adelante. Su mente también dio marcha adelante
y contempla su presente como un profesional que ni sus padres
imaginaron que llegaría a ser. Su padre le decía que con que aprendiera a
manejar, de motorista podría ganarse la vida. Y ahora, quién lo diría:
Javier Ignacio Leiva, asesor jurídico, decía pomposamente su tarjeta de
presentación con el membrete de Casa Presidencial. Sabe que su padre, aunque
no se lo diga, seguro que está orgulloso de él.
Para minimizar el hastío de conducir a vuelta de rueda, enciende
la radio y busca en el dial una emisora con programación de canciones de los
años 70 y 80. Con la música del recuerdo olvida el aburrimiento y al
sonar Patience de Guns and Roses, se imagina tocando una guitarra Gibson Les
Paul Standard 1959 , aunque realmente lo que está oyendo es la J-45, la
guitarra acústica de Gibson, que Slash utilizó en el estudio para grabar esa
canción. Lo sabe pero prefiere imaginar la icónica guitarra que han
usado los grandes del Blues y el Rock and Roll, porque desde que vio a
Lucille, no deja de aspirar a llegar a tener una como ella.
Por más pomposa que fuera su tarjeta de presentación, no era lo que había soñado y Slash se lo recordaba ahora con esas maravillosas notas arrancadas de una guitarra acústica...Por más pomposa que fuera su tarjeta de presentación, no era lo que había soñado y Slash se lo recordaba ahora con esas maravillosas notas arrancadas de una guitarra acústica en el acompañamiento armónico y en la melodía de los solos que con una sutileza y control melódico expresaban tanto o más que la letra de la canción. Se preguntó qué habría pasado si no hubiera dejado la música y se arrepentía de haber menospreciado la guitarra acústica cuando en la Escuela Municipal de Música, estaba aprendiendo a tocar con el profesor Tobanche, quien solo enseñaba boleros, lo que le decepcionaba porque sus amigos querían oírlo tocar heavy metal.
Los últimos rayos de sol coloreaban de amarillo y naranja el tupido
ramaje en lo alto de las dos crestas del cerro, entre las cuales pasaba la
carretera. Apagó el aire acondicionado del carro y bajó los vidrios de las
ventanas delanteras para sentir la frescura natural del final de la tarde.
El ruido ambiente no le permitió disfrutar plenamente la música, así que
decidió subir de nuevo los vidrios para escuchar la canción y cantar el coro
a todo pulmón: “All we need is just a little patience”. En ese momento el
tráfico se despejó y comenzó a avanzar rápido, aceleró y adelantó a gran
velocidad en las últimas curvas de la bajada de los Chorros. La alegría le
duró poco. A la altura de Lourdes estaba de nuevo la trabazón; otros veinte
minutos de calvario. Ahora sonaba la canción November Rain. Puso la palanca
en neutro y accionó el freno de mano. Con el carro detenido, imaginó
el movimiento de los dedos en la guitarra: los hammer on, pull off y doble
stops combinando notas de la escala pentatónica. Con su mano izquierda
recorrió el mástil y con la derecha empuñó una púa imaginaria martillando el
diapasón de una guitarra también imaginaria. A un costado de la carretera,
unas enormes letras en una valla le decían: “El miedo es la valla más alta”.
En lugar de los zapatos deportivos, imaginó una guitarra eléctrica. Tuvo que
tomar el timón de nuevo porque los vehículos avanzaron nuevamente.
Llegó a casa cansado de luchar contra más de dos horas de tráfico y de
las largas reuniones en la oficina. Su esposa había llegado antes y estaba
terminando de preparar la cena. Se sentó en la sala a ver su canal favorito,
Concert Channel, transmitían un concierto de Led Zeppelin y en ese
momento, Jimmy Page tocaba con una guitarra Gibson de 12 cuerdas el solo de
Stairway to Heaven, sin darse cuenta había cerrado los ojos. La melodía lo
llevó de la mano por mundos oníricos hasta que la voz de su esposa lo bajó
del cielo para que fuera a cenar junto a ella y sus hijos de 6 y 8 años.
Hablaron de cómo les había ido en la escuela; su hijo mayor tenía una tarea
sin terminar para el día siguiente. Después de cenar, él lavó los trastos y
ayudó a su hijo con la tarea.
Más tarde, mientras su esposa y los niños veían televisión, fue
a tomar la guitarra acústica que tenía en un rincón, la sacó de su estuche y
se fue a su cuarto. Al afinar la guitarra, recordó la primera que
tuvo: la había comprado a un artesano ex combatiente que hacía
guitarras y tenía su taller en la Colonia Río Zarco, con los ahorros de lo
que había ganado en las vacaciones como ayudante de peones de camión en un
beneficio de café. Terminó de afinarla y empezó practicando un
par de escalas, luego repasó la intro y unas estrofas que había aprendido de
“En algún lugar” y la canción “Wish You Were Here”, trataba siempre de
aprenderse canciones en inglés para aprovechar doblemente el tiempo el
tiempo: aprender música y practicar otro idioma.
