El dibujante que hizo bailar a Picasso la danza macabra
Era una carta, fechada el 23 de marzo de 1927s, encontrada en medio de uno de
los libros usados que compré en la librería la Segunda Lectura, inmediatamente
me doy cuenta del tesoro que había encontrado, al confirmar mi sospecha al
final de la carta con la firma del más grande dibujante que ha tenido El
Salvador. Así de manera incidental llegó a mis manos, como una travesura de
los duendes de los libros, este valioso documento con pistas de lo que fue la
grandiosa vida de este artista en el París de los años locos (années folles),
desconocido por muchos en su país y reconocido por los grandes del mundo, en
esa época en que las estrellas se alinearon en la Ciudad Luz, con epicentro en
el barrio Montmartre.
Esta carta, en la que el artista informaba a su hermana de sus aventuras en
París, provocó un efecto mágico en mi, me transportó al París de los años 20
del siglo XX, la época y la ciudad en la que viví mi vida pasada, porque
siempre mis sueños me llevan hacia ella y a esos momentos. Después de leerla
como diez veces, decido emprender el viaje con él, y para eso me dediqué a
buscar más información del dibujante Toño S. Lo primero que hice fue buscar en
mi biblioteca el libro Caricaturas Verbales de Don Luis Gallegos. Ahí encontré
la información que me ayudó a tener casi el cuadro completo del personaje
genial salido de una historieta de aventuras artísticas.
Su biografía da para una novela, con escenas de película desde sus primeros
años de vida, pero para resumir, inicio el viaje cuando se le apareció a una
de las eminencias literarias de ese entonces, Don Arturo Ambrogi, quien lo
describe como un "muchachito, endeble, paliducho. Apenas si era una raya de
lápiz vestido de dril relevado y tocaba la cabeza con un deteriorado
sombrerito en que la paja amarillaba. Con una carita jalada enjuta, de grandes
ojos vivaces y pestañas colochas, reflejaba un prematuro cansancio".
Toñito le enseñó sus dibujos al reconocido autor. A Don Arturo le parecieron
extraordinarios, sobre todo para un muchachito en este rinconcito de la
tierra, en que no había mayor tradición artística lo que le provoca más
admiración. "Es de una absoluta necesidad que hagamos una exposición y le
conozcan estas gentes", le dijo y se puso manos a la obra, le organizó una
buena exposición el foyer del Teatro Colón de Santa Ana, en la cual desfilaron
una gran cantidad de personas, superando las expectativas del dibujante y el
escritor, quienes curioseaban las obras de Toñito. Don Arturo escuchó los
comentarios de la gente, "que igualito al fulano, que bien lo dibujó"; pero se
decepcionó porque no hacían ni un comentario sobre sobre la técnica empleada
en los dibujos, ni sobre el extraordinario estilo que ya se expresaba en sus
caricaturas .
Con un sabor agridulce Don Arturo saboreaba los resultados de la exposición
con la que pensó ayudarlo a alcanzar el puesto que ya merecía aquel jovencito.
Pasó el tiempo y siempre se lo encontraba revisando revistas ilustradas, o
alguna novedad bibliográfica en la Librería de los Caminos, sobre todo en la
búsqueda de nuevos ejemplares de la revista mensual L'Assiette au Beurre, o Le
Rire, para seguir estudiando y mejorando su técnica, pues admiraba de sus
dibujos el simplismo de su técnica, el cual marcará también su propio
estilo.
Una soleada tarde de mayo, Don Arturo se lo encontró saliendo de la librería.
Toñito, hay que irse, le dijo. ¿Irme? Si hombre. Hay que irse. Y ¿a dónde? ¿y
cómo? Pues a Europa, y si no puede a Europa, a cualquier parte, pero usted
debe irse, salir de aquí, o usted fracasa. ¡Váyase!
Después de esa conversación, Don Arturo puso todo su empeño en ayudar a Toñito
para el viaje. Aprovechó sus contactos con el gobierno del Presidente Jorge
Meléndez. A través de un amigo en Cancillería al que llama el negro Gallegos,
y a quien le reconoce un gran corazón, hace llegar la petición al Presidente.
La respuesta fue "no hay pisto" "estamos pobres", lo que provocó la rabia del
escritor, pues sabía que en esos días uno de los "amigotes" del Presidente, se
había embolsado 60 mil colones en un negocio.
Pasaron los días, pero Don Arturo y su amigo no desistieron de su lucha por el
novel dibujante. La gestión tardaba más que la paciencia de Toñito que
empezaba a inquietarse, luego que le encendieran la llama de la aspiración a
conocer otras latitudes, a buscar nuevos horizontes. Cuando se encontraba a su
mentor, su mirada le interrogaba, quien a su vez con otra mirada le respondía
que todavía no había buenas noticias. Un día se le acercó y le dijo, tenga
paciencia muchacho, lo último que pierde un hombre es la esperanza.
Un día en que la desesperación también había alcanzado a don Arturo le
dijo:
Hay que irse.
¿Cómo? A nado
¡A nado, si es posible! (Recordó el consejo que Juan Cañas le dio a Rubén
Darío cuando le instaba que se fuese a Chile, en momentos que el autor de Azul
estaba con las mismas dificultades para realizar su viaje).
Don Arturo le dice a don Luis Gallegos que Dios dispuso que Toño no se fuese
nadando, pero si en uno de los prehistóricos barcos de la Mail Pacific,
después de una veintena de gestiones del negro Gallegos, que era subsecretario
de Relaciones Exteriores, el Presidente, al fin consintió que organizase el
apoyo y se firmó la orden para la compañía de vapores, aunque el viaje por el
momento no sería para París, sino para México.
El mundo estaba girando a su favor, de la noche a la mañana su estrella se
había alineado y ahora las cosas salían mejor de lo esperado. En el México en
el que todavía estaba reciente la revolución, la primera del siglo en el todo
el mundo, lo recibieron con los brazos abiertos en el mundillo intelectual y
artístico, gracias a los buenos oficios de destacados, pero inesperados,
escritores internacionales.
"De El Salvador salí hacia México, el México de la Revolución, en 1918.
Llego a Puerto México, hoy inhabilitado, en el barco Escajeda, redondo como
una cacerola, sin proa ni popa. Las tropas revolucionarias acampaban cerca.
Oigo cantar La Adelita. Con una pelambre de peregrino, como los hippies de
hoy, me acerco a una barbería, donde me encuentro a un militar admirador de
Amado Nervo ("Amado Ñervo", decía él graciosamente). Este militar me señala,
en un número de la Revista de Revistas, una carta de don Román Mayorga Rivas,
director y fundador del Diario Salvador, compañero de ideales juveniles de
Rubén Darío, dirigida a José de Núñez y Domínguez, director de aquella
publicación, donde le dice que yo tengo "un lápiz de luz", cuenta muchos años
después Toño a Don Luis.
Al llegar a la ciudad de México, se fue directamente a la pensión de Madame
Turillon, una francesa que había conocido en San Salvador, donde tenía un
hotel muy conocido. Al verle y conocer su raquítica situación económica le
envió a La Capilla, que tenía ese nombre porque antes de la Revolución lo
había sido cuando los dueños del inmueble no habían sido expropiados. La
pensión llegó a ser un reconocido taller de artistas.
Gracias a las recomendaciones enviadas por distintos intelectuales a sus pares
mexicanos, Toño tiene una buena recibida en el DF. Una de las más efusivas,
fue una carta abierta del ya reconocido internacionalmente intelectual y
escritor nicaragüense, Salomón de la Selva y dirigida al reconocido crítico
literario y humanista dominicano, Pedro Enríquez Ureña, y al destacado
escritor Alfonso Reyes, publicada en el periódico El Heraldo, en el mismo
número en que el periódico aparecía un suplemento dedicado a su llegada. "… el
lápiz del caricaturista ha logrado lauros que antes eran sólo del acero.
Consagración artística ya había recibido por la virtud y perfección de Aubra
Beardslay. Le falta, sin embargo, para cimar su gloria, el ser medio de
dulzura y de luz. Y a mí se me entristece el corazón y se me aviva el ojo de
orgullo, por la creencia fija, mía, de que a uno de los nuestros le ha sido
dado el privilegio de alcanzar para la caricatura ese dote de honor…"
Las puertas de una de las grandes metrópolis del arte en Latinoamérica se le
abrieron gracias a estas intercesiones y empieza a estudiar en la Escuela
Nacional de Bellas Artes. Profundiza en el estudio del arte de las culturas
ancestrales de Mesoamérica y se empapa todo lo que puede del conocimiento y la
cultura, leyendo y recibiendo los consejos de los artistas consagrados, de las
tertulias en casas de amigos artistas o escritores, en las puertas de
Samborns, o en distintos cafés y bares de la capital mexicana.
A pesar de la acogida de artistas e intelectuales, su presupuesto es escaso y
lleva una vida ascética en su vestuario y alimentación, sobrellevando su
estadía ayunando, "cociendo con paciencia benedictina sus calcetines" como
escribe en un crónica en el Heraldo de México Manuel Hortal. "Sus calcetines
llegaron a ser una obra acabada de bordado…sus zapatos salvadoreños se reían
lastimosamente de sus dueño". Por eso sus amigos se alegraron cuando el
dibujante con rostro de monaguillo encontró "un empleo bendito" en el Museo
Nacional.
