Una de mis noches en Antigua Guatemala




Es de noche en Antigua, la lluvia cae desde hace ratos, mi café está a la mitad, es la segunda tasa y se está enfriando. 

Después de comer mi emparedado con una pequeña y deliciosa ensalada, me pongo a escribir. Como no encuentro luego las ideas para mis historias, escribo lo que se me viene en  el momento, sobre lo que tengo a mi alrededor, es como que decidiera dibujar los árboles que están en el parque, que es lo que miro por la ventana de enfrente. Pero hay algo más complicado, algo que “sí tiene conflicto”, como requieren las reglas de la dramaturgia. 

Estoy huyendo del sistema y necesito esta semana resolver tres pagos que no esperan. Sobre todo uno: el que me podría salvar de visitar los infiernos. En este momento estoy acorralado, soy un toro rodeado que ve de repente un agujero entre los sitiadores, que podría ser la salida; o un pequeño ratón que ve a último momento una hendidura en la pared. 

Nací en la encrucijada entre la vida y la muerte, quizá por eso desde pequeño aprendí a sortear las vicisitudes en el límite, a saber encontrar la última raíz en el borde del precipicio.

De nuevo una pausa de silencio, pensar en quehacer, bloquea el pensamiento para escribir sobre lo que está sucediendo. Pensar en la estrategia...o mejor dicho en las acciones, porque ya no hay tiempo de estrategia, es momento de salidas audaces. Estoy esperando la llamada con la última información... pero la reunión sigue. No solo me interesa por los detalles de posibles avances, ojalá que no retrocesos, sino también porque necesito coordinar reunión de mañana, que puede ser clave para obtener el pago mas estratégico de esta semana.

El bosque me abraza y no puedo salir de sus brazos de savia y clorofila.

La ciudad alegre durante la noche, joven en medio de la antigüedad, llena de diálogos.  Camino como fantasma entre las multitudes, mis pasos meditabundos marcan el ritmo de mis pensamientos.  Disfruto a mi manera los encantos de las calles empedradas y edificios derruidos, de luz a media tinta.

La lluvia cesó, espero un rato más, están por cerrar el restaurante, mientras  leo un par de lineas del libro electrónico. Me levanto y salgo a paso pausado. Las aceras estrechas y los grupos de turistas que encuentro limitan los pasos. Mas adelante le hice estorbo a un bolo y me dio una nalgada. Sentí un calor subir a mi cuerpo y agria la nalgada, corté rápido la reacción, antes que me metiera en problemas. Comprendí la impotencia de muchas mujeres. 

Al llegar a mi habitación, leí una hora en la cama. Luego dejé la lectura, apagué la luz y pensando en que nuevas amenazas o nuevas soluciones traería el siguiente día. Me quedé dormido…






Réquiem para mi madre



Y si… mi mamá murió y llegó el día que siempre alejábamos de nuestros pensamientos.

Y se cayó el invicto en la familia, después de tener a los viejos con nosotros todo este tiempo, siempre queríamos más. 

Siempre es difícil. A sus 76 años, logramos compartir tantos buenos momentos y otros no tan buenos pero que al final el cerebro los procesa y se vuelven anécdotas interesantes de momentos difíciles. Nos queda el hubiera…darle más momentos buenos, más alegrías y menos penas, mas recursos para tratar sus enfermedades y un etcétera para su felicidad. 

El dolor paraliza al inicio, pero luego que se procesa da la oportunidad de meditar y crear. Cuesta tanto aceptar que ya no se tiene físicamente y seguimos viviendo como si estuviera ahí esperándonos para cenar o simplemente para platicar. A veces la veo al levantarme en una visión fugaz, otras veces tarda más tiempo cuando estoy entre dormido y despierto, y en más de una noche he soñado que acaricia mi cabello, mientras estoy en su regazo como cuando pequeño me refugiaba de los relámpagos en medio de una gran tormenta. Pero, como entonces, al día siguiente el sol brilla de nuevo y la vida sigue para los que quedamos, aunque el vacío no se llena con las lágrimas y los suspiros, al menos lavamos nuestro pesar y damos un tributo a nuestro ser querido, manteniéndola viva en el altar de los recuerdos. 

Los días se van rápido arrastrando el dolor y a pesar de él. Cada despertar es una lucha para ganarle al peso de la pena que como fuerza de gravedad nos dificulta levantarnos y mantiene también a ras de suelo el espíritu, pero la cotidianidad se impone y ahí vamos de nuevo con nuestras vidas en el camino implacable del tiempo. 

Con el pensamiento navegando por las imágenes de lo vivido, en un carrusel de instantáneas, me consuelo en un diálogo con el niño que fui para valorar el tiempo que la vida me dio y que me permitió consagrar algunos pasos de los sueños de entonces para compartirlos con ella. 