Después de una media hora, puso la guitarra sobre la cama y
pensó: ahora tengo una buena guitarra (una Fender electroacústica) pero no
tengo un espacio adecuado para estudiar y practicar música. Siempre
había soñado con crear canciones; de hecho, cuando era un adolescente había
escrito unas cinco canciones, aunque tres de ellas estaban incompletas. Tomó
de nuevo su guitarra y puso en su laptop un video tutorial de como
tocar Patience. Cerró la habitación porque su mujer se burlaba de su
voz y los hijos le seguían la corriente, sobre todo el mayor y eso le
inhibía; le salía peor porque al bajar la voz desentonaba más.
Cuando sentía vergüenza tocaba la Bamba, que la tocaba bastante bien y,
según creía, no la cantaba tan mal. Pero esta vez con la puerta
cerrada, al compás de los acordes de la guitarra, cantó con pasión:
"Said, woman, take it slow
It’ll work itself out fine
All we need is just a little patience
Said, sugar, make it slow
And we come together fine
All we need is just a little patience"
Si la noche que buscó un bar en el que tocaran blues en vivo, hubiera tenido la información con que ahora cuenta y haber tomado la decisión de quedarse sin cenar para poder pagar la entrada, seguramente hubiera ido al Buddy Guys Legends o al House of Blues de Chicago.Dejó de tocar y puso en la radiograbadora un CD con los clásicos del blues que hacía años trajo de un viaje a Chicago. Empezó a sonar Ask Me No Questions de B.B. KIng y lamentó, como tantas otras veces, no haber podido ver en vivo a un grupo de blues estando en la meca de esta música. Si la noche que buscó un bar en el que tocaran blues en vivo, hubiera tenido la información con que ahora cuenta y haber tomado la decisión de quedarse sin cenar para poder pagar la entrada, seguramente hubiera ido al Buddy Guys Legends o al House of Blues de Chicago.
Desde que decidió terminar la carrera de derecho y dejar los estudios
de música tenía claro que eso solo había sido un sueño de adolescente,
aunque en su inconsciente, la música se resistía a abandonarlo y resurgía en
los momentos más inoportunos o más oportunos, desafiando su zona de
confort como cuando se compró la guitarra acústica para tocar los pedazos de
canciones aprendidas en sus años de estudiante de música. Solo
tocaba en casa, tenía pavor a tocar en público. O como cuando en la
oficina, mientras elaboraba un escrito para una propuesta de regulación
sobre la industria cultural que habían discutido con el equipo asesor del
Ministerio de Economía, divagaba sobre composición y armonía;
decidió dejar de lado un rato su trabajo y buscar en internet información
sobre teoría de la música y encontró dos libros de teoría de la música del
Berklee College of Music.
Al regresar de un paseo con su familia por la Ruta de las
Flores, cuando pasaban a la altura de Los Naranjos, se les ocurrió
pasar a cenar al restaurante Kaltepet. Entraron al lugar cuando la tarde se
despedía con los últimos rayos del sol que salían detrás del cerro El
Águila, dando las últimas pinceladas a la cima del volcán Ilamatepec. Pronto
la oscuridad terminó de cubrir todo el paisaje y la noche se llenó de
neblina. El clima estaba fresco pero adentro había un ambiente cálido,
amenizado con música en vivo.
Cuando se dirigían a una mesa disponible, se dio cuenta que el músico
que estaba tocando era un amigo, un ex compañero de la Escuela
municipal de Música de Santa Ana, en aquellos tiempos que funcionaba en la
segunda planta del Palacio Municipal. En un receso llegó a saludarlo y le
dijo que le iba a presentar a otro amigo músico. Al saludarlo lo reconoció:
habían sido compañeros en el Centro Nacional de Artes. Les presentó a
su familia y se pararon a un costado a platicar. Javier se acercó a ellos
inclinando su cabeza para poder escucharles. Mientras veía una fogata que
iluminaba el oscuro jardín y al fondo las sombras de los árboles hacían una
valla como centinelas gigantes, escuchó la invitación a integrarse al grupo
de música que ellos estaban conformando. Entre sorprendido y halagado
no encontraba qué responderles, después de dudarlo un instante, les dijo que
no estaba listo. Ellos le pidieron que lo pensara y le dieron un
tiempo para decidirse y para practicar.
Después del encuentro con sus amigos músicos, retomó las
prácticas de guitarra todos los días, aun con el cansancio del viaje de
regreso a casa y del tráfico cada vez más complicado, al final del día
apartaba unos minutos, aunque muchas veces tenía que posponerlas porque
había que ir donde los suegros, había que ayudarle a los hijos a preparar
las tareas para el siguiente día, había que llevarlos a la cancha un rato
para que votaran energía y pudieran dormirse tranquilos, …en fin.
Una de esas noches en las que por fin había logrado apartar un momento
para su práctica musical, estudiaba los patrones de ritmo presionando con la
izquierda todas las cuerdas para apagar en el sonido y moviendo la
mano derecha hacia abajo y hacia arriba de acuerdo a cada patrón, siguiendo
las indicaciones que había apuntado en una libreta, cuando escuchó el grito
de su esposa.
––Mucho ruido haces, no dejás de oír.– Estaba viendo una
telenovela que había visto unas trece veces.