Cuando México le queda pequeño, decide irse a París para continuar
construyendo su gran sueño. Pero ahora me faltaba la información de esa nueva
etapa del artista a lado de esa constelación de estrellas que poblaron la
capital francesa y que deambulaban por los callejones de Montmartre y
Montparnasse, nutriéndose del espíritu del arte y la cultura. Así que decidí
volver a la Segunda Lectura a preguntar si el libro que me había vendido era
parte de un lote. Amablemente el dueño, que atendía personalmente el negocio,
me dijo que si, que precisamente ayer le habían llevado un nuevo lote de los
mismos. Le dije que si podía ver los libros para ver si encontraba uno en
particular. Me dijo que si y fue conmigo a una esquina, en medio de estantes
repletos de libros usados, unos antiguos, otros algo nuevos. Tenía los libros
aun sin desempacar. ¿Puedo revisarlos? Si claro, véalos ahí, fui sacando uno
por uno y revisando. Primeo mientras el estaba presente hice como que si leía
de que se trataban, cuando se fue , apuré la búsqueda pasando rápidamente las
páginas. Encontré otras cartas y postales y las ubique en tres libros que le
compré para poder llevármelas.
También busqué en el Museo de la Palabra y la Imagen encontré la carta que le
envía a su primo Salarrué y tal como supuse, el dibujante que deambulaba por
las calles de París en los "années folles" era el mismo de un libro que tenía
en mi biblioteca de Don Luis Gallegos.
Así fue como pude viajar al París de los "años locos" y ver como era el
ambiente en el que los grandes artistas, intelectuales músicos y locos amantes
de la cultura y de la bohemia vivían el éxtasis de la locura creativa en la
Ciudad Luz, aportándole lo extravagante y la belleza, la innovación y la
visión para el arte del futuro. Europa venía saliendo de las amarguras de la
Primera Guerra Mundial y un nuevo espíritu prendía en las calles de París,
iluminadas por los avances de la ciencia y la tecnología y sobre todo el arte,
que elevó los espíritus de una generación a tal punto que marcaron lo que
sería el arte en el siglo XX. Como podría haber tanto talento, tanta cultura,
tanto arte reunido en unos pocos metros cuadrados.
Con la nueva información armé la segunda parte de la historia de un humilde
dibujante que llegó a codearse con los más famosos pintores y escritores del
siglo XX, viviendo uno de los momentos más emocionantes intensos en la
historia del arte.
Salió del Puerto de Acajutla a principios de 1922, después de pasar por el
recién estrenado Canal de Panamá, se enfermó de estómago, fueron días
terribles para su endeble constitución física, cuando sentía que iba a
morirse, se decía "si mis ancestros viajaron en peores condiciones, porque voy
a quedarla cuando estoy ya en la ruta hacia la conquista de mis sueños", por
su sangre corría el espíritu aventurero de sus antepasados los navegantes
vascos del siglo XV. Cuando los remedios que le dio la tripulación empezaron a
hacer su efecto sintió volver a la vida y subió a cubierta a leer y a pensar
en todo lo que haría en París. Los largos del día del viaje los afrontó
leyendo. No llevaba casi ropa, sus maletas iban llenas de libros, lo cual fue
motivo de broma que le hiciera Juan Cotto, que llegó a despedirse a su
casa.
Después de un largo viaje, por fin llega a París en octubre de 1922, se
instaló en el barrio Montparnasse, en el Grand Hotel de Blois paga por
adelantado varios meses como previsión, aunque tenía una beca no querría
correr ningún riesgo, iba decidido a soltar amarras para navegar libre hacia
su sueño, trabajando duro en esa habitación conseguiría alcanzarlo, estaba en
el lugar perfecto: la vida creativa y bohemia se dividía entre Montparnasse y
Montmartre en la década 1920, cerca de su residencia estaban La Coupole y La
Rotonde, cafés de moda entre los intelectuales franceses y extranjeros, que
hicieron que este barrio le rivalizara el protagonismo a Montmartre, y los dos
se convirtieron en los centros de operaciones de Toño, pues para acercarse a
los grandes, nada mejor que estar donde confluían los locos geniales mas
grandes del siglo en distintos campos, desde la pintura, las letras y la
música.
Después de más de un año viviendo en la capital mundial de arte de ese tiempo,
se impregna del parisianismo y del estilo de vida francés con alegría y dolor
en el día a día, empezó a ver los tonos que dibujaban el ambiente parisino de
entonces, que expresaba diversos matices de un espíritu que recogía alegría y
tristeza, creatividad y lucha por la supervivencia, fiesta y meditación,
libertad y disciplina , risas y lágrimas, ilusión y realidad, glamour y
humildad, opulencia y pobreza; todo lo que marcó una época emblemática en la
historia cultural de París y del mundo.
También continua su búsqueda de la "caricatura pura" en la cual prevalezca
solo lo esencial, lo expresivo en una síntesis gráfica y sicológica,
intelectual y espiritual. En esa búsqueda comienza a enriquecer su ya definido
estilo de dibujo, reforzando su lenguaje gráfico desarrollado en México, al
nutrirse de los dibujantes que más admira, entre ellos al genio de la
literatura, el teatro, la pintura (el hombre orquesta le decían sus colegas)
Jean Cocteau, pero también a André Rouubeyre Senep, quien publica en Le Figaro
y Guz Buffa, un escritor y dibujante, a quien considera uno de los grandes
representantes del arte francés y por supuesto a Picasso. Su búsqueda lo lleva
al mismo sitio que esa nueva oleada de grandes artistas: el arte
primitivo.
La vida bohemia de París era intrínseca al ambiente artístico y una de las
principales catedrales de diversión nocturna era el Moulin Rouge. Ahí vio
cantar a Josephine Baker, quedó más enamorado de París. Salió cantando en coro
con sus amigos De Temps en Temps,y París, París. París. París, París, París es
en la tierra un rincón del paraíso.
Se estaba estancando y le preocupaba quedar en el limbo, aunque seguía
progresando en su arte, si no lograba que su obra fuera reconocida, tendría
que regresar nada más con la experiencia vivida. Recordaba las palabras de su
amigo el escritor Manuel Hortal en México: "Ahora prepara las maletas exiguas
para la conquista de París. Ojalá, y retorne glorioso y serio, para no
repetirle aquellas palabras de Ibsen: París, París, lo que te confiamos y lo
que nos devuelves".
Un viernes por la tarde recibe un correo de la embajada de El Salvador en
Francia. Sentado en el suelo frente a sus mesa de dibujo lee la carta en la
que le notifican que su beca ha sido cancelada…Tira la carta y sigue
dibujando, después de una hora, se levanta y toma un papel y un bolígrafo.
"Entre más lejos veo mis sueños más grandes son mis ganas por alcanzarlos, del
tamaño suficiente para darme la fuerza y el coraje de recorrer todo el camino
que debo recorrer para alcanzarlo. Aunque a veces me sienta extraviado,
siempre sigo la estrella de mi yo más profundo, y siempre aparecen en mi
camino ángeles poniendo alas para el vuelo", eso escribía en una carta, un 3
de noviembre 1923. Es otoño en París y en su país es verano, todavía con los
vientos de octubre y las acariciadoras brisas frescas que anticipan el fin de
año con sus sensaciones de relajamiento y alegría espiritual. Para alegrar su
espíritu y alejar las nubes negras, sale temprano a recorrer las calles que
llevan al Parque de Luxemburbo, después de deambular por un rato decidió no
entrar al parque, sino mejor regresar en busca de sus bares preferidos.
Entró al La Coupole decidió arriesgar su bolsa dándole un lujo al paladar para
estimular su inspiración, haciendo un giro brusco a su austera dieta diaria
que consistía en huevos duros, para empezar pidió el Hennesy con soda. Aquí
empezó a acariciar el proyecto de hacer un álbum, se lo imaginó bellamente
impreso en fuerte papel de marquilla, con las figuras del ambiente artístico
de París y presentarlo en un bonito evento en el que asistieran sus
personajes. Regresó a su apartamento con su espíritu animado, escribió una
carta a su hermana y se puso a trabajar preparando los perfiles de los grandes
artistas que incluiría en su proyecto; pensando en sus amigos escritores
mesoamericanos y los famosos artistas con los que había establecido
relaciones.
Siempre encontraba ángeles a su paso para saltar a nuevos niveles en su
ascenso a la consagración de su arte. Su suerte providencial, su talento y su
carisma atraían la simpatía figuras importantes del ambiente literario, como
la , la del "Príncipe de los Cronistas" quien promovió "las excelencias de su
lápiz y su concepción del arte de la caricatura como un arte literario".
Forjaron una gran amistad, y fue el maestro del lápiz quien le presentó a
Consuelo Suncín, que luego fue su esposa y tiempo después la inspiración para
la rosa de El Principito, ya que después de su muerte fue la esposa de Saint
Exúpery.
En el caso de Enrique Gómez Carrillo, el famoso cronista, más que
ángel parecía un demonio por su fama de irreverente escritor, bohemio y
mujeriego. Pero para Antonio será un nuevo mentor que le alienta y le ayuda a
hacerse un puesto en el periodismo artístico parisino, en el que el era una de
las consagradas figuras desde principios del siglo, reconocido y admirado por
los grandes como Verlaine, Azorín, Unamuno, Pérez Galdós, Maeterlinck, German
Arciniegas, D´anunzio. Al café Napolitano asistía todas las tardes, después de
trabajar sus artículos que enviaba a los periódicos de Argentina o de España
en los que colaboraba, se sentaba a leer los cinco periódicos que compraba
para estar al día con la información Internacional y de París, y para
tertuliar con sus amigos. Ahí le presentó a el escritor Ventura García
Calderón y fue este quien lo llevó a publicar en los principales periódicos de
Francia. Primero le presentó al encargado de la sección literaria de Le Matín,
Henri de Jouvenelle, después logra nuestro artista, tener una sección fija en
L´Intransigeant, "Portrait a la minute" y también empezó a publicar en Le
Journal y Le Rire, la revista que repasaba de adolescente para estudiar sus
dibujos.