Por ratos se presiente su regreso como si nada más fue a la tienda a comprar algunas cosas que le faltaban para el almuerzo o cuando alguna vez al año visitaba a su familia en Metapán, o cuando había ido a cuidar a algún enfermo, acompañando en largas vigilias los últimos momentos de los seres queridos cuando agonizaban con ese espíritu solidario forjado en esa tradición muy campesina y cristiana de visitar a los enfermos.

Seguiremos cultivando las ganas de vivir como ella lo hizo hasta el último momento, con la ternura con la que cuidaba las flores de su jardín, entregando al amor y a la vida la ternura y la alegría a pesar del dolor.


MINDFULNESS PARA PRINCIPIANTES EN TIEMPOS DE CRISIS


Eran días difíciles. El mundo cambió en un par de meses como nadie lo había sospechado; bueno tal vez Bil Gates o Los Simpsons. La amenaza se acercó con rapidez a todos en todo el mundo, amenazando las vidas de todos y ante la duda se genera el miedo, ante la posibilidad ser contagiado y tener una debilidad en tu cuerpo y como en la ruleta rusa no saber si saldrá o no el disparo mortal. 

De repente el mundo se detuvo y en siglos los animales tuvieron un poco de paz y el planeta tuvo un respiro. Fue surrealista ver imágenes de los centros de las mas grandes ciudades del mundo vacías; ver aeropuertos con los aviones en tierra.

Los cambios en la vida cotidiana fueron drásticos, desde los encierros a la dificultosa tarea de salir cuando se podía. No se podía tocar la cara y se usaba una mascarilla para salir donde había más personas, con la que tenías que guardar una distancia de al menos metro y medio, para evitar el contagio del virus. Era difícil soportar la picazón en la cara, bajo el sol quemante en las larguísimas colas para entrar a los bancos. Como que cuando sabes que no debes de hacerlo, hay un impulso interior que te lleva a lo contrario. 

Eso exactamente usaba para la meditación diciéndome no pienses en el éxito, como lo resume desde el título el libro de comunicación política: No pienses en elefantes de un destacado lingüista que ha estudiado como configura el lenguaje el pensamiento pero en cuanto a las sociedades. 

Decidí usar mis pocos conocimientos y prácticas de “mindfulness” o “concentración plena” para sobre llevar la rutina diaria con todas sus pequeñas y riesgosas dificultades, como ir de compras cuando puedes salir y las 24 horas en casa durante 7 días. 

De cómo configuramos nuestros marcos de pensamiento por medio del lenguaje depende mucho de lo que ocurre en nuestras vidas. Eso que parece sacado de las recetas de vida que tanto he detestado de best sellers de cómo alcanzar el éxito, ahora me hace sentido y no lo he sacado de esos libros. No quiero despotricar sobre ellos, porque no los he leído, pero si de otros que abordan desde distintos enfoques y áreas del conocimiento el poder de la mente. 

Sí, eran tiempos muy difíciles. El mundo ya no sería el mismo y la vieja normalidad quedó atrás, venía una nueva normalidad…pero mientras tanto, la muerte andaba rondando y empezaba a llevarse conocidos. No se puede ser indiferente ante tanto dolor humano que esta pandemia vino a provocar. La miseria que ya vivía mucha de nuestra gente se vino a agravar y como toda crisis saca lo peor y lo mejor de las personas, hemos podido ver aflorar en el mundo la demencia y la peor maldad de los liderazgos…¡qué estaremos pagando con tanto demente dirigiendo países!, los populistas que se creen mesías están de nuevo de moda, seduciendo a las masas con su grandilocuencia vacía. 

Aún con todo ese panorama, mis conocimientos, aunque limitados, fueron de gran ayuda. Mi contacto con la meditación viene de hace unos años. Empecé de manera instintiva en mi adolescencia y luego encontré la cosmovisión maya y el uso las energías del día. De nuevo me ha tocado poner prueba el poder de la mente. La primera vez fue cuando salí huyendo del quirófano para evitar una operación en la columna vertebral. Con mi mente y ejercicios que encontré de un fisioterapista español, superé lo que para el neurocirujano solo era posible metiendo el bisturí, metiendo el cuchillo para decirlo con nuestras palabras.

Como decía, el ejercicio de la meditación lo empecé de manera empírica desde niño, después en la honda del new age, en la década de los 90 en el siglo pasado, momentos en los que también me adentré en las enseñanzas de los abuelos mayas con una meditación a la energía del día. Pero realmente practicar la meditación con disciplina ha sido reciente, bueno es mucho decir con disciplina, pero digamos con cierta regularidad. 

Cada mañana hago apenas 10 minutos de meditación, no es suficiente, pero es de gran ayuda. Noah Harari el autor de Homo Sapiens hace media hora en la mañana y media hora en la noche, Eslon Musk hace todas las mañanas y el cineasta David Linch es un entusiasta promotor de esta práctica. 

Así que en tiempos de cuarentena y luego con la reapertura económica, los limitados conocimientos y prácticas de mindfulness han servido para sobrellevar las inclemencias de un momento que parece a lo que esperamos podría pasar en el 2012.