Dejó de tocar la guitarra y tomó el teléfono móvil, buscando unas
palabras en la aplicación de diccionario inglés español
-Ya estás chateando con tus amigas. –Su esposa se había levantado, se
dirigió a la cocina y pasó viendo lo que hacía.
Esas palabras provocaron un cambio brusco en su rostro, en segundos
pasó de unas facciones relajadas y armoniosas a una tensión en los
músculos faciales, sus labios entreabiertos se cerraron y sus ojos
brillantes y vagos enfilaron una mirada fija desafiante. La dopamina que la
música le había liberado se fue huyendo. No dijo nada, simplemente
dejó el teléfono y puso The Thrill is Gone, un himno del blues en la
inconfundible voz y guitarra del gran B.B. King.
Al día siguiente su esposa había regresado decepcionada de su
trabajo. Laura Santana es licenciada en Trabajo Social y en los
últimos años se había especializado en políticas de género y
trabajaba en un proyecto para una ONG financiado por la cooperación
internacional, con el objetivo de dar educación a los hombres sobre la "Ley
Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres". Cuando
estaban cenando su esposa le comentó lo alarmante de los datos de
violencia contra las mujeres en el país y de lo triste porque están
desmantelando la pequeña institucionalidad que trabajaba para combatir ese
problema social. En esos días ese tema salía frecuentemente en las
conversaciones.
––La violencia machista está fuera de control con un gobierno
desmontando instrumentos que se tenían para combatir este grave problema
social y revirtiendo los pocos avances que se tenían.
––¿Por qué cada vez se oye mencionar menos feminicidios?
–Porque tu gobierno los está ocultando.
–– y ¿cómo?
–– Hay muchas desaparecidas, víctimas enterradas en cementerios
clandestinos, cuando las encuentran no las registran en las estadísticas.
Se quedaron los dos en silencio. Quería ser empático con la válida
preocupación de su mujer, pero en su cabeza, la música le llamaba a cumplir
con su compromiso recién adquirido o recién renovado.
––Buen provecho––, le dijo y se fue a su rincón, donde tenía una
pequeña mesita que ocupaba de escritorio, una laptop y a un lado una
librera. Abrió la portátil y buscó en internet guitarras.
–– No vas a decir nada de eso–– Le reclamó su esposa.
–– Qué querés que te diga. Es preocupante, se que hay un retroceso y
la lucha por los derechos es más difícil.
––Por eso voy a renunciar a este gobierno.
Ella se quedó viendo, adivinando si lo decía en serio.
La propuesta de sus amigos músicos, le motivó a comprarse una guitarra
eléctrica para ensayar con la esperanza de integrarse al grupo, pero ante el
complicado escenario para practicar, mejor se lo pensaba más de dos
veces y también estaba el tema del presupuesto, pero un día después de
salir del trabajo fue a un par de tiendas especializadas en instrumentos
musicales, se detuvo con más tiempo en la Casa instrumental, que le
pareció la tienda de instrumentos musicales más completa del país.
Aunque vio varias guitarras con precios asequibles, se enfocó en revisar las
Fender y sobre todo las Gibson.
Cuando el dependiente se le acercó, solo acertó a preguntar por una
que su mente tenía presente. Andaba en busca de una Gibson 1959. El
dependiente se le quedó viendo con una cara que le decía: este no sabe lo
que anda buscando.
– Quiere decir Gibson Custom 1959 Les Paul Standard Reissue porque la
original 1959 solo venden para colección y valen arriba de 700 mil dólares.
–Ehh, lo que quiero decir es…
–La Gibson Custom 1959 Les Paul Standard Reissue, es una versión
moderna de ese modelo, pero esas guitarras cuestan entre cuatro y diez
mil dólares. Y no tenemos.
Ni yo tampoco ese dinero, pensó Javier.
–Pero le puedo mostrar una que es una buena réplica.– Se dirigió al
fondo, puso una escalera y bajó una preciosa guitarra color ámbar, que se
degrada hacia bordes más oscuros como marrón y negro, resaltando las vetas
del arce flameado.
– Esta es la 1959 Les Paul Standard Factory Burst, con cuerpo de caoba
con tapa y chapa de arce. Esta es una réplica moderna inspirada en el
icónico modelo Gibson Les Paul de 1959.
– Y esa ¿cuánto cuesta?– Se atrevió a preguntar
–Esta guitarra está en oferta. Si la lleva ahora le cuesta mil
novecientos noventa y nueve dólares.
Se decepcionó que no vendieran una original Gibson, aunque de todas
maneras no le alcanzaba el dinero para comprarla. Quería que en la cabeza de
la guitarra apareciera el nombre de Gibson y no Epiphone. Por clavazones
como esa su mujer le decía que era autista.
Le dijo al vendedor que iba a regresar y se fue pensando en que lo
importante era tener una buena guitarra eléctrica con sus accesorios.