Después de una jornada en la que había completado la caricatura de André
Bretón, que sumaba a la de Jean Cocteau, decidió ir a Montmartre como a pescar
los peces gordos. En una de las callejuelas próximas a la Basílica del Sagrado
Corazón se instaló para dibujar, al buen rato tuvo una gran sorpresa un día se
acercó a ver sus dibujos la Venus de Ebano, le mostró los dibujos de algunos
famosos que ya había hecho y la estrella del Moulin Rouge estuvo de acuerdo a
que le hiciera una caricatura. Otra estrella sumaba a su álbum.
Se había abierto paso en el periodismo, ahora esperaba consagrarse con sus
obras con el álbum. Para su suerte conoció y se hizo amigo de un consagrado
pintor, que le tiende la mano para ayudarle a abrirse paso en el competido
ambiente artístico de París. "Anoche estuve compartiendo con un pintor muy
conocido aquí con el que he establecido una buena amistad. Le han gustado los
dibujos que le he mostrado". En otra de las cartas a su hermana habla de que
el amigo que le está apoyando en su proyecto es el reconocido pintor Van
Dongen, originario de la tierra de los molinos y los tulipanes, que se ha
vuelto gran aliado para conquistar el olimpo del arte." Es un gran pintor y un
buen amigo, sus obras son geniales y nos identificamos en muchas concepciones
del arte, la pintura y el dibujo", le cuenta a su hermana.
Captar el alma de una persona en unas cuantas líneas es un desafío gigantesco
y más si es un personaje fuera de serie como Pablo Picasso, a quien lo había
encontrado en las calles de Montparnasse, pues por ese tiempo había dejado su
estudio y residencia en Montmartre y se había trasladado con su nueva esposa
al Left Bank de París, en las inmediaciones de Montparnasse. A él no se lo
encontraba en las galerías, vendía sus cuadros directamente y recibía a sus
amigos en su estudio o se reunía con ellos siempre en sus preferidos
bares.
Había acordado con Van Dongen ir esa noche al Lapin Agile, ahí estaría ahí
Picasso, uno de sus lugares favoritos, frecuentado menos ahora que su fama ya
había alzado vuelo como uno de los grandes pintores del siglo que todavía
estaba tierno. En las paredes de una de las callejuelas aledañas a la
Basílica, vio pintado !Matisse te vuelve loco!, ¡Matisse es más peligroso que
el alcohol!. Al llegar al café La Rotonda se reunió con su amigo Van Dongen y
le comentó la pinta que había visto, a lo que él le contestó que eso era obra
de Picasso y su banda. Se fueron directo r al cabaret donde ya estaba Picasso
sentado en una mesa del fondo, donde se podía apreciar la alegría desbordante.
La música liderada por el acordeón, característica de la música Musette,
sonaba de fondo disputando protagonismo a los sonidos del jolgorio que tenían
Pablo con sus habituales amigos pintores y poetas. ¿Ya viste quienes están con
Pablo? Ahí está Jean Cocteau y Braque, es una buena noche. Entraron y se
acercaron a la mesa, Van saludó primero a Braque, después a Jean y por último
a Pablo y les presentó a su amigo, un gran dibujante de Centroamérica.
Toño se sintió que sus sueños se estaban consagrando. Se acomodaron a la mesa
y la tertulia continuó. Pasado un buen tiempo y al calor del licor, la
conversación era mas amena. Van se había acercado a Pablo y le llamó para
paresentarlo.
Mi amigo acá está preparando un libro de caricaturas y quiere incluirte. Es un
revolucionario del dibujo, tiene una magia en sus trazos con la esencia del
arte primitivo que recoge en unas cuantas líneas la sicología y el espíritu de
cada personaje de un modo visionario.
Así que quieres que sea tu modelo. Van me dijo que estudiaste en México, se
levantó, consiguió un sombrero y le pidió que lo siguiera a la calle. Ya se
como voy a modelarte, dijo y sacó un revolver y le dijo que así lo dibujara.
Ese revólver había pertenecido Alfred Jarry, personaje genial que había
deambulado por aquellas callejuelas con su insolente rebeldía, riéndose de
todo y construyendo personajes bufonescos literarios que adoptaba en la vida
real, como a esa grotesca marioneta que conquista el poder con la violencia y
la traición y cuyos gestos incorpora a su comportamiento cotidiano, su sentido
del humor llegaba al extremo de jugar con su oxidado revólver Browning, porque
le parecía bello como la literatura.
Ese es el Jarry que murió a los 34 años y dejó una su huella que no pasó
desapercibida ni por sus detractores y ese es el revolver que empuña Picasso
hacia el cielo, mientras le dice:
¿No vas a tomar ideas para tu boceto?
No necesito que me pose, solo recojo los elementos en mi imaginación. Cerró
los ojos y en ese momento escuchó un disparo, abrió los ojos asustado, Pablo
se carcajeaba.
Cuando regresaban a la mesa le preguntó: ¿Qué opinión tienes de mis
pinturas?
Sus obras me parece que representarán el arte de este siglo.
Porque crees que mis obras son tan buenas?
Porque sus trazos tiene la belleza de lo simple y una síntesis profunda de la
imagen.
¿Sabes porque se que son buenas?
No se. Por que se venden. Jajaja, los dos rieron con esa risa expansiva que
inunda los espacios, compitiendo con el acordeón de un grupo que tocaba
canciones del estilo musette, que recoge en sus notas el alma parisiense en la
que se mezclan la alegría escandalosa y la tristeza melancólica derramadas en
la bulliciosa noche bohemia.
Pablo y Toño congeniaron, se entendieron muy bien en el lenguaje del arte pues
ambos buscaban la síntesis que extrae la esencia de la vida en los personajes
y la naturaleza. Toño con sus dibujos captaba como rayos x de la vida, el
esqueleto y sus signos así como "al fundir y refundir todas las formas,
Picasso asimiló y absorbió lo caricatural, lo deforme, lo feo, incorporándola
al Gran Arte moderno".
Así fue completando el trabajo de su álbum como el trabajo de graduación de su
carrera artística en París, y apuró los preparativos para su impresión y
lanzamiento, no quería que llegara la otra década antes de publicarlo y a
pocos días de finalizar 1929, metió a impresión su librito Caricaturas. El 19
de diciembre esperaba ansioso que salieran de imprenta los libros, ese día
terminaron, pero pudo verlos hasta el día 20 a primeras horas de la mañana en
la 19 rue Condamine cuando al fin tuvo en sus manos su soñado álbum con una
carátula verde claro y con texto Caricatures de Toño Salazar en color ocre, en
él contenía 30 caricaturas de personajes célebres del arte y la literatura y
un prólogo de su querido amigo y estrella del arte en el Olimpo parisino Van
Dongen que tituló Boniment. Algunas de las estrellas que caricaturizó y que
son parte del firmamento del arte: Válery, Paul Claudel, Igor Stravinski,
Pablo Picaso, Jean Cocteau, Henri Matisse, Van Dongen, Francis de Miomandre,
Cécil Sorel, Blaise Cendrars, André Gide, James Joyce.
Aunque para la presentación de su álbum, también había contado con la
inestimable ayuda de su amigo holandés, que pregonaba "un espectáculo único,
genial, sensacional", anticipaba un éxito, Toño sentía la ansiedad por que el
público asistiera, sobre todo esas vedettes del arte y la literatura.
El gran día llegó y el lápiz de Salazar se colgó de las paredes en un salón de
parís para mostrar a los grandes expresiones gráficas llenas de lirismo, en
pocas líneas se condensaban el intelecto y la espiritualidad en que se
reconocían y desconocían así mismos en una síntesis de rasgos inmortales, que
sorprendieron a quienes estaban sorprendiendo al mundo con sus colores, sus
trazos o sus letras.
"He aquí una serie de retratos dibujados, pintados, escritos y pensados por
Toño Salazar, para quien este mundo carece de maldad y está lleno de humor y
optimismo, lo que no está mal, es una dicha para todo el mundo ver las
imágenes de todos esos grandes hombres en este panteón de la Caricatura", dijo
Van Dongen presentando la obra del artista centroamericano.
Toño toma la palabra, dedicando sus caricaturas a sus amigos latinoamericanos
"a Alfonso Quiñones, Ventura García Calderón, Alfonso Reyes, Joaquín Paredes,
Carlos Aguilar V., Oliverio Girondo, Mariano Brull. Estos dibujos nacieron en
mis vagancias. Nacidos a veces en las mesas de café, o en un papel secante,o
sobre los manteles de restaurante, y hasta sobre la blancura del mármol. Les
pertenecen a ustedes tanto como a mí porque sin sus consejos, sin su cálida
simpatía, esos hijos no habrían sido jamás recogidos".
Después de decir sus palabras y saludar a los invitados, con sorpresa y
alegría Toño se encuentra en la presentación a Picaso, quien le dice me
hiciste bailar la danza macabra Usted me la hizo bailar a mi. Veo que sabes lo
que dijo Giraudoux. Si, toda buena caricatura deriva de la danza macabra.
Miomandre estaba cerca y le dijo a Toño tú ha sabido elevar la caricatura a la
altura del lirismo
Al finalizar el evento Toño se despide de sus amigos camina por las calles de
París en una noche de invierno no tan fría y sobre todo con el calor del éxito
acariciado al completar su proyecto. A lo lejos divisa la silueta Torre Eifel,
está viviendo un sueño, el sueño de toda su vida, desde su infancia en Santa
Tecla. En el puente Points des Arts traviesa el Sena rumbo a su apartamento.
La década de los 20 está terminando y también un ciclo suyo, los años locos le
han dejado una gran conquista que solo se puede lograr con la locura mística
del artista genio.
El último numerito
Basada en una historia real.
El número nueve fue su favorito en la escuela porque era su número de lista en
la clase y porque un buen día decidió escogerlo para participar en una rifa y
se ganó el premio: un par de calcetines. Eso recordaba ahora viendo que el
vigésimo que no había podido vender terminaba en nueve, mientras caminaba
sobre la avenida, ofreciéndolo a diestra y siniestra.
Frente aun edificio que
tenía un número 26 se detuvo, esa cifra también le parecía familiar…ahora ya
recordaba, la había visto en las líneas del ferrocarril, donde estaba grabado
el año 1926. Pensó que talvez no sería casualidad y que los números le estaban
indicando un momento de buena suerte. Se dirigió a la puerta para ofrecerle al
portero el último numerito, él le dijo que su hijo se lo podría comprar, que
trabajaba en el Banco Salvadoreño, unas cinco cuadras abajo.
Vi a Gabriel en
la estación del tren el día que se fue a vivir a la capital. Entonces no
existía la carretera a Santa Ana, lo que había era un camino de carretas en
las que transportaban la cal, las cuales eran haladas por caballos y mulas. Me
dijo que se iba a probar suerte a la capital.
Gabriel creció ayudándole a
cultivar a su abuelo en San José, la hacienda con casco colonial que luego
pasó al Estado, está a medio camino a Montecristo y sirve como su entrada. Era
un muchacho cuando decidió irse para la capital a buscar a su papá. Un buen
día bajó del cerro y llegó al pueblo, tomó el tren con la idea de no volver.
Cuando el tren llegó a la Y Griega (tenía ese nombre esa pequeña estación
porque dibujaba una Y la división de las rutas, entre la línea que venía de
Metapán, la que partía de ahí para Santa Ana y la que iba para Aguilares). Ahí
pasó al tren que iba para Aguilares, cuando llegaron a La Laguneta le dio
hambre y fue a comprar una soda y un pan dulce. El tren iba lleno, pero en esa
pequeña estación se bajaron algunas familias, y después siguió su camino,
pitando fuerte como con una corneta con amplificador, comiendo su semita fue
viendo las lomas de los cerros a orillas del Río Lempa. Unas nubes blancas
volaban sobre los cerros siguiendo a la par la ruta del tren, en su mente
pasaron recuerdos de la última vez que vio a su padre; estaba muy pequeño,
pero aún lo recordaba muy bien. Fue para una fiesta de San José en el puente
hamaca donde sale el camino para el pueblo. Ahí se despidió su papá de él.
Llegó a la terminal de trenes cerca del Reloj de Flores a las dos de la tarde.
Preguntó como llegar al barrio San Jacinto. Le dijeron que podría llegar
caminando, buscaba un mesón donde vivía su tío, pero no sabía el nombre, era
la única dirección que le había dado su abuelo. No sabía exactamente donde
vivía, solo le dijo que en la zona del Cuartel El Zapote. Supuestamente su
padre y su tío vivían en la misma dirección. En una tortillería, cuando ya
estaba cansado de caminar y preguntar, andaba alguien que lo conocía y le dijo
que a una cuadra de ahí en un mesón vivía un señor de nombre Humberto Cruz. En
el mesón le dijeron que tocara en apartamento cuatro. Su tío no estaba y como
vivía solo, no había nadie. Salió a la calle a esperar, después de tres horas
apareció un señor canoso con una bolsa con verduras. Reconoció los rasgos de
la familia de su padre.
- Usted es Humberto…
- Si que desea? - Soy Gabriel, el
hijo de Fernando, lo ando buscando. Y usted ha de ser mi….
- Si soy tu tío. Tu
papá ya no vive acá, se fue a vivir con su esposa al Puerto.
- Me vine a
buscar trabajo.
- Quedate con migo, aquí en mi apartamento te podes quedar
unos días, si querés. Y ¿Cómo está el abuelo?
- Murió. Lo enterramos el
sábado.
- La mirada del tío se quedó fija en el pasillo que da a la calle, con
la mano puesta con la llave en la puerta.
- No sabíamos como avisarles.
Queríamos ponerles un telegrama pero no teníamos la dirección.
- Pasá
adelante- dijo después de un rato con la mirada perdida.
Esa noche durmió en
un viejo petate que perteneció a su padre. Al día siguiente, después de
desayunar con su tío unos huevos revueltos, se fue a buscar trabajo, como lo
que sabía hacer era cultivar, pensó que tal vez de jardinero, después de
preguntar en casas grandes, en una dirección que le había dado su tío, terminó
cansado y con hambre. Regresó al apartamento. Al llegar su tío le recomendó
que buscara de ayudante de albañil, no hay muchas construcciones pero por la
zona sur de la ciudad están haciendo un edificio. Buscó al día siguiente
trabajo en construcción, pero tampoco encontró. Al tercer día siguió otra
indicación de su tío y fue a la terminal de oriente para trabajar acarreando
bultos, aquí por lo menos el primer día ganó para su almuerzo.
El señor
Humberto trabajaba vendiendo periódicos en el centro de la ciudad, a veces,
cuando lograba terminar rápido la venta, regresaba temprano., siempre
caminando desde el centro a su apartamento. En invierno algunas veces volvía
bajo la lluvia. Otras veces, sobre todo algunos sábados se quedaba en las
tardes para beber en unos bares del barrio La Vega.
Su tío se enfermó
gravemente antes de cumplir el año de vivir con él. Empezó con una tos
constante, primero creyeron que era una simple gripe, pero pasaron los días y
se fue sintiendo peor. Un día le dijo que ya apenas podía caminar por el
cansancio en el pecho y que le acompañara a la clínica. Ahí una doctora,
después de los análisis, le dijo que tenía tuberculosis, y que tenían que
remitirlo a Los Planes de Renderos. Ambos no podían creerlo cuando le dijeron
que estaría internado meses o más de una año y que sino podría morir y
contagiar a más gente.
A los seis meses de haber ingresado a su tío, el cayó
enfermo también de los pulmones. Fue a la clínica, pero le dijeron que lo que
tenía era asma, eso le consoló, pero ya no pudo trabajar en la terminal porque
soportaba cargar los pesos de los bulto. No pudo seguir pagando el apartamento
y quedó en la calle, después que el administrador del mesón no aceptara darle
más días, por más que le suplicó que le diera un tiempo mientras conseguía
otro trabajo menos pesado.
Fue a la terminal a ver si sus compañeros de
trabajo le prestaban algún dinero, pero todos le dijeron que no podían.
Deambulando sin rumbo se encontró por un callejón aledaño al bulevar del
Ejército, en un predio baldío estaba abandonada una destartalada combi. No
tenía nada por dentro, al parecer había sido incendiada no hacía mucho tiempo,
por ese tiempo la guerrilla empezaba a usar los coche bombas como una forma de
atacar a las fuerzas militares. Decidió habilitarla para usarla de dormitorio.
Fue a traer sus pocas cosas que había dejado depositada donde una familia del
mesón a quienes había vendido las cosas que ya no se podría llevar.
Habilitó
como pudo la combi y con el poco dinero que le quedaba compró un par de
tortillas y un huevo. Cerca de la combi habían unos piedras y unos pedazos de
ladrillos con los que arregló una improvisada hornilla y con un bote metálico,
de esos en los que vendían leche en polvo puso agua que ya había conseguido en
una casa algo cercana, puso hervir el agua con el huevo. Así cenó bajo las
estrellas su primera noche en la calle. Eran los días previos a la Semana
Santa, recordó que en esos días en su cantón, los vecinos se compartían el pan
y la comida.
Al día siguiente se fue a visitar a su tío a los Planes. No
hallaba como decirle que había perdido el apartamento, no pudo dar más rodeos.
Su tío le dijo que le habían dado el alta el día anterior, pero que él se
sentía todavía débil y no había encontrado como poder avisarle. Con la cara
agachada le contó que había enfermado y por eso ya no pudo seguir trabajando,
que le quitaron el apartamento…en silencio esperaba la respuesta de su tío,
pensando que estaría furioso y decepcionado.
- Así es la vida hijo. A veces
llueve sobre mojado. Los males no vienen solos, pero no te preocupés, ya
saldremos de esta -una pausa permitió acomodar los pensamientos de los dos-
¿Como estás haciendo para dormir?
- En un carro abandonado, ahí he acomodado
algunas cosas que quedaron, las otras las vendí porque no podía andarlas. Hay
espacio para los dos.
- Vamos pues, ya voy a recuperarme y vos también, ya
verás. ¿No estás tísico como yo?
- No, no. En la clínica me dijeron que lo que
yo tengo es asma.
- Parece lo mismo .
- Pero no, tío.
Al llegar con su tío a lo
que ahora sería el nuevo hogar, sintió una presión en los ojos que luchaban
por no evacuar el dolor en el líquido que lava las tristezas; pero como todo
hombre formado en las rudas exigencias del campo, donde el machismo obliga
esconder el dolor, no podía debilitarse frente al hermano de su padre. Mejor
pensó en encontrar una forma para ganar dinero y salir de esa situación, de la
que se sentía culpable. Por más que le daba vueltas en su cabeza, no venía a
su mente alguna salida. Tanto él como su tío estaban acostumbrados a ganarse
el pan de cada día, o dicho de mejor manera la tortilla de cada día, por eso
lo más impensable era tener que pedir limosna, pero esa fue la única salida
que se fue abriendo paso.
Pasaron los días y no se acostumbraba a su nueva
situación. Un sábado por la mañana caminaba los callejones del centro de la
ciudad, por un costado del Parque Libertad y ya no pudo más, se sentó en una
acera, Alguien pasó y le regaló 25 centavos. Ahí pensó, voy a ir a buscar a mi
papá. El se había ido a vivir al Puerto de Acajutla con su nueva esposa y
tenía más de 15 años de no verlo. Mientras meditaba el futuro encuentro con su
padre, descubrió que había reunido lo suficiente para pagar el pasaje y se fue
caminando a la estación a tomar tren a Sonsonate. Encontró la casa de su papá.