De esa forma se consoló y puso de nuevo cara alegre para entrar a la oficina
donde trabajaba. Ahí conversando con un compañero de trabajo, le contó su
aventura en la tienda de guitarras y le explicó que su amor por las
Gibson es culpa de Lucille. "Desde que la vi por primera vez. Fue en el
viaje a Chicago, en una tienda de discos, compré un álbum llamado “Live at
the Apollo”, una grabación de B.B. King en el Apollo Theater, de 1991.
Su compañero no entendía mucho de guitarras ni de músicos de Blues,
pero seguía atento a la historia, así que Javier también le contó que
muchos años después, reafirmaría ese amor al verla en el video del
concierto de 1993 en el Apollo Theater de Nueva York en las manos de B.B.
King quien aparecía al centro de las otras leyendas del Blues Jeff Beck,
Eric Capton, Albert Collins y Buddy Guy. Todos con sus con sus Fender
y al centro BB King con su Lucille, liderando el escenario y las melodías.
–¿Cómo fue que te llegó gustar la música blues?. Le preguntó su
compañero, mientras archivaba unos memorándums .––En ese momento sonó el
teléfono del escritorio de Javier
–Perame que tengo una llamada. Aló, sí Licenciado, en la tarde le
mando el informe.–Colgó y se dirigió al compañero: Pues sí me decías
– Que como es que te fue gustando esa música
– Después de estudiar la historia del Jazz y del Blues he llegado a la
conclusión que esa música tiene conexión espiritual conmigo.
Imaginate, desde los trece años trabajé en el campo cortando
zacate para vender por manojos a ganaderos con el que alimentaban su ganado.
Por eso te digo que desde que empecé a escuchar esas melodías me
provocaban un sentimiento profundo y sabés por qué, porque esa
música es la que crearon los negros en las plantaciones del sur de Estado
Unidos mientras trabajaban. Su sonido triste y melancólico con voces
ásperas y expresivas tiene una gran carga emocional…––Javier se quedó en
silencio, recordando. Una secretaria entró a la oficina y le entregó unos
papeles, trayéndolo de nuevo al presente. Su colega retomó la
conversación.
– Siempre quisiste ser músico o es una pila que te ha dado ya de
grande. Yo, cuando era pequeño, quería ser piloto, cuando veía pasar los
aviones me imaginaba que yo iba de piloto y mis juguetes favoritos eran un
avión que me regaló mi tía y los avioncitos de papel que había aprendido a
hacer.
– Bueno, la música fue mi compañera desde la cuna. Era la compañía de
mi madre mientras cocinaba de madrugada y como yo no aceptaba quedarme solo
en cama, mi mamá me ponía en una canasta junto a la cocina. Así
que mi formación musical inició con corridos y rancheras y luego boleros,
música que aborrecí en la adolescencia, tal vez por haber sufrido la burla
de sus compañeros de escuela, que le decían camoneño, esa palabra era como
algo denigrante así como decirle campesino, no eran insultos pero si era
usado para denigrar, curioso porque los compañeros eran niños que venían de
familias de clases populares, pero se sentían un nivel por encima en la
escala social, no se por qué. Después, cuando ya pude elegir mis gustos, me
orienté a la música en inglés porque escuchaba las radios juveniles de ese
tiempo. Y más adelante pude ampliar mis gustos y mi catálogo con el acceso
que permitió el internet desde sus inicios. Vos quizá no recuerdas una
plataforma para compartir música, fue la primera de intercambio de
archivos,se llamaba Napster. Así pude hacerme de una mejor
colección de música blues descargando archivos pirateados. En esa plataforma
me hice amigo de una melómana turca que me recomendó y me compartió
mucha música . Así empecé con los grandes del Jazz como John Coltrane,
Charlie Parker, Telonious Monk, Nina Simone y claro los clásicos como
Louis Amstrong y Ella Fitzgerald. ¿No has oído obras maestras como In
a Sentimental Mood en la versión en dueto de Duke Ellington de John Coltrane
y Charlie Parker o Kind of Blue de Miles Davis?. No sabes de lo que te estás
perdiendo.
Pero me preguntabas sí siempre quise ser músico, pues desde pequeño
soñé con tocar la guitarra y pude tener una hasta que gané para comprarla,
quería ser el segundo John Lennon, creo que tenía seis o siete años cuando
ya me imaginaba siendo un músico famoso actuando en un escenario.
Antes de salir de vacaciones de Semana Santa, las actividades del
trabajo habían disminuido lo que le dio tiempo para pensar en
sus sueños y un día se tomó un par de horas y regresó a la tienda de
instrumentos decidido a comprarse la Gibson con su tarjeta de crédito. Entró
a la tienda como cuando niño iba con diez centavos, que le habían regalado,
a comprar un par de dulces, se dirigió directamente a la sección de
guitarras. Estaba buscando con la mirada la que más se parecía a su ansiada
Gibson. Cuando le acercó un vendedor, le señaló una de las guitarras y le
preguntó tímidamente por la que se parecía a su ansiada
Gibson original.
–Quiero ver esa– dijo señalando la Les Paul Estándar que le había
mostrado la semana anterior.