Al tocar abrió la puerta una señora de mediana edad, morena con un moño en la
cabeza. El se presentó y ella le invitó a entrar. Le sirvió un vaso de agua y
le dijo. Tu papá murió hace un mes, hubieras venido antes. Se fue a una
habitación y regresó con una bolsa de papel. Tu papá no dejó mucho, pero aquí
tienes aunque sea algo para te ayudará un poco. Eran 100 colones y para él en
ese momento era una fortuna.
Al regresar a la capital, fue a comprar un
billete de lotería para vender y le llevó otro a su tío. Empezaron a ganar
dinero y lograron alquilar un apartamento en el centro de la ciudad, en el
barrio La Vega, compraron un par de petates para dormir y una mesita de madera
y dos taburetes para sentarse a comer.
Ahora que de nuevo se ganaban la vida,
tenía una nueva sensación. La vida o Dios les estaba dando otra oportunidad,
pensaba Gabriel ese día en el que le había quedado un vigésimo sin vender y
estaba a punto de correrse la lotería, mientras Iba en busca del cliente del
último numerito. Entró al banco y preguntó por el nombre que le había dado el
portero de un edifico. Salió un joven señor elegante, con camisa manga larga y
corbata, el le explicó que su padre le había indicado que lo buscara porque le
podría comprar el número nueve que le había quedado del billete de lotería.
Solo ese tienes? Si solo ese me ha quedado. Dámelo pues le dijo, y se
desembolsó un cinco colones. Le dio el vuelto y le dijo buena suerte.
Regresó
rápido al apartamento, donde con un pequeño radio recién comprado, escuchó la
radio Nacional para escuchar cuales habían sido los números ganadores. Cuando
dijeron tercer premio, escuchó que terminaba en nueve.
- ¡Tío, el último
número que acabo de vender salió premiado! Era terminación pero del tercer
premio, creo que tiene algo.
- Tenés que ir mañana a darle la noticia y
venderle más Al día siguiente compró otro billete en la oficina de la Lotería
Nacional y pidió la lista de premiados y con ella lo primero que hizo fue ir a
visitar al cliente del banco.
- Ya ve que le di la suerte. -, le dijo mientras
el cliente le recibía con una amable sonrisa.
- Ya veo que me diste suerte.
-
Aquí le traigo, para que siga jugando, quien sabe si esta vez se saca el
premio mayor.
Le compró todos los números y le dio 150 colones de propina. Con
el dinero recibido, invirtió más en comprar mas billetes de lotería, cada vez
tenía mas clientes, pero a finales del año siguiente, no había logrado vender
y ese día se corría la lotería. No pudo salir a intentar venderlo, así que le
quedaron. Bueno, tal vez me saco algo dijo para si mismo, aunque sea
terminación para no perder tanto. Escuchaba la transmisión del sorteo
pendiente de sus números con la esperanza de alguna de que tuviera alguna
terminación. Cuando iban a anunciar el premio mayor, se dijo, viendo su
billete de lotería, que bueno sería que cayera en cero. Cuando empezaron a
anunciar número por número la cifra ganadora, se puso ansioso, y cada vez más
expectante cuando los números iban coincidiendo.
-Tíoooooo, - grító- Nos hemos
sacado el premio mayor.
La última vez que lo vi fue en Metapán, en la estación
del tren, no le reconocí, estaba cambiado, una enorme barba rubia le cubría el
la cara. Me contó su historia y me invitó a visitarlo. Había comprado una
hacienda en Santo Tomás. ¿No me reconocés? Me le quedé viendo fijamente . Ahhh
si...- Soy Gabriel.- Es que estás muy cambiado. - Yo siempre me acuerdo de la
vez que me salvaste la vida. Estábamos trabajando juntos, sembrando frijol en
una de las lomas cercanas al caserío. Empezó a ir hacer sus necesidades, cada
vez fue más constante, en una de esas no volvió, me preocupé y fui a buscarlo,
estaba acalambrado, no se podía levantar. Fui corriendo a una vega cercana,
ahí habían unos árboles de limón, por suerte tenían, corté varios y le hice un
jugo. Se lo tomó como pudo. A los 15 minutos le comenzó a venir la calma y
pudo levantarse. Me lo llevé despacio a la casa.
La vida de Gabriel fue muy
dura pero mirá como logró salir de su tristeza, por eso uno no debe rendirse
cuando está derrotado, uno nunca sabe como y cuando vendrá la oportunidad para
salir del hoyo. Así aprovechó mi padre para darme también uno de sus consejos
favoritos.
Las medallas de un luchador de la vida
En la entrada de una taberna cerca del hospital, estaba esperando noticias, cuando apareció un viejito delgado, caminaba tambaleándose porque iba medio borracho, se fue hacia dentro y dijo: con que aquí estas, hijo de tal por cual. Se levantó Silas que estaba tomando con unos amigos, él era un muchacho alto y corpulento, se fue a encontrarlo. "Esto se va poner bueno", me dijo un chero que estaba cerca, "ese señor es un gato para pelear". Silas le dio una trompada y lo botó al suelo. Se levantó y se le fue encima, pero volvió a caer de otra pescozada, se levantó, pero esta vez dio la vuelta y dijo no te vayas a arrepentir. No había pasado mucho tiempo cuando regresó, aquí vengo de nuevo dijo, a ver si ahora me pegás. Silas se levantó y se le fue encima, el viejito desenfundó un revolver y le disparó, la bala no lo detuvo y siguió; pero, aunque estaba a pocos pasos, ya no lo alcanzó, porque recibió toda la descarga de la pistola, se fue tambaleando y cayó a la par donde yo estaba a un lado de un poste donde me había protegido, hasta se defecó antes que se lo llevaran al hospital.
¿Que pasó con su amigo? Una sonrisa se esbozó en su rostro sereno. Ahhhh sí, a la hora de los disparos salió corriendo y no vio por donde, se tropezó con la gente que se había amontonado para ver la pelea, al final fui a verlo y ayudarle a levantarse, se había reventado la frente. Si no se hubiera movido, no le hubiera pasado nada.
¿Qué noticias estaba esperando ahí, papá? Le pregunté para que mi hijo de 10 años, que me acompañaba en la visita semanal al abuelo, escuchara la otra parte de la historia.
Estaba esperando que vos nacieras. A tu mamá, la habíamos ingresado al medio día, después que la partera no pudo lograr que vos nacieras. Se había hecho de noche y no había podido encontrar donde pasarla, había venido al pueblo temprano de la tarde y estaba esperando para que me dieran donde dormir en la casa del pueblo de unos familiares de mi padrino.
Esa noche en que Silas agonizaba, yo estaba luchando o más bien mi madre estaba luchando por traerme a este mundo y yo no quería salir, quizá porque intuía que la vida no era fácil y en el refugio materno estaba el paraíso. Pero después de 30 horas una nueva vida empezaba en el momento que otra llegaba a su fin. Por eso te quería tanto tu mamá, dice mi padre, porque le costaste tanto.
La muerte de Silas inició otra de las cadenas de venganza propias en ese entonces de la gente de Montenegro. Pero eso da para una historia larga y mi padre está ahora interesado en contarnos otras anécdotas de su azarosa vida.
Muchos recuerdan sus días pasados como buenos tiempos, atesorando momentos en un baúl de recuerdos en los que refugiarse cuando la vejez les cobra su ticket en este viaje sin retorno. Mi padre ve su pasado como un libro escrito con sangre, sudor y lágrimas en cuyas páginas se encuentran sus historias de tristeza y sufrimiento, pero las atesora porque son para él las medallas de un luchador que ha vencido a la muerte y la miseria muchas veces en el ring de la vida.
Sentados a la mesa tómanos el café de la tarde con un pedazo de torta de guineo volteado de la que tanto nos gusta a los dos, volvemos a repasar sus historias y siempre las cuenta con la emoción de la primera vez, como cuando en la infancia a la luz de un candil nos entretenía la noche, sustituyendo el televisor que no teníamos, con sus dramáticas historias, algunas cómicas y otras fantásticas, llenas de eso que mucho después encontraría en los escritores del realismo mágico. Ahora conversamos más a menudo, después que mi mamá murió, eso le ayuda a espantar la soledad en el vacío que le dejó su compañera de aventuras y desventuras de más de 50 años.
Bebe el café con satisfacción y lo veo resignado, pero no rendido, y a mi mente viene una escena de mi infancia. En cuclillas, apoyado sobre el machete miraba la extensión de tierra que acabábamos de limpiar de las malas hierbas, con que pasión contemplaba el pedazo de tierra cultivado con frijol a orillas de la línea férrea. Nos va a dar una bonita cosecha dijo con aquel acento que expresaba satisfacción y alegría; los dos extenuados y bañados en sudor, habíamos logrado terminar la tarea antes que se pusiera el sol, pero en cambio yo no podía encontrar esa alegría y lo único que quería era regresar cuanto antes a casa y poder descansar sobre todo de esa incómoda picazón. Desde entonces a mis pocos años decidí que lo que quería hacer era poder ver mi obra como la veía mi papá, pero no tenía que ver con la tierra, sino con los libros.
Hasta hace poco, a sus casi noventa años, todavía cultivaba, o cortaba leña de árboles caídos, subiéndose a algunos para botarle las ramas secas, deshierbando, para que las plantas puedan crecer. Pero la pérdida de su vista le ha limitado algo que parecía que nunca dejaría: trabajar. Ese gusto, que traspasa la mera necesidad a convertirse en una pasión, más que por el trabajo en sí, es por la agricultura, quizá porque eso lo conecta más directamente con la vida, con ese misterio que se renueva en cada semilla germinada y en cada fruto cosechado. Ahora que ya no puede saborear el gusto por cultivar, le queda el disfrute del café con pan con una plática en la que desfilan sus historias que le enorgullecen porque son testimonios de sus muchas victorias.
Una historia de horario estelar
Aunque estaba entrando tarde a la reunión y yo llevaba la presentación del
plan de comunicaciones, que se revisaría ahí, eso esta vez no me amedrentaba.
Saludé a todos en la mesa. Puse la laptop y el proyector, conecté el equipo,
lo encendí, pero la imagen no aparecía proyectada. A esas alturas los nervios
comenzaban a flaquear, normalmente estaría al punto del desequilibrio, pero
este día no había nada que no pudiera controlar y mantuve la seguridad en el
rostro, una leve sonrisa y concentrado al mil por cien en la búsqueda de la
falla técnica.
- Los equipos se proponen cuando uno está apurado, como si se
propusieran hacernos quedar mal, dije. Vi hacia los que participaban de la
reunión y vi tranquilidad, pero también una sonrisa de una linda chica que me
veía fijamente. Sobre todo lo segundo repuso mi tranquilidad.
Reinicié el equipo y len-ta-men-te volvía a encenderse.
- Bueno mientras está lista la presentación, quiero agradecerles su presencia
y compartirles que tal como dice en la convocatoria, el objetivo de hoy es
validar el plan de comunicación que será común para las empresas miembros de
la gremial.
Yo estaba contratado para asesorar a una asociación de empresas y ese día se
había convocado a los altos ejecutivos para presentarles el plan de
comunicaciones y manejo de crisis, solicitado por la presidencia. Este año
había asumido una nueva junta directiva y y el gerente les había propuesto
trabajar en plan para mejorar la imagen de la industria y lograr una mayor
proyección del sector.
La computadora y el proyector al fin se pusieron de acuerdo y pude desarrollar
la presentación correctamente y terminar con un espacio de preguntas y
respuestas donde evacué con éxito las inquietudes hasta de los más
críticos.
Al terminar la reunión quedaron las pláticas de pasillos. Estaba conversando
con los ejecutivos de dos empresas, cuando la chica de la sonrisa se acercó,
saludó con otra sonrisa, y con toda autoridad me sacó de la
conversación.
- Disculpen, se los puedo quitar unos minutos.
- Si claro, respondieron con miradas de complicidad y de envidia.
Nos apartamos a platicar. No daba crédito a lo que estaba pasando. Realmente
ella era hermosa, elegante y para colmo con una dulzura angelical.
- Hola, soy Linda Yánez, estoy a cargo de las comunicaciones de la
empresa tal B&V.
- Mucho gusto, encantado de conocerla.
- Me gustó mucho su presentación.
- Gracias
- Quiero que me comparta la power point.
- Si claro.
- Y si puede, me de mas información sobre el tema. Aquí tiene mi número
de teléfono y correo electrónico, - dijo dándome una tarjeta de presentación,
inmediatamente se despidió con un beso.
Regresé con el grupo de ejecutivos que recibieron con sonrisas burlonas, y
alguien dijo que me recogiera la baba.
- ¿Ya la conocías?
- No. - Pero ¿sabes quien es?
- No. Me dijo que es una periodista que les trabaja las relaciones
públicas a la empresa B&V.
- !No la has visto en televisión!!!? Dijeron dos o tres al unísono con
una exaltada entonación
- No, dije, mientras pensaba: de que diablos me había perdido
- Esa chava es la presentadora del noticiero del canal 24 (era el
noticiero amarillista que tenía mucho éxito)
- En serio…!!!
- Si, que no ves noticias vos?
- No veo ese noticiero.
- Como puede ser que un comunicador no vea noticias.
No quise contra argumentar porque no ganaría la discusión. Seguro también para
ellos, ese era el mejor noticiero, como para las masas, fieles a su
transmisión diaria, que creen a ojos cerrados en sus historias, aunque los
abren tanto ante las imágenes de escándalo que les presentan en cada
emisión.
Esa noche me aguanté todo el noticiero, maravillado con tanta ficción, desde
el chupacabras, el gatonejo. Si que guapa es esa chica y por lo menos, me
dije, ella me hace tragarme esas noticias con un sabor agridulce. La tragedia
vende y nuestro país está lleno de ella. La televisión se aprovecha de esto. Y
tenemos una tragicomedia diaria que entretiene a las masas mientras no les
llega el turno de su dolor, porque cuando no hay chupacabras hay tragedias y
eso abunda en la dura cotidianidad del país.
El lunes a primera de la siguiente semana, le envié al correo la presentación
y la información extra solicitada y con la excusa de que si le había llegado
mi correo le hablé, antes que lo viera, pero no estaba en la oficina, me
dijeron que le darían mi recado. Que tonto, porqué no le pedí el número de
celular.
Estaba almorzando, cuando recibí una llamada de un número desconocido.
- Hola, Soy Linda.
- Hola Linda, como está.
- Me dijeron en la oficina que me había llamado
- Si, es que le envié la información a su correo. Solo para verificar
que le había llegado.
- Ahhh gracias, si. No me ha quedado tiempo de leerlo.
- Ahh bueno, revise y si necesita algo más me avisa.
- Mire y cuando tenga otro evento me invita.
- Si claro, con gusto.
- Bueno, ahí le queda mi número.
- Ya lo voy agregar a mis contactos. Un gusto saludarle.
- Hasta luego.
En esos días mi empresa había sido contratada para producir un documental para
una ONG que apoyaba comunidades campesinas. Trabajé el guion, grabamos
entrevistas y las imágenes del trabajo de las organizaciones comunitarias en
unas zonas de Chalatenango. Ya tenía todo para editar pero no tenía la voz en
off. Necesitaba la voz de algún locutor y tenía poco presupuesto.
Había pasado un mes desde que la había conocido, cuando me llamó para que les
acompañáramos a una reunión con los ejecutivos de su empresa. Fue una reunión
corta, pero pude aportarle a sus propósitos. Pero empecé a intuir que también
tenía otros propósitos. ¿Estaba soñando?
- Gracias por venir, le agradezco, estoy en deuda. Me acompañó a la
salida.
- No se olvide a invitarme cuando tengan otro evento.
Llegué a la oficina, con una idea dándome vueltas a la cabeza: invitarla a
salir. Pero ahora tenía que concentrarme en los problemas terrenales, el nuevo
presidente de la gremial era alguien inseguro y quería ganar protagonismo a
costa de la salud mental de los demás. Sin saber de los temas, en lugar de
escuchar imponía su criterio y su idea del éxito de la gestión empresarial era
poner controles en los horarios de trabajo y sobre las actividades, en lugar
de evaluarnos por los resultados; de esta manera había que estar informando
las reuniones, a que lugares de había ido, bueno primero informado en los
planes semanales luego informes semanales. Eso era un quitadero de cabeza solo
para que el maistro vea que se trabajaba. Le era tan difícil entender que le
daba un servicio como empresa y que tenía otros clientes. Como que el mundo
moderno no entraba en su cabeza y se había quedado en la escuela militar donde
estudió, pero no terminó su carrera militar.
Esa noche le llamé por teléfono a la chica del noticiero.
- Hola Linda, que tal, como está
- Aquí solita, no quiere hacerme compañía.
- No me salía la voz…después de carraspear, logré decir: no sabe cuanto
me gustaría pero estoy en Santa Ana (ella vivía en la capital) y saliera ya
para allá, pero a esta hora…(en ese entonces no tenía carro)
- Si, si lo sé
- Pero hablemos, así también me hace compañía. Hablamos de nuestro
pueblo natal, de sus tradiciones, de la comida que nos gusta, de la profesión,
del deporte, de nuestros equipos de fútbol favoritos, porque claro el suyo era
el del pueblo; en cambio yo había adoptado el de la ciudad donde vivo desde
los 5 años.
Esa noche me fui a la cama soñando despierto y ella probablemente logró
conciliar el sueño después de nuestra larga conversación, que aumentó el monto
de mi factura de teléfono de ese mes.
Al día siguiente fuimos almorzar de nuevo, esta vez iba decidido a declararle
mi amor. Quedamos de vernos en un pequeño restaurante al sur de la ciudad,
ubicado cerca de mi oficina. Llegué primero. Miraba el menú mientras imaginaba
una y otra vez como le diría y como ella reaccionaría, luego evaluaba de
decirle directamente o sondear con insinuaciones, para no cortar la ilusión
tan pronto por si me daba una respuesta negativa. Estaba viendo el menú por
décima vez, cuando levanté la mirada en dirección de la puerta, ella apareció,
me vio inmediatamente y se dibujó su sonrisa encantadora. Venía alguien más
con ella.
- Hola, ella es mi compañera Alina.
- Mucho gusto. Siéntense.
Mientras esperábamos que nos tomaran la orden, por lo bajo ella tocaba
mi pierna derecha con su pierna izquierda y me sonreía. Yo estaba muy nervioso
y hacía un gran esfuerzo por disimularlo. Como la cita no había funcionado
como la había planeado, ya que me había hecho trampa al traer compañía, se me
ocurrió generar otra oportunidad y le propuse que trabajáramos juntos, mejor
dicho que me trabajara, que me grabara la voz en off para el documental. Le
pareció muy buena la idea. Tengo poco presupuesto y no puedo pagarle lo que
vale…Cuánto tiene para mi, dijo. Le dije el monto, temiendo que rechazara mi
oferta. Está bien me dijo, trabajemos. Donde grabaríamos? Le comenté que un
amigo tiene un estudio de grabación y me lo prestaría. Puedo el viernes en la
noche. No tengo ese día noticiero, solo voy a presentar al medio día. De
acuerdo, voy a coordinar para ese día. Donde nos encontramos. Si gusta paso
por usted, me espera a la salida de su oficina. Perfecto. En ese momento se
acercó el mesero. Ya están listos para ordenar, preguntó. Ordené una pechuga a
la cordon blue y ella una ensalada de cuyo nombre no me acuerdo ni de lo que
pidió su amiga.