El vendedor la bajó y se la dio en las manos preguntándole si
quería probarla…vio a todos lados y mejor dijo que no. Javier interpretó la
mirada del vendedor como de menosprecio porque consideraba que no podía
tocar una guitarra y porque no tenía el dinero para comprarla. Tenía pena de
tocarla y sintió un enorme impulso a comprarla, para demostrarle al vendedor
que podía darse ese gusto y porque realmente quería tomar el desafío de sus
amigos con una guitarra que le inspirara. Sabía que era un enorme gasto para
su presupuesto, aunque con la tarjeta de crédito podía comprarla.
Al llegar a casa con esa deslumbrante guitarra, su esposa le preguntó
cuánto había gastado en eso. Él le contestó que estaba en liquidación y
había aprovechado la oferta, le había costado 500 dólares y
normalmente valían más de mil dólares. Sus cejas y párpados subieron
enfatizando los de por sí ojos grandes de su esposa y dijo:
¡Demasiado dinero para un juguete de adulto!. Pero las verdaderas
consecuencias de su impulso las empezó a ver la semana siguiente. No pudo
pagar la colegiatura de su hijo mayor. La ventaja es que su mujer no se
enteraría porque la entrega de notas sería hasta al siguiente mes y para
entonces ya esperaba poder ponerse al día. Seguía sorteando las
posibilidades que su mujer descubriera el verdadero monto gastado en su
guitarra.
Los cortos momentos tocando su guitarra, así como cuando simplemente la
apreciaba en una esquina de la sala, en la que reinaba como en un
altar, le hacían olvidar sus remordimientos por el dinero gastado.
Ahora tenía otro inconveniente: el sonido era más fuerte cuando
ensayaba. Cuando su mujer no estaba aprovechaba para practicar y darle
sin inhibiciones a las cuerdas. En esas estaba cuando regresó su mujer
y no más entró vio que venía echando chispas. Sin más preámbulo le
preguntó qué le había pasado con la tarjeta de crédito. Como no pagó la
cuota de la tarjeta le estuvieron llamando y el problema es que cuando él no
contestó, llamaron a su esposa. No supo qué decirle. Ya no fue
necesario, ella lo dedujo rápidamente: fue por esa maldita guitarra. La
tensión quedó como gas propano en el aire, una pequeña chispa podría causar
una explosión. Para escapar mientras la tormenta pasaba, le dijo a la niña
que fueran a caminar un rato. Cuando regresaron la tensión había bajado,
pero anduvo con cuidado con lo que decía.
Después del inconveniente sus ensayos se volvieron tensos ante los
continuos ataques por culpa de la compra de su ansiado instrumento, y la
esperanza de aprovechar el fin de semana para avanzar en sus estudios
musicales se desvanecían cada semana. Los sábados se iba en hacer los
trámites pendientes, generalmente por las mañanas en medio de un gran
tráfico que hacía que una pequeña vuelta se convirtiera en horas y no
alcanzaba para hacer más cosas, también iba al super y visitaba a sus padres
y acompañaba a sus esposa a visitar los suegros, el domingo le quedaba un
poco de tiempo al final de la tarde, lo que ocupaba para leer y para
practicar la música.
Un domingo por la tarde tomó su guitarra y comenzó a componer una
canción. A su cabeza habían llegado unas ideas musicales que empezaba a
materializar, escribiéndolas y tocándolas. Estaba contento de como la
melodía que sonaba en su interior y con las notas que poco a poco iba
desgranando en las cuerdas de la guitarra.
–– Javi deberías ayudarme con la limpieza, yo ya lavé los trastes…pero
no! No es ayudarme. Es tu obligación…
Mientras lavaba los trastes, venían versos a la cabeza que encajaban
en la melodía que estaba creando. Después de terminar se puso a la
computadora a escribirlos, los recordaba pero en el papel ya no le gustaba
como cuando le vinieron a la mente. En eso estaba cuando escuchó la voz de
su esposa, se levantó y fue donde ella.
Al día siguiente, salió temprano a dejar a sus hijos al colegio y
luego pasó a desayunar, se terminó de arreglar y cuando se disponía a
despedirse de su esposa, esta le dijo: "Que guapo vas para el trabajo",
viéndole de pies a cabeza. Esa expresión pudiera ser un lindo cumplido
o una frase neutra, pero con el tono que ella le imprimió, Javier
captó en el instante el significado o sus significados.
–Es que tengo una reunión en oficina con funcionarios y
empresarios.––Simplemente vestía más formal que lo normal, con camisa manga
larga y saco pero sin corbata , aunque trabajaba en el área jurídica donde
la formalidad era la regla, el siempre desentonaba un poco y el jefe
continuamente le reclamaba por ello.
Llegó a la oficina justo a tiempo para empezar la primera reunión y
después de una pausa, mientras se preparaba para la siguiente, le habló
Melvin, el tecladista del grupo, preguntándole si estaba listo para
incorporarse a los ensayos. Les pidió más tiempo, no se sentía seguro
todavía con la guitarra. El amigo le dio un ultimátum, no podían
esperarlo más tiempo, tenía dos semanas para incorporarse.