- Para mantener la figura
- Estoy muy gorda. - El queee…
- Va a creer que ella cree que está muy gorda-dijo su amiga que si estba
pasadita de libras y comía sin remordimiento.
No quería hablar de su trabajo en la televisión, pero me preguntó sobre un
amigo en común que trabajaba para la cadena. - Si es muy inteligente…lástima
que le toca estar haciendo el trabajo para tontos. Sin querer se me salió, y
cuando me había dado cuenta ya había salido de mi boca la expresión, vi
rápidamente su cara en espera de su reacción.
- Jajajaja, si es muy inteligente y muy pesado. No todos en la
televisión somos tontos.
- Lo se, no quise decir eso. Vi la oportunidad de enmendar mi metedura
de pata.
- Simplemente me parece que podrían dar mejor información a sus
televidentes.
- ¿No le gusta el noticiero en que trabajo?.
- No se, disculpe, pero no veo ese noticiero,
- No le creo, ¿no lo ha visto ni una vez?
- Si, si ya lo he visto, pero me parece muy fuerte para mi gusto
personal.
- Le lastima su sensibilidad dijo con risa sarcástica.
- Es que me parece que eso no tiene que ver con informarse sino con el
morbo de la tragedia ajena, disculpe no es nada personal.
Ella me sonrió de esa forma encantadora que expresaban un gran control de si
mismo y una simpatía por mi o condescendencia a mi alegato. Pensé que había
perdido la oportunidad de una segunda cita, pero al despedirse me dijo casi al
oído: nos vemos el viernes.
El viernes de manera más que puntual, le esperaba en la 49, antes del centro
comercial, vi que abajo del paso a desnivel todavía estaban unos vendedores de
flores. Qué oportuno, fui y compré un ramo de rosas, justo a tiempo, a los
pocos minutos paró un carro sedán rojo, bajó las ventanas y dijo hola, ¿nos
vamos?. Al subir, vio las rosas y me dijo ¿son para mi? Se las di, se las
acercó a la cara. Que lindas, gracias y las puso en el asiento de atrás.
Llegamos al estudio de grabación que estaba por el Hospital de Niños. Ahí
estaba mi amigo esperándonos. Linda bajó con sus rosas. El me las regaló le
dijo, orgullosa. Los presenté y pasamos rápidamente al estudio. Mientras mi
amigo ecualizaba en los controles, ella me tocó el estómago y me dijo tienes
pancita. Y subió su blusa y me enseño su estómago plano. Al terminar la
grabación me pasó dejando a la oficina. Eran las 9 de la noche y cuando paró
el carro, las ideas en mi cabeza no se alcanzaron a articular en mi boca, nos
despedimos y al bajar del carro la vi partir con la decepción de no haberla
invitado a pasar.
Una semana después, en un restaurante de la zona sur, nos sentamos a almorzar
comida italiana. No hubo tiempo de la tertulia del postre porque tenía que dar
las noticias del medio día. Pero logré acordar que me ayudara con su voz para
el otro documental y también invitarla para la fiesta que la gremial haría
para los periodistas en su día.
La pequeña recepción a los periodistas que cubrían nuestras actividades se
hizo junto a la piscina de uno de los más grandes hoteles dela ciudad. Fue
algo más íntimo con un grupo de unos 7 periodistas, el gerente y dos
directivos de la gremial. Ya habíamos empezado a platicar sentados a la mesa
cuando va apareciendo semejante dama con un elegante vestido de noche, con
peinado de salón y un maquillaje impecable que resaltaba aún mas su belleza.
Sus grandes ojos chispeaban alegría. Salí a su encuentro y me saludó
efusivamente cariñosa, haciéndome sentir importante.
- Solo por usted vine.
-Me hace feliz, gracias por venir a rescatar la velada.
Entró como reina y después de saludar a todos se sentó a la par mía. Esa noche
era mi gran noche, pero duró poco. Después de cenar y cuando al calor de los
tragos la conversación se volvía más a mena, ella vio su teléfono y dijo. -Me
tengo que ir. Gracias por invitarme. El gerente me dijo al oído andá dejala.
La fui a dejar al parqueo y cuando estaba a punto de decirle que me llevara a
su casa, porque ya me había advertido que vivía sola con su hermana, pero que
ella no estaba esta noche, recibió una llamada de su novio de Estados Unidos.
Contestó nerviosa. Si ya voy para la casa. Al colgar me dijo, gracias de nuevo
y me despidió con un cariñoso beso en la mejía que me dejó atontado y no le
propuse que me robara de la fiesta.
La segunda grabación la tuvimos que hacer con mi laptop en la sala de
reuniones de la oficina de la gremial. Llegó con una falda pantalón blanca y
una blusa color lila que mostraba buena parte de sus hermosos pechos.
Empezamos la grabación con la computadora en la mesa de reuniones, sentados
juntitos. Le hacía observaciones a la entonación y ella me preguntaba por unas
partes del guion, le dio una lectura y luego hizo una práctica. Me dijo, estoy
lista. Empecé a grabar , lo repetimos unas tres veces. Al terminar, ella giró,
nos miramos de cerca, con su mano tocó mi pierna y dijo, espero que le guste.
Si claro y me acerqué más, ella se quedó mirándome, me acerqué un poco más y…
ella quitó suma no de mi pierna y cambió su expresión. Regáleme agua dijo. Me
fui al bar y tomé un baso, no quiere algo más por ejemplo ¿un vaso de whisky?
No, me dijo y se acercó al bar cuando le estaba sirviendo el agua que había
sacado de la pequeña refrigeradora, se acercó más, rozándome el cuerpo y
tomando el vaso con el agua, lo bebió a la mitad y me lo dio, se subió a barra
del bar y se acostó modelándome, yo la veía directamente y la veía en el gran
espejo, me acerqué, me tendió su mano, la tomé y me acerqué mas, me puso su
mano en sus pechos, me incliné a besarla y le fui desabotonando su blusa, una
parte de sus turgentes pechos quedaron al descubierto, con la otro mano se
quito el sujetador, le recorrí a besos todo su pecho y cuando llegué a sus
pezones, dio un extasiado gemido. Yo fui bajando recorriendo abdomen, el que
me había lucido en la anterior sesión de grabación. Cuando llegué a su dorso,
se incorporó bruscamente y dijo: No, puede venir alguien.
- No, no.
- Y si abren, ¿alguien más tiene llave?,
- Tengo asegurado con doble llave. Vio su reloj y dijo: Me tengo que ir.
- Por queee dije en tono de súplica.
- Es que mi hermana me está esperando. Se levantó, colocándose y
ordenando su blusa. Me invadió una angustia por detenerla, pero ya estaba
perdida la partida. Por más que me resistiera, por mas que quisiera retomar y
avanzar, esta vez hasta ahí tenía que llegar.
Ese fin de semana su equipo ganó la final de fútbol. Le llamé y no
contestó, así que le puse un mensaje de texto: Felicidades campeona. Puse la
radio, oí algunos comentarios sobre el partido y luego puse música, salía una
canción de los 80. Las notas de su riff me aceleraron el rimo de mi pulso
cardiaco.
El lunes a primera hora le llamé de nuevo, no me contestó. Mas tarde le llamé
a su oficina y me dijeron que no estaba, pedí que me pasaran con Alina, le
pregunté por Linda. ¿No sabe que se fue para Estados Unidos? Podría ser un
viaje de paseo, pero ya sabía que de había ido para siempre. Ya no recuerdo
que más dije, solo que colgué.
Ese día fue tortuoso, no encontraba la manera de que terminara para llegar a
mi casa. Cuando al fin llegué, puse la radio y me tiré en la cama. En la radio
adulto contemporáneo sonaba Baby, I Love You de Ramones, para rematar, pues su
melodía era mejor que la cebolla para hacerme llorar, con la siguiente canción
I wish it would rain down de Phil Collins, la lluvia de mis ojos empezó
y caí en la cuenta que nunca más la tendría en mis brazos de nuevo y ya nunca
me interesaría por los noticieros de horario estelar.
El Guitarrista
In memoriam de El Tigre.
La guitarra está colgada en la pared, olvidada desde hace un tiempo. Ahora
decido bajarla y ponerme a tocar, después de que mi padre me dio la noticia de
que el Tigre, como le decíamos, murió la semana pasada de un infarto
fulminante. Es un homenaje inconsciente a este compañero de sueños musicales,
que caminaba como un rockstar, usaba el cabello largo hasta los hombros, una
mirada intensa , un rostro anguloso, una pinta a lo Jim Morrison.
No es para menos, el fue el compañero y maestro de algunas de las primeras
canciones que aprendí a tocar. Tenía una magistral habilidad para puntear y
tocar al oído. Estudiamos juntos en el Centro Nacional de Artes, él era más
avanzado en la guitarra y yo en la teoría; nos reuníamos bajo los árboles de
la finca donde yo vivía para estudiar la música y sobre todo a practicar
reconocidas canciones que nos gustaban a los dos, desde el rock, los boleros
a la música ranchera.
Las primeras notas que empiezan a ejecutar mis dedos son los del intro de
la canción La Bamba, era lo primero que me aprendí y lo único que podía
mostrar en nuestras sesiones de ensayo, después toco la intro de Música
ligera de Soda Estéreo, una de las que nos gustaba practicar.
Recibíamos clases todos los días de 5 a 6 de la tarde y salíamos apurados a
tomar el bus en la terminal, porque el último bus salía las 7 de la noche de
la capital. La clase de armonía nos ilusionaba, soñábamos con obtener las
herramientas teóricas para ser compositores. La clase nos la daba un
profesor cubano que había estudiado en Rusia.
Estábamos en nuestros gloriosos 20´s buscando nuestros sueños en las
cuerdas de una guitarra y cuando conquistábamos, sobre todo yo, una frase
musical o un rif de alguna famosa canción, nos sentíamos recibiendo nuestras
primeras medallas y a él se alegraba al comprender algo de armonía, de
porqué la secuencia de acordes que al oído había detectado, sonaba tan bien.
Sin duda su talento y su vida estaba volcada a la guitarra, lo arriesgaba
todo, lo arriesgó todo en ella y ella le dio de vivir en los próximos
años.
En ese tiempo yo trabajaba y estudiaba y el tiempo de sobra le dedicaba a
la música, él practicaba la guitarra, estudiaba música y el tiempo extra lo
dedicaba al vacile. Pero ¿qué hacía para vivir? Se había acompañado con una
señora mucho mayor que él y vivía en su casa.
Éramos dos chicos que veníamos del campo y los dos con grandes sueños. El
ya había aprendido la guitarra de forma autodidacta. Yo había estudiado
música y guitarra en la escuela municipal de música donde aprendí los
acordes y cuando por fin llegué a la parte en que el profesor me enseñara
canciones, fue con la canción Por fin y entonces entendí el chiste de los
antiguos. Era un bolero y los chicos queríamos rock. El profesor de guitarra
era un integrante de un Trío que tocaba en el Mayerlin, el restaurante ya no
existía, pero había quedado la costumbre a los tríos de concentrarse en esa
esquina a la espera de clientes.
Desde los siete años soñaba con ser músico, después que escuchara a los
Beatles en la radio. A mis 16 años logré comprar una guitarra, con el dinero
que había ahorrado trabajando de ayudante en un beneficio de café donde los
peones me daban unas monedas por ayudarles.
La cabeza inquieta no puede aceptar que el tiempo pase sin producir, sin
nutrirse de la inspiración y volar por encima de los pequeños cerros. Debe
salir de los cercos cotidianos para alcanzar los sueños. El mundo por
delante y yo gateando, quería tomar carrera y apenas empezaba a enderezarme.
Buscando el tesoro bajo tierra, escarbando con las uñas. Con la ansiedad de
llegar tan lejos, me apunté en la escuela municipal de música, agregando dos
horas a mi ya cargado horario: De 7 de la mañana al medio día tenía clases
en el Instituto, de 1:00 a 5:00 PM trabajaba en una fábrica ayudando al
departamento de contabilidad (esto era un apoyo que el patrón de mi papá me
daba para poder continuar con mis estudios), ahora tendría de 5 a 7 pm
clases de música y luego de 7:30 a 8:30 pm tenía clases de
mecanografía.
Sobre las viejas tablas de la segunda planta del Palacio Municipal
funcionaba la escuela de música. En los salones del poniente se llenaban las
tardes de notas musicales. Hasta ahí llegaba todos los días de lunes a
viernes como a las 5 y media porque a las 5 salía de trabajar, había un
piano viejo, instrumentos de viento (clarinetes, trompetas, saxofones,
flautas transversales, fagot). Había violines, chelo, contrabajo, En otra
sección funcionaba la clase de guitarra. En invierno y verano, todos los
días caminaba unas 15 cuadras a las clases, a veces bajo la
lluvia.
Desde entonces conocía al Tigre que vivía por los cerros del norponiente y
caminaba por la línea férrea a la ciudad, mientras yo caminaba en sentido
contrario pastando las vacas de mi papá. Un día empezamos a hablar y
empezamos a hablar de música y más que nada de la guitarra. Más adelante por
distintas vías conocimos del Centro Nacional de Artes. Así fue como hicimos
todo lo posible por estudiar ahí.
Ya por ese entonces ya habíamos empezado los ensayos, el tigre aprovechaba
y se fumaba un puro de marihuana al orilla del pozo en medio de la finca.
Nunca me animé a probarlos, no tanto por el miedo a mi papá, sino por el
miedo a que no podría controlarlo. Un día invitamos a otro compañero que era
cantante de ópera y este llevó un poco de polvo blanco que colocó en la
pared del pozo ahí conocí la cocaína. Mi preocupación era que mi padre les
descubriera y ya no les dejara estudiar conmigo.
Fue una temporada corta, pocos años en que coincidieron nuestros sueños
musicales. Nuestras vidas se separaron, él se dedicó por completo a la
música y, hasta donde supe, tocaba con su grupo con un grupo en bares y
restaurantes a orillas del lago Coatepepue. Yo me dediqué a la carrera de
periodismo después de salir de la universidad y fracasé en mis únicas
presentaciones en público que no pasaban de 10 personas.
Mis fallidas apariciones en público:
El pánico escénico frustró mis oportunidades de lanzarme al estrellato
(tómese nota de la ironía). No se si para todos, pero para mí tocar para un
público es difícil, aunque esos 5 o 10 personas. En tres ocasiones épicas,
deseé haber practicado más la guitarra junto a mi amigo…
Una vez en la cena en casa de una pareja de profesores alemanes, nos
quedamos sentados en la plática de sobremesa, y no se como apareció una
guitarra y siempre hay alguien que dice: él puede tocar. Y te acordás que a
ese alguien le dijiste alguna vez que te gusta la guitarra y que podés unos
cuantos acordes, pero en ese momento como explicás lo que les has dicho y
decepcionar al público que te ve con gran expectativa. Tomando la guitarra,
todavía intentás a decir no es cierto, no puedo; mientras tanto seguís
acomodando la guitarra y lo mas que alcanzas a decir es: sólo puedo un
poquito. Alguien dice, aunque sea una parte de una canción que te podás, y
si se algunas partes de un par de canciones, pero solo las he tocado para mi
y luego está la cantada, ¿Cómo me saldrá la voz? ¿Cómo domino los nervios?
Tenía que tocar una muy conocida, porque el público lo que quería era cantar
o aullar algo con el acompañamiento de la guitarra. Los dedos no atinan a
dar las notas exactas, pero ahí van saliendo mal que bien los acordes. Se
fueron levantando de uno en uno o de dos en dos a conversar en otras partes
de la casa. Solo se quedó a escuchar uno de una generación anterior, que
tenía un gran sentido del humor y quizá por eso soportaba mis torpes notas
que, sin embargo, sonaban de tal manera que aún se reconocía la canción. Al
ver que todos se habían ido, le dije al amigo, como desahogo y como
agradecimiento a su lealtad, pero con toda la ironía posible: No apoyan al
artista nacional. El se moría de la risa y esa frase se hizo histórica,
patentada para ser citada en cada encuentro que tuvimos en el
futuro.
Ya me había sucedido algo similar en la despedida de una cooperante
holandesa, cuando estaba terminando de estudiar secundaria o empezando la
universidad porque ahora que recuerdo mejor, la conocí al producirles un
documental para los grupos de mujeres campesinas para las cuales había
venido a apoyar. Esta vez las fuerzas que surgieron de la flaqueza fueron
por el deseo de impresionar a la extranjera que estábamos despidiendo y
talvez la impresioné con mi valor de exponerme al ridículo, porque unos
meses después recibí una sobre desde Holanda o Países Bajos, ya no me
acuerdo como venía el sello postal, en el que venía una carta y unas fotos
en las que estaba tocando o haciendo el mate frente a sus amigos que esa
memorable noche le despedían con comida típica.
Y para variar en otra cena memorable, durante un viaje de intercambio
cultural financiado por la embajada de Estados Unidos en el país, en la
ciudad de Jackson, Mississipi, a orillas de ese famoso río, compartiendo con
unos anfitriones, alguien les dijo al organizador de la cena y organizador
de un festival de jazz de la ciudad al que habíamos asistido esa tarde, que
yo tocaba la guitarra. En una esquina estaba la guitarra, una alucinante
Gibson. Hey Robert, your friends toldme you can play the guitar. Play a song
please. No entendía muy bien, pero rápido me di cuenta que querían que
tocara algo. Me temblaron los dedos y está vez no podía decirles que
apoyaran al artista nacional. Me lamentaba no haber continuando con los
ensayos con mi amigo El Tigre.
Había desistido de mis sueños musicales cuando en otro viaje, 10 años
después, en una esquina de la Bourbon Street en Nueva Orleans, viendo en la calle a un
muchacho tocar magistralmente la guitarra, recordé
mi vieja guitarra que había dejado en mi país y mis sueños de infancia.
Despertó en ese momento un poderoso deseo de retomarlos, de continuar con la
música. Estaba trabajando de mesero en un hotel en Canal Street, la Canales,
como le dicen los latinos, y con el primer pago compré por internet una
Fender electro acústica, con la cual seguí mi aprendizaje autodidacta de la
guitarra.
A lo mejor algún día pueda reivindicarme con mi guitarra, pero por ahora
disfruto de nuevo intentando tocar las canciones que más me gustan, o por lo
menos algunos riffs como el de How wish you were here, de Pink Floyd, canción
que dedicaron a Sy Barret, el primer lider y guitarrista de la banda, la
cual dejó 3 años después de su fundación por los problemas derivados del
consumo de drogas.
Cuando la nostalgia viene en las notas de una guitarra ochentera, me
recuerdan lugares, momentos y sueños infantiles y juveniles. Es como la
banda sonora de las escenas de mi propia película. Es como oír la voz del
destino al oído después de haber hecho sonreír mi suerte en uno de esos días
pesados.
El Tigre murió de un infarto después de días de estar escondido, porque le
acusaban de haber participado en un asesinato. Su hermano menor había sido
asesinado unos años antes por miembros de pandillas y hoy supe que de ahí
también dependió su muerte.
Mis dedos se deslizan ágilmente recorriendo el diapasón y me gusta como
suena; es extraño, había dejado de practicarla porque no me salía, ahora las
notas fluyen al contacto de las cuerdas con mis dedos. Fue uno de los riff
que intentó enseñarme.