En esas dos semanas intensificó sus prácticas y se incorporó a los
ensayos los martes y jueves por la noche y los sábados por
la tarde. El primer sábado, después de regresar del ensayo, su mujer empezó
a hacer comentarios mordaces sobre porque desperdiciaba tiempo en la
música en lugar de dedicarle a sus hijos. A su mente vinieron los versos de
Guns. La música le ayudó a controlarse
"Él dijo, mujer, tómalo con calma
Todo se resolverá bien
Todo lo que necesitamos es un poco de paciencia
Él dijo, cariño, hazlo despacio
Y estaremos bien juntos
Todo lo que necesitamos es un poco de paciencia"
El estrés empezaba a pasarle factura; la gastritis le retornó, y la
situación conflictiva con su jefe y con su esposa le agobiaban. Para colmo,
estaba fastidiándose con el trabajo, ya no le motivaba. Cuando tenés un
mediocre de jefe, es complicado, incluso siguiendo la primera de las Leyes
del Poder de Robert Greene: “no hacerle sombra a los jefes”, “hay que
hacerlos parecer más brillantes de lo que en realidad son”, pero esta
táctica se vuelve insostenible para alguien que nunca ha podido ser un “yes
man”.
En la oficina discutió con su jefe; incluso el asistente pensó que se
iban a ir a los golpes, le indicó con una señal que mejor se calmara. El
jefe le estaba reprochando algo que él mismo había provocado y que, por el
contrario, Javier le había advertido a tiempo.
Al regresar a la casa para desahogarse tomó su guitarra.
Estaba tocando “La Flaca” cuando su esposa empezó con sus frases mordaces.
— ¿A quién le vas a tocar esa canción?
— Ya vas con tus estupideces —le gritó.
— No me grites, te puedo denunciar por violencia.
— ¿Y qué? ¿Que me lleven preso? Eso realmente querés. —Ella no le
contestó.
— ¿Y comparaste la medicina para la niña?
Se le quedó viendo en silencio, luego bajó la mirada y contestó:
— Eh… no pude pasar. Tuve un día complicado.
— Se te olvidó, y de tu bendita guitarra no te olvidas.
— Ahorita voy a ir a comprarla.
A la mañana siguiente era sábado, se levantó tarde, desayunó y se
dispuso a leer un libro, luego quiso tomar su guitarra, su Gibson…pero no
estaba. No puede ser se dijo, siempre la dejaba en la sala, fue a la
habitación, Su mujer le miraba de reojo. No has visto mi guitarra le dijo.
Ella se quedó viéndole a la cara con enojo y temor.
––La tiré a la basura
––El queeee- No te creo
––Estaba enojada y la tiré anoche, ahora que salí temprano antes
que pasara el camión de la basura, ya no estaba.
El fue a buscarla de nuevo en los cuartos, creyendo que su mujer le
estaba mintiendo, pero la guitarra no apareció. De nuevo frente a ella, le
preguntó de nuevo y en su cara vio la respuesta. Pegó un puñetazo en la
pared y se fue a dar vueltas a la colonia para evitar la violencia en la
disputa con su pareja, luego mejor se fue para donde sus papás a pasar la
cólera y a pensar como haría con su compromiso con el grupo, como podía
obtener otra guitarra. Solo estuvo un rato ahí. Hablando con su mamá se le
corrió ir donde, Melvin, el tecladista y le contarle lo sucedido. Para
su consuelo, él tenía una guitarra eléctrica, pero le dijo que si quería
practicar en su casa tendría que conseguir un amplificador. "No, yo voy, voy
a ensayar aquí mismo si me permites unas horas más para practicar".
Melvin le pidió que solamente le avisara con tiempo para ver que hubiera
alguien en casa.
Su esposa, supersticiosa empedernida, creyó que era el fantasma de la Gibson y sintió miedo.Regresó tarde a su casa. Esa noche comenzó a oírse el sonido de una guitarra en una de las casas vecinas. Le pareció extraño y sospechó que pudiera ser la suya. A la noche siguiente esperó volver a escucharlo, pero no ocurrió. Fue hasta el viernes cuando sonó de nuevo. Y, desde entonces, cada viernes después de las nueve de la noche se repetía la misma melodía. Él notó un patrón: siempre eran dos fragmentos musicales pertenecientes a canciones distintas. Su esposa, supersticiosa empedernida, creyó que era el fantasma de la Gibson y sintió miedo. Él simplemente pensó que debía ser alguien que se había llevado su guitarra.
Aunque seguían enojados, ella buscó la forma de acercarse. Se
acercó con una sonrisa y con una mirada coqueta y le preguntó si
quería cenar. Él sabía que era una forma de pedirle perdón, algo que
no debía esperar que lo hiciera con palabras, pero sabía cuál era la razón:
el miedo a dormir sola. Ella creía en los fantasmas. Esa noche hicieron el
amor como nunca…la cólera era un fuego cuyas llamaradas habían encendido de
nuevo la pasión.
El siguiente viernes por la noche de nuevo tocaron la guitarra.
Javier Ignacio se puso a querer descifrar las frases musicales que tocaban
constantemente con la guitarra. Le parecía conocida la primera melodía
y fue apuntando las notas que empezó a descifrar..
–Me das miedo, pareces que te estás volviendo loco.––le dijo su esposa
al escucharlo tararear Da da da daaa
A él le dio risa. Eso le recordó una escena de la película Amada
Inmortal en la que Beethoven cuando ya estaba sordo, mientras componía
la Novena Sinfonía, tarareaba de esa forma las notas mientras la escribía.
La melodía transmitía un sentimiento melancólico y estaba escrita en
clave de Sol en la escala de Fa Mayor en un compás de cuatro tiempos. Fue
identificando las notas de la melodía (G A Bb
C C A G F F)
y las escribió en una libreta: . Después fue a tocarlas en
el pequeño teclado que le había comprado a sus niños. Estaba más fácil de lo
que pensaba, no podía creer que no supo reconocer inmediatamente de cuál
canción eran aquellas notas quizá porque quien estaba tocando no
respetaba los tiempos de cada compás. Lo que estaban intentando tocar era el
verso "Now I need a place to hide away" de la canción Yesterday de Los
Beatles
Con la segunda melodía tuvo más problemas para descifrarla. Una
canción con un sonido al estilo de Streets of Philadelphia. Después de darse
duro para sacar la melodía, quedó entrampado en que no reconocía cual
canción era, aunque logró identificar que las notas que tocaban
estaban en clave de Sol y tenían la secuencia: GDC GDC GDCEm. Se
le ocurrió que había una manera fácil de identificar a cual canción
correspondía. Tocó el cifrado en la guitarra y le preguntó a Shazam que
canción estaba sonando, pero también la aplicación tuvo problemas para
descifrarla. Buscó otra aplicación y encontró SoundHound que se
especializa más en reconocer canciones a partir del tarareo o
interpretación. El resultado fue que la melodía era de la canción Trapped
original de Jimmy Cliff, pero en este caso el patrón rítmico y melódico
pertenecía a la versión de Bruce Springsteen.
Se sintió satisfecho de haber descubierto la música que estaban
tocando, pero quedó intrigado con lo que decían los versos de esas
canciones, eso le generó una sospecha: a lo mejor estaban queriendo
transmitir un mensaje. Se le ocurrió comentarlo con su esposa. Le mostró el
verso de Yesterday y la letra completa de Trapped, poniendo énfasis en la
estrofa:
I know I'll walk out of here again
I know someday I'll walk out of here again
Well now I'm trapped
Eso dice…
––Si ya se. ––"Sé que saldré de aquí otra vez. Sé que algún día saldré
de aquí otra vez. Bueno, ahora estoy atrapada".
Se quedó pensando un rato y luego le dijo: –– Esos son mensajes, son
una señal de auxilio. Mañana voy a hablar con un oficial de la Policía para
que investigaran un posible caso de violencia de género.
–– No se te olvide recuperarme la guitarra.
––No sabemos si ella la tiene, además es peligroso que el marido se
entere que nosotros pusimos la denuncia.–– Ella le vio la cara de decepción
con principios de ira.
––Pero voy a pedirle ayuda al subcomisionado para que vea si ella
tenía la guitarra, le voy a dar las características. Anotámelas
Al día siguiente hubo un operativo policial en la casa vecina. Solo él
sabía que era a consecuencia de una alerta que puso su esposa. La
víctima fue llevada a poner la denuncia al Juzgado Especializado de
Sentencia para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las
Mujeres. El marido fue detenido.
Unos días después, llegó la vecina y le entregó la guitarra. Dijo que
su marido la había encontrado en la basura. Javier le preguntó cómo se le
había ocurrido pedir ayuda a través de la música, ella le contó que
había aprendido a tocar la guitarra cuando era niña, porque su papá era
músico, y que cuando el marido llevó la guitarra, lo hizo como un
juego, para desahogarse, tenía la ilusión que alguien pudiera interpretar el
mensaje pero que sabía que eso era muy difícil. Al preguntarle porqué cada viernes, le dijo que era cuando su marido se iba con sus amigos a emborracharse.
La recuperación de la guitarra le dio nuevos ánimos a Javier, quien
decidió dedicarle más tiempo a la música. El problema era que la única
opción parecía ser renunciar a su trabajo, su principal fuente de ingresos y
el que cubría la mayor parte del presupuesto familiar. Después de una
reunión en la que su jefe se reunió con representantes de una empresa
internacional —para la cual Javier había preparado la presentación—, pensó
que una salida a su dilema podía ser renunciar y dedicarse a ofrecer
servicios profesionales a empresas en trámites gubernamentales, así como su
capacidad para hacer lobby.
Quiso decírselo a su esposa, pero no se atrevió, temía que lo fuera a
desanimar. Fueron pasando las semanas y cuando llegó el fin de mes, tomó el
valor para renunciar, con la mente puesta en el trabajo independiente, para
lo que había activado sus contactos.
No sabía cómo decirle a la esposa que había renunciado. El primer día
salió a la misma hora de la casa y se fue sin saber a dónde, después de
tomar un café en un restaurante llamó a un amigo que tenía buenos contactos
y le pidió una reunión. Le expuso la idea de montar su propia empresa
de asesoría. El amigo le dijo que veía muy buenas perspectivas y que le
recomendaría con algunos contactos.
Esa esperanza le dio valor para decirle a su mujer. Regresó de noche
como si regresara del trabajo y mientras cebaba después de varios intentos
le dijo. Como esperaba, ella no reaccionó bien a su decisión, le dijo
que era un estúpido que prefería dejar que su familia se muriera de hambre
por comportarse como un niño con juguete nuevo.
A partir de su renuncia al trabajo, la guerra se intensificó en el
hogar. Ya no era soportable seguir así. De nada le servía tener tiempo, si
el espíritu no tenía la calma que necesita para la música. La ruptura no fue
fácil. ¿Para alguien le ha sido fácil alguna vez? Separarse de sus hijos
casi le hace dar marcha atrás, pero a pesar de la ira que invadía a ambos,
lograr convenir por el bien de los niños no llevar la guerra al terreno de
ellos. Eso le dio una leve tranquilidad. A cambio aceptó sin condición pagar
todos los gastos del colegio de sus hijos y aportar mensualmente el dinero
necesario para la comida y para el pago de la casa. No tuvieron necesidad de
llevar el tema a lo legal.
Hizo sus maletas y se fue a vivir con sus papás mientras sus hijos
dormían. Esa noche pasó la mitad de las horas en vela, pensando. Había
dejado la maleta en el carro y no les contó toda la verdad a sus padres,
sobre todo a su mamá, que a pesar de su edad lo seguía tratando como a un
niño. Ya vería cómo le alcanzaba el dinero para alquilar un pequeño
apartamento.
Al día siguiente salió temprano, desayunó en una cafetería e hizo
llamadas para ofrecer sus servicios de consultoría. Por la tarde tenía el
ensayo con el grupo; antes, al mediodía, pasó a recoger a sus hijos del
colegio, almorzó con ellos y le avisó a la muchacha que los niños no
llegarían a almorzar ese día.
En el ensayo, estaba decepcionándose de su decisión, las primeras
canciones no terminaban de pulirse, y él no se estaba a la altura de sus
compañeros músicos, aunque le tenían paciencia, a él le daba vergüenza
atrasarlos y les pidió que le dejaran ensayar solo, que le prestaran la
cochera de uno de los miembros que habían habilitado como sala de ensayos
para ir a practicar todos los días, dejó ahí su guitarra y también les pidió
dejar ahí sus cosas mientras encontraba donde vivir.
En los ensayos, Javier se decepcionaba de su decisión: las primeras
canciones no terminaban de pulirse y él no se sentía a la altura de sus
compañeros músicos. Aunque le tenían paciencia, la vergüenza de atrasarlos
lo llevó a pedirles que lo dejaran ensayar solo. Les solicitó usar la
cochera de uno de los miembros, que habían habilitado como sala de ensayos,
para practicar todos los días; dejó ahí su guitarra y también les pidió
guardar sus cosas mientras encontraba dónde vivir.
Las semanas pasaban y el dinero se escapaba como hojas secas en un
ventarrón. Lo que lo alegraba era que ya se había acoplado al grupo y tenían
varias canciones en su repertorio (cinco covers y una original suya). Tenían
prisa para promocionar el grupo y lograr contratos en algún restaurante;
necesitaban al menos cinco canciones más.
Uno de los compañeros le dijo que había un apartamento disponible en
los condominios de Santa Lucía. Ese mismo día fueron a verlo, llegó a un
acuerdo con la propietaria y esa noche mudó sus cosas. Pasó a cenar con su
mamá, quien le preguntó qué le pasaba. Tuvo que confesarle la separación;
ella expresó su preocupación por los niños.
Después de un par de meses de prácticas intensas, la música empezaba a
sonar bien; ya tenían lista la segunda canción escrita por él. El péndulo de
la vida oscilaba hacia el lado positivo: esa mañana, su amigo de los
contactos le llamó para ofrecerle un contrato con una empresa. Al poco
tiempo, lo contrataron para una consultoría de una empresa privada que
licitaba ante el gobierno. Era un buen contrato y, lo mejor, le dejaba
tiempo para dedicarse a la música. Además, como estaba consciente de sus
habilidades para los negocios y en su trabajo había aprendido a negociar,
cuando vio que tenían suficiente material como para hacer presentaciones, se
dispuso a conseguir algún contrato en el algún lugar que necesitaran música
en vivo.
Unos meses después lograron un contrato en un bar del lago Coatepeque. Para su
primera presentación, todos los miembros del grupo, menos él, habían
invitados a amigos y familiares. El no le quiso decir a su familia.
Cuando tocaban una de las canciones qué él había escrito, en el momento que
cantaba el coro vio entre el público a su esposa y sus hijos.
Ganar para perder
Eso ha sido la consigna
He ganado los aplausos
Y he perdido tus besos
Cerró los ojos mientras cantaba, su voz estaba a punto de quebrarse y
sus dedos inseguros. Abrió los ojos al final de la canción vio que también
ellos estaban aplaudiendo y tuvo una sensación agridulce: había cumplido sus
sueños pero ahora quería más que nada estar con ellos. La vida es extraña,
te da algo que andas buscando pero te quita algo que ya tenías y que también
querías a tu lado.


